sábado, 1 de octubre de 2016

"LA ÚLTIMA SALIDA", DE FEDERICO AXAT

En mi ya sólida cruzada en la búsqueda de una nueva literatura, fresca y atrevida, llegó este libro a mis manos para ser compañero de viaje en los últimos días de este verano. Literatura en la que pretendo buscar todo alejamiento del ego subido que acusan los escritores reconocidos y que les aburguesa en proyectos comerciales, con más ruido que nueces, que se sostienen por la difusión editorial y la fama.

Pues eso, que intentando desmarcarme cada vez más de esos novelistas consolidados, hace unos meses que tenía ya esta novela en mi poder, de la que se destilaban algunas reseñas que me invitaban a soñar con que fuera un relato interesante y del perfil que estoy buscando últimamente.

Poco conocía del autor, el argentino Federico Axat, por no decir nada, todo lo más lo que uno lee en Internet, que es un ingeniero que más aficionado por la escritura que por su profesión ha conseguido una exitosa carrera reciente, basada en el relato de tensión y de trama bien trenzada que sorprende al lector en su desenlace.

Pues con esas premisas me apresté a leer «La última salida», ambientada en la actualidad y en Estados Unidos, y el inicio presagiaba algo muy bueno. Ted McKay, un empresario de éxito, casado y con dos hijas pequeñas, está a punto de pegarse un tiro en la sien justo cuando alguien llama a su puerta y ese alguien sabe lo que está ocurriendo. Un joven llamado Justin Lynch se presenta ante Ted e intenta que desista por un momento de su pretensión, no si antes escuchar lo que tiene que decirle.

Visto que se va a suicidar le propone a Ted que posponga su decisión, y realice un acto constructivo para la sociedad, liquidar a un individuo abyecto, Edward Blaine, al que solo un sistema judicial imperfecto le ha librado de la pena de muerte, toda vez que cometió un atroz asesinato del que salió incomprensiblemente absuelto. Para seguir con la cadena de buenas acciones, Lynch, que dice representar a una especie de sociedad secreta, cuyo fin es precisamente el de dar una satisfacción extrajudicial a la sociedad contra la injusticia, le propone también el liquidar a alguien, Wendell, que como él se ha deshecho previamente de un gusano de la sociedad y que también tiene una razón para suicidarse. Pero el círculo no se cierra ahí, una persona anónima también se encargará de matar a McKay en su momento, evitándole el reprobable acto del suicidio, y quedando bien ante todos y particularmente ante su familia, habiendo muerto en un asesinato, siendo víctima en vez de ser su propio verdugo. De tal manera que el sistema es perfecto, uno se carga a un cáncer de la sociedad y después a un buen hombre (que también se iba a suicidar) y finalmente será ejecutado derivando su suicidio a alguien que lo «suicida» para ofrecer una buena imagen final. Ted cumplirá, liquidará a Blaine y luego a ese hombre bueno que teóricamente lo estará esperando para su final, aunque esto no será así, las cosas no salen como se previeron y Ted buscará a Lynch para ajustar cuentas después de las dos muertes.

Este comienzo tan trepidante se corta de momento y tenemos de nuevo a McKay en la misma circunstancia, entra Lynch en su casa antes de pegarse un tiro en la sien y le va a proponer lo mismo, pero la realidad ha cambiado, lo que ha ocurrido en la primera parte de la novela sufre modificaciones y Ted McKay ya lo ha vivido y actuará de otro modo, una nueva secuencia de los hechos se sucede y, a todo esto, tanto en la historia primera como en esta segunda, nuestro protagonista conversa con una psicóloga, la doctora Hill y con un neurólogo el doctor Carmichael y parece ser que McKay tiene un tumor cerebral irreversible (que será el que provocará la decisión del suicidio).

Se cierra este segunda historia paralela y Axat nos presenta una tercera realidad, donde se vuelve a poner de relieve la enfermedad que aqueja al protagonista. He de ser sincero y debo afirmar que viendo el lío que había formado el autor en las dos primeras partes, esta tercera me empezó a sonar a cachondeo, ¿cuántas realidades nos quería mostrar el autor y cuál de ellas era el presente y no una nueva invención de la mente enferma de McKay?

Durante varias páginas llegué a pensar que el libro no me convencía, en esta tercera parte, el relato flojeaba, el animado ritmo de las dos partes previas, dejaba paso a una disrupción y Ted McKay ahora se encontraba en un centro psiquiátrico como un enfermo violento y de alto riesgo. Casi estuve a punto de tirar la toalla porque no sabía a qué ejercicio de cálculo mental nos estaba invitando el autor y que yo, por otra parte, no estaba dispuesto a asumir; salvo que Axat quisiera que tuviéramos que llevar una libreta encima para hacernos un esquema de lo que estaba ocurriendo.

Tienes que avanzar varias páginas, y no pocas, para ir convenciéndote de que la auténtica realidad es la de esa tercera parte y que las dos anteriores son alucinaciones de Ted producidas por su enfermedad. La única realidad que se va destilando es que Ted simplemente ha atentado contra Lynch con tal gravedad que este está al borde de la muerte en la UCI de un hospital, extremo este que no recuerda Ted, como prácticamente nada de lo que le llevó a semejante atrocidad.

Ahí empieza la labor de la doctora Hill por averiguar la realidad. Poco a poco Federico Axat nos va convenciendo de que ya sí, ya estamos en el presente y de que Ted McKay es un enfermo, pero hay que saber qué es lo que esconde Ted, por qué sueña todo lo que sueña (zarigüeyas, trajes de baño rojos, castillos de muñecas, ajedrez, herraduras, conspiraciones, muertes...), y ahí el escritor entreteje una nueva historia para el protagonista, la de su época universitaria, en la que compartía habitación del campus con Justin Lynch, y todo se va volviendo cada vez más interesante, personalidades ocultas, amistades repentinas, hermandades universitarias, la familia y un asesinato; todo se torna en una novela negra y de misterio.

Viajamos atrás en el tiempo y Axat nos descubre una apasionante historia, y vuelve el ritmo a la novela, con más fuerza si cabe que al principio, con más interés, de tal modo que te quieres precipitar al final, porque curiosamente el desenlace de todo ya se ha producido, está en el pasado, pero Ted McKay no logra recordarlo.

El final es muy bueno, muy original, los malabarismos narrativos, aun cuando se trata de una historia que es difícil que pudiera ser real propiamente, juegan muy a favor del conjunto final que, sin duda, hacen de este trabajo una muy buena novela.

En alguna entrevista que he visto Internet, Federico Axat incide en que la novela estratégicamente la ha configurado como una especie de montaña rusa, deliberada, así que doy por bueno este recurso literario, porque bajar el ritmo para subir la cuesta y luego lanzarte hacia abajo vertiginosamente hasta un final genial ha sido una experiencia muy gratificante.

Siempre me imagino transferencias de novelas a películas y, Federico Axat, si alguna vez lees esto, sería un peliculón.

3 comentarios:

Federico Axat dijo...

Lo he leido completo (respondiendo a tu comentario final). Gracias por la reseña!

Federico Axat dijo...

Lo he leido completo (respondiendo a tu comentario final). Gracias por la reseña!

CPB dijo...

Amigo Pedro, muchas gracias por proponernos la lectura de este libro pues, literalmente, lo he devorado.
Al igual que tú, hace tiempo que no leía algo tan bueno, sugerente, alocado, vaiven continuo... Acabo de terminar de leerlo y estoy fascinada. Ya me he anotado otros libros de este mismo autor para leerlos. Y, como veo que el Sr Axat ha leído tu reseña, pues permíteme el lujo de que una servidora, humildemente, te felicite por ello e igualmente agradecer al autor que nos deleite con semejante desparpajo de imaginación y facilidad narrativa para atraparnos en sus líneas. Desde hoy, me declaro lectora incondicional del Sr Axat y, por supesto, amigo Pedro, a ti te "vigilo" a través de tu blog...jejejje