sábado, 30 de marzo de 2013

DE PAPAS, CÓNCLAVES Y FUMATAS

Ahora que hemos tenido hace unas semanas el cónclave, uno se da cuenta de que se ha hecho mayor, es con la contabilización de espacios de tiempo amplios cuando observas que ya has vivido bastante. Algo así me ocurrió el otro día cuando en mi trabajo mis compañeras comentaban el número de papas y cónclaves que recordaban en su vida, así que contando papas uno ya sabe a qué generación pertenece.

Pues mi uso de razón me remonta al papa Pablo VI, un vejete entrañable con el rasgo común en muchos papas de tener cara de buena persona. Luego vendría el efímero Juan Pablo I, y después el polaco Juan Pablo II que tuvo un papado tan largo de más de un cuarto de siglo que no ha propiciado cónclaves y ha permitido que creciéramos considerablemente en ese intervalo. Con la sorprendente renuncia de Benedicto XVI hemos podido vivir la salsa de la renovación papal, toda su liturgia y ceremonial, pero sobre todo el cónclave y el siempre llamativo juego de la fumatas.

El cardenal Montini dirigió la Iglesia Católica entre 1963 y 1978
Pablo VI
Pues no recuerdo muy bien si en aquel año 1978 cuando hubo dos cónclaves, uno tras la muerte de Pablo VI y otro tras el rápido papado de Juan Pablo I, tuve conciencia de lo de las fumatas. Sólo quiero creer que lo seguí por la radio y entonces me suena a que no estaba muy conseguido lo del humo negro y el humo blanco para la fumata porque dio lugar a errores en los periodistas.

Lo que sí tengo perfectamente grabado en mi memoria es el día en que mi vecino, metalúrgico y zapatero en sus ratos libres con la compañía siempre fiel de su radio, abrió la puerta de enfrente y nos dijo a mi madre y a mí si nos habíamos enterado de que Juan Pablo I había muerto, ¡sólo llevaba 33 días de papado!
Efímero el papado del que fuera cardenal Albino Luciani, muerto en extrañas circunstancias
Juan Pablo I

Todavía hay en la casa de mis abuelos en Begíjar una foto de aquel papa al que titularon como el de “la sonrisa”. Este Albino Luciani tuvo tan poco tiempo para mover hilos en el Vaticano como ríos de tinta provocó su muerte. Aunque ha habido papas muy polémicos a lo largo de la amplia historia de la Iglesia Católica, hace varios siglos muchos no eran ejemplo ni estandarte de la elevada representación que ostentaban, la muerte contemporánea de Juan Pablo I sigue y seguirá llenando de dudas en torno a lo que se mueve en las cañerías del Vaticano.

Y es que pese a que apenas han pasado treinta y cinco años, las extrañas circunstancias en que se produjo la muerte de Juan Pablo I, no hacen sino alimentar una cierta leyenda negra de la Santa Sede que no ha parado de dar titulares en los últimos años, aún recuerdo que hace unos años un Guardia suizo se pegó un tiro, y hace poco el mayordomo del Papa también fue condenado a prisión por filtrar documentos internos de Su Santidad.

Cómo murió Juan Pablo I es algo que creo que jamás sabremos, la versión oficial habla de infarto de miocardio, se suceden las declaraciones opuestas de que tenía buena salud y otros señalaban que no, otros hablan de envenenamiento, tal vez una dosis letal de medicamentos, que si hubo autopsia, que si no…, pero sobre todo, rezuma la sensación que siempre ha estado muy presente en el pueblo llano de que en el Vaticano había y hay muchos trapos sucios.

La Iglesia Católica elegía en 1978 al polaco Wojtyla, el cual estuvo más de un cuarto de siglo como la figura más representativa de la Iglesia Católica
Juan Pablo II
De hecho, existe tanta información en Internet que muchas versiones apuntan a que Juan Pablo I quiso limpiar desde el primer momento la Banca Vaticana y la propia Curia con cardenales señalados con nombre y apellidos, pudieron haber ingeniado la sibilina trama. Total, que la realidad supera muchas veces a la ficción y, en este sentido, la novela de Dan Brown “Ángeles y demonios” y posteriormente llevada al cine, ambientada en un cónclave, se convierte en un auténtico cuento de niños comparado con lo que se cuece en el interior de las instituciones vaticanas.

Con Juan Pablo II, un joven polaco (en comparación con la historia de papas muy mayores), supuso una revolución en la elección papal. Ha sido un modelo a seguir y sólo su salud, mermada por el atentado del turco Ali Agca, nos privaron de su presencia desbordante.

Y bien, el penúltimo cónclave el que eligió a Benedicto XVI ya sí me pilló con pleno uso de razón y de recuerdo. Aquella tarde de abril de 2005, de esas apacibles, primaverales y luminosas; yo me encontraba corriendo por el campo con mi perra, todavía lo hago si la lluvia y mi hijo lo permiten, e iba con la radio puesta, surgió el nombre, Ratzinger, tal vez el único cardenal en ese momento verdaderamente conocido. Es evidente que yo sí lo conocía, porque se había caracterizado años atrás por desarrollar una literatura bastante extensa sobre teología que yo mismo había podido leer, gracias a que tengo un tío que es cura y que manejaba esa información escrita.

Renunció en 2013 al papado, después de haber sido elegido en 2005.
Benedicto XVI
En este último cónclave tenía pensado salir a correr y rememorar lo de hacía ocho años, pero tuve que hacer tareas con mi hijo, así que lo seguí por la tele. Había estado leyendo las quinielas días atrás, estaban los favoritos, los segundos espadas y hasta una tercera lista con los improbables. Llegó la siempre anhelada fumata blanca, el “habemus Papa” y cuando escuché el nombre de “Bergoglio”, se lo dije inmediatamente a mi mujer, “el argentino”, era de los de la tercera lista y había sonado, poco, pero había sonado en los pronósticos.

Luego vino el ceremonial y al día siguiente la embestida informativa de la nueva figura del papa Francisco. Otro papa con cara de buena persona, pero este además con antecedentes de hombre humilde, preñado de gestos muy elocuentes a lo largo de su vida; es jesuita, congregación que se ha caracterizado en la Iglesia por ser de las más avanzadas, y toma el nombre de San Francisco de Asís, emblema de la austeridad. En estos primeros días de papado ya ha dado muestras de su cercanía y de una cierta ruptura con el lujo vaticano no demasiado entendido por la gente de la calle.

Y después de estas primeras semanas de papado, creo que ha caído bastante bien a la mayoría de la gente, sea practicante o no, religiosa o atea; y es que el mensaje de un Papa es algo que trasciende al ámbito puramente religioso. El Papa es una figura de tremenda influencia en la sociedad mundial y todo lo que dice y hace tiene un notable impacto.

El argentino Bergoglio es el nuevo papa de la Iglesia Católica, argentino y jesuita
Francisco I
A mí como a muchos, deseamos que este hombre haga cambios en la Iglesia. Algunos hablan de que la cambie radicalmente, que abandere una revolución, eso es imposible, por no decir que es una utopía. No olvidemos que las diferencias de opinión entre los cardenales que estuvieron en el cónclave probablemente sean inferiores a las distancias que los separaban de sus sillones en la Capilla Sixtina.

Dicho de otro modo, la Iglesia no va a cambiar sustancialmente, no puede y hasta no creo que deba, pero sí es verdad que para la ciudadanía cristiana y católica se esperan determinadas acciones encaminadas a resolver algunos problemas actuales, de la calle, donde el catolicismo debe tomar partido, reaccionar, modificar: los preservativos en zonas deprimidas, la separación entre parroquias y el pueblo, el montaje hipócrita de las comuniones, reconvertir a los curas que se toman su posición como una profesión sin más, el impulso de los seminarios o la tan traída y llevada necesidad de hacer las misas (la expresión más cercana de nuestras creencias) de otro modo, activando las homilías sociales y quitando peso en lo que se pueda al ceremonial que sinceramente me aburre.

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