domingo, 30 de octubre de 2016

LAS LAGUNAS DE RUIDERA, OTRO SORPRENDENTE PARAÍSO CERCANO

Cascada en Laguna Santos Morcillo
Resulta paradójico que yo, que suelo ser un consumidor empedernido de Internet, sin embargo, cuando voy a visitar algún sitio nuevo no suelo investigar demasiado al respecto, es como si no quisiera contaminarme de información y acceder al lugar casi como una aventura virginal.

El gran viaje natural de mi familia en nuestro período vacacional ha sido este año a las Lagunas de Ruidera y estando las primeras horas allí me cuestioné que apenas sabía cuatro cosillas básicas de este paraje.

Para ser sincero no era la primera vez que yo visitaba las Lagunas de Ruidera, de hecho, de pequeño estuve allí, tal vez con 4 años, en lo que fuera probablemente mi primer recuerdo desde que tengo uso de razón. Me hubiera gustado poner alguna foto, que existe de aquel recuerdo primigenio, pero no la hallé en casa de mis padres, porque las hemos toqueteado mucho incluidos los más pequeños de la casa y se deben haber traspapelado, aparecerán cuando no las busque. En todo caso, mis recuerdos no llegan más allá de lo que aquellas fotos mostraban, agua, monte y un chaveílla como yo que hacía un saludo militar en cada instantánea (no logro imaginar que me movía a hacer eso, toda vez que durante toda mi vida, incluso de niño, he sido poco militarista y escasamente dado a tener pasión por la marcialidad).

Y es que el hecho de que yo visitara con mi familia aquel enclave, me suena que en la primavera de 1972 (o sea, no era verano porque no me bañé, eso sí lo tengo claro), implicaba que ya en aquella época existía una especie de atracción hacia un espacio natural que no estaba demasiado lejos para los habitantes de la provincia de Jaén. De hecho, mi mujer también recuerda haber visitado las Lagunas de pequeña y mucha gente de mi generación ha visitado de pequeño este lugar.

Laguna del Rey
La razón de esa atracción, aparte de la singularidad del lugar, también es logística, y es que está muy cerca de la Nacional IV, apenas a 45 minutos, y al menos para la gente de la zona norte de la provincia de Jaén (Linares, Bailén, La Carolina, Andújar), en apenas dos horas, antes, considerando las carreteras de hace cuarenta años, y en menos de noventa minutos ahora, está como se suele decir, a un paso.

Por supuesto, las Lagunas de Ruidera tienen mucho más que una simple cuestión de facilidad logística y es que, como luego estuve leyendo allí, resulta muy curioso que en medio de una comarca donde predomina el clima mediterráneo continental y no exenta de los avatares de las sequías, en un entorno típico de monte bajo y de meseta, donde predominan las llanuras; casi sin esperarlo, antes de que te des cuenta, aterrizas en una sucesión de pequeñas depresiones escalonadas que reciben flujos de agua durante todo el año y que se suceden a lo largo de unos veinte kilómetros, para presentarnos cerca de una quincena de lagunas.

No es exacto decir que lo de los flujos permanentes, pues aunque no había ninguna laguna seca ciertamente, en el momento en que estuvimos, a principios de septiembre y, por tanto, al final de un verano sin aporte de lluvia y una primavera que en este año no ha sido especialmente copiosa en el aspecto pluviométrico, pues algunas estaban bastante bajas y, es más que probable que en ciertas temporadas se hayan secado del todo, sobre todo las más pequeñas.

Cascadas Laguna Redondilla a Laguna Lengua, con agua
Probablemente mis padres acertaran en aquella primavera de 1972, porque puestos a ver todas las lagunas en su máximo esplendor y con el tiempo acompañando, desde luego esa es la mejor estación. Y sobre todo porque se aprecian con mayor detalle las simbiosis que hay entre unas y otras. A mí particularmente me hubiera gustado ver el espectacular conjunto de cascadas que se forman desde Laguna Redondilla a Laguna Lengua.

Curiosamente estuvimos en un cámping al lado de la Redondilla (Los Batanes), una de las lagunas más pequeñas de este espacio y tenía un aspecto un algo triste, porque tendría poco menos del 5 % de su capacidad. Así que me he conformado con ver imágenes en Internet del aspecto de las cascadas en un momento de grandes precipitaciones.

Dicho esto, lo del cámping sigue siendo una afición reciente que renuevo cada año con mi familia, tiene sus pros y sus contras, aunque intentamos minimizar esto último. Así, valoramos en esos días no estar con las comodidades de una casa, el hecho de «sobrevivir» con recursos escasos, el estar las veinticuatro horas en la naturaleza con todos sus beneficios y sus peros...

Cascadas Laguna Redondilla a Laguna Lengua, sin agua
Las Lagunas de Ruidera se convierten en un oasis para el visitante que encuentra un montón de atractivos en cada una de ellas, las cuales, y eso es muy peculiar, tienen cada una de ellas su particular fisonomía, no hay una igual a otra, ni parecida. Más grandes, más pequeñas, con paisajes distintos, más o menos accesibles, con diferente vegetación, con más posibilidades de baño y otras con más complicación para encontrar donde mojarte; pero todas te ofrecen siempre alguna sorpresa, hay que buscarla.

Y luego los nombres, cada una de ellas está bautizada con su propia denominación, de algunas puedes inferir su nombre por su obvio aspecto, la Redondilla, la Colgada o la Lengua son claros ejemplos, pero otras tienen nombres tan familiares como la de Santos Morcillo.

Por otro lado, no hay que dejar pasar el atractivo que supone también para los amantes de la naturaleza todo el entorno, para estudiar la flora y la fauna que vive alrededor, unos humedales que, como ya he comentado, son todo un oasis en un extremo de la Meseta castellana que le confieren un carácter de microuniverso para numerosas especies animales y vegetales.

Desde luego, para los que han estado allí alguna vez, a buen seguro que recuerdan haber nadado entre los patos que residen por sus aguas, y que sin ser domésticos están bastante acostumbrados a la presencia humana.

Del mismo modo, las Lagunas son también un paraíso para los practicantes de innumerables deportes, especialmente los acuáticos. Se puede hacer natación, se pueden hacer inmersiones (y de hecho vi a gente muy preparada con todo su equipamiento observando lo que el resto de los mortales no pueden ver), hay posibilidades de hacer remo y piragüismo, e imagino que hasta vela, aunque esto no lo vi. Y, por supuesto, la zona da pie a toda una infinidad de senderos para aquellos que prefieren pateárselo todo. Caza y pesca también, pero estas no me gustan.

Mi hijo y yo, tuvimos la oportunidad de hacer un poco de piragüismo y la verdad es que es un deporte muy bonito y muy agradecido, siempre que no te lo tomes como una competición, porque te permite inspeccionar el entorno con más detalle y no te obliga a estar constantemente paleando.

Sé que el resumen que hago es muy injusto porque hay innumerables lugares donde perderse y donde encontrar un aliciente, en cada rincón de cada laguna, pero yo me quedo con nuestro particular edén como es el de la pequeña cascada que se formaba desde la Laguna Salvadora a la de Santos Morcillo, que era, es y será el objetivo de infinidad de fotos que buscan, de alguna manera, un trocito de Caribe en mitad de La Mancha.

Por otro lado, cabe reseñar que alrededor de este conjunto de humedales se ha generado una variada oferta hostelera, gastronómica, cultural, y como ya he comentado, deportiva. Una oferta para todos los bolsillos de mayor o menor nivel, aunque la sensación que me ha dado es que han sido y son unas Lagunas muy del predicamento de la gente de clase media, tú y yo, quizá por eso uno se siente como en casa, y no es cuestión baladí.

Pues nada, otro círculo cerrado, mis padres me llevaron cuando yo era chico, y ahora yo he hecho esto con mi hijo, nos lo pasamos bien ayer y hoy, y tal vez repitamos, mañana o dentro de otros cuarenta años.

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