sábado, 11 de junio de 2016

MI ÁLBUM "DINERO DE TODOS LOS PAÍSES", UN RECUERDO DE LOS COLECCIONABLES DE CROMOS DE LOS 70

Pues llevaba tiempo buscando este álbum y apareció, y como suele ocurrir, por casualidad, cuando precisamente estaba buscando otra cosa y no eso. Y es que tenía ganas de escribir sobre este álbum, pero no por este en concreto sino por el recuerdo de una época de infancia en la que las colecciones de cromos estaban a la orden del día. Ahora, apenas sobrevive la típica colección de cromos de futbolistas de cada temporada, y eso porque es fútbol, aunque sin punto de comparación con respecto a la afición que teníamos los niños de mi época por la colección de cromos de diversa temática.

Este álbum de «Dinero de todos los países» pasa por ser de los pocos, por no decir el único, de los que conseguí rellenar al completo, de los muchos que a buen seguro inicié. Aparte de ello, y no menos importante, es que aún lo conservo, el único, ciertamente un poco deteriorado, tanto que hasta perdía la portada, porque como me decía un maestro, la cultura hay que estropearla porque es señal de que uno le ha metido mano, en clara alusión a aquellos que traían sus libros a clase como si fueran nuevos, seña inequívoca de su escaso uso.

Pero, ante todo, lo que me trae muy buenos recuerdos es que, al menos en el colegio en el que yo estaba, no tenían ningún tipo de reserva en recibir algunas donaciones representadas en varios álbumes y montones de sobres de cromos, de tal guisa que a cada alumno le correspondía un sobre como poco, y los álbumes, a razón de dos o tres por clase, se sorteaban a la sazón en cada aula. Desconozco si los profesores o la dirección del colegio recibían algún otro parabién por esta cualificada difusión. El negocio era redondo porque nada más salir del colegio la tienda de enfrente ya tenía un buen cargamento de sobres de dicha colección; precisamente en el cole que yo estaba esa era una tienda que tenía de todo, era una especie de «todo 100» de los años 70, donde había dulces, fruta, papelería y todos los sobres de todas las colecciones que previamente los avezados comerciales del ramo habían divulgado en las aulas.

Ni que decir tiene que el que conseguía resultar premiado en uno de esos sorteos, de algún modo, se obligaba a continuar esa colección. Colecciones que, por otro lado, no eran baratas, pero tampoco tenían unos precios desorbitados. La ventaja, por aquel entonces, del coleccionista infantil es que no era una isla en medio de la nada, si tú juntabas cromos de tal o cual colección, muchos niños de tu cole también lo hacían, y eso facilitaba mucho encontrar los que te faltaban a base de los correspondientes trueques; inolvidable aquella frase, hoy prácticamente eliminada del vocabulario de los niños, «tengo repes».

Es más que probable, por no decir seguro, que este álbum lo terminé coleccionando porque me tocó en uno de esos sorteos, y no creo sinceramente que me interesara ni más ni menos que otras colecciones de cromos, es más, recuerdo algunas colecciones chulísimas que seguro que hoy me hubieran servido más que esta de billetes mundiales, algunos de ellos ya inexistentes por los lógicos cambios de moneda y renovaciones de seguridad que han sufrido. De hecho, si tuviera que recordar alguno de esos álbumes, tal vez el que más me impactó fue uno de indumentarias de guerra, armamentos y vehículos, que hacía un impresionante repaso histórico, en unas imágenes muy coloridas y de mucha calidad, lo que denotaba el interés, no sólo lucrativo, sino también didáctico de las empresas dedicadas a estos quehaceres.

A todo esto, hay que señalar que todos los álbumes se configuraban como pequeños o no tan pequeños documentos de consulta, donde los cromos que se pegaban eran las ilustraciones de esa especie de publicación temática. Y con cierta precisión al lado de los cromos o debajo de ellos se explicaba algo referente al cromo, o directamente se contaba algo en alusión al tema que representaba la imagen. En este que traigo a colación se aprovechaba para señalar algunas características sociales, políticas y económicas del correspondiente país.

Dos razones imperaban para que aquellos álbumes de cromos funcionaran, por un lado, era un vehículo de expresión cultural y, por otro, era un entretenimiento. Justo son esas mismas razones, pero analizadas desde otra perspectiva las que han hecho que ya no existan. Efectivamente, ya no hay necesidad de buscar información novedosa o inaccesible en una colección de cromos (hoy hay otros coleccionables que no van en la línea de transmitir cultura, sino más bien de alimentar hobbies, esos que se venden cuando termina el verano), puesto que a golpe de clic tenemos a nuestra disposición, en cualquier momento, la enciclopedia más grande del mundo; este es también el mismo fundamento que ha provocado que tampoco se vendan esas enciclopedias de antaño que hoy ocupan un lugar digno en los salones o comedores de nuestros padres. Tampoco tiene mucho sentido ofrecer este producto a los niños porque las dosis de entretenimiento las tienen aseguradas con toda esa plétora de aparatos electrónicos que nosotros como adultos no les negamos, aunque no las tengamos todas con nosotros, llámese móvil, tableta, ordenador, consola...

Aquello era cultura, estábamos ansiosos o al menos yo lo percibía así, y este ajado álbum, por ejemplo, me permitió aprender algo más acerca de la geografía de los países que, dicho sea de paso, como buen filatélico que soy, es una de las disciplinas que más me gustan, aunque echo de menos el tener más posibles para viajar y contrastar in situ los pocos o muchos conocimientos que uno tiene.

Pues eso, aquí mi pequeño homenaje a esas colecciones de cromos de los años 70 y también a esta editorial valenciana llamada Difusora de cultura, S.A. (DIDEC), que mucho me temo por la ausencia de referencias en Internet que murió como murieron aquellos clásicos álbumes de cromos.

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