sábado, 4 de junio de 2016

SIGUR RÓS, NUNCA SUPISTE QUE CONOCÍAS UNA CANCIÓN CANTADA EN ISLANDÉS

Terminados ya los fastos de Eurovisión y sus extravagantes designios, uno sigue pensando en esta oda al friquismo más acendrado, que no es sólo ya de nivel continental sino que aspira a convertirse en esperpento global por aquello de que ya participa Australia; este festival cada vez se aleja más de la realidad y de la calidad, vendido a intereses geográficos, donde la cercanía con focos de influencia impera sobre los países más poblados de Europa, que suelen salir defenestrados de este evento (España, Gran Bretaña, Francia, Alemania o Italia) en lo que a puntuación se refiere y posibilidades de victoria.

En esta feria musical (tómese feria en el sentido vulgar de la misma) que, dicho sea de paso, ya no veo prácticamente nunca, no encuentro calidad en las canciones, de hecho, la mayoría de las ganadoras no trascienden a las listas más relevantes de las radios musicales europeas, pese a las consideraciones económico-comerciales que estas tienen. Al albur de ello, se me ocurrió pensar en alguna música o algún grupo que supusiera, de algún modo, un poco de la esencia europea, si es que en realidad tenemos algo que nos une a los europeos.

El grupo que traigo hoy a colación es, como poco, curioso, Sigur Rós o Rosa de victoria es un grupo islandés y canta en islandés. Islandia, a propósito, pasa por ser uno de los países más increíbles de nuestro planeta, con apenas 330.000 habitantes, algo más de la mitad de la población de la provincia de Jaén, estos viven en un espacio inmenso (una quinta parte del territorio de España) donde la naturaleza se revela plena, feraz y hasta brutal por aquello de que muchos de sus territorios son escasamente visitados por el ser humano. Por cierto, la capital Reikiavik tiene la misma población que Jaén capital, y solo otras cuatro ciudades superan los 10.000 habitantes, la cuarta ciudad del país (Akureyri) tiene casi la misma población que Bailén, pero es que la vigésima localidad de Islandia no llega a los 2.000 habitantes.

Se podría hablar mucho de Islandia, tanto que si no dijéramos la población, nada la separaría en cuanto a número de noticias que genera y actividad de cualquier país de mediana población de la Europa continental y, sin embargo, apenas suman ni tan siquiera para ser el barrio populoso de cualquier gran urbe europea. Eppur si muove como diría Galileo Galilei (aunque algunos dudan que sea suya esta frase), nada más basta con asomarse al balcón del deporte para asombrarte de lo que puede hacer un país tan escasamente poblado pero tan avanzado y tan bien organizado a nivel deportivo, jugarán la Eurocopa de fútbol 2016, han jugado campeonatos de Europa de baloncesto, así como mundiales y Juegos Olímpicos de balonmano (subcampeones olímpicos masculinos en Pekín 2008), de hecho, este es considerado su deporte rey con permiso del fútbol.

Y, por supuesto, también hacen música, Sigur Rós no es un grupo ni conocido ni tampoco reconocido, no desplaza masas enfervorizadas aunque tiene un público fiel y que valora su buen hacer, y a todo esto y con cierta relevancia, tal vez sea esa la razón por la que hoy les ha tocado que les hiciera en esta bitácora un modesto homenaje, son tan buenos que todos hemos escuchado alguna vez algún tema suyo, que nos ha gustado y jamás hemos imaginado que estaba cantado en islandés.

El papanatismo eurovisivo que ya ha inundado España con eso de que tengamos que participar con una canción en inglés, para seguir quedando tan mal como siempre, por cierto yo abogo por dejar de participar; pues ese papanatismo nos quiere hacer creer que las canciones para que vendan tienen que cantarse en inglés, porque yo lo valgo. A nadie se le ocurriría pensar que la canción estrella de Sigur Rós, Hoppípolla, es menos brillante porque no está cantada en inglés, esto es un convencionalismo que hemos aceptado porque el inglés es el idioma de uso común más extendido de Europa, no es ni más bonito ni más feo, ni más sonoro o más chirriante que otro, como hemos aceptado que el fútbol es el deporte rey y ahí sí que estoy convencido que ni es el más brillante ni el más entretenido de todos.

Yo intento escuchar música para no acostumbrar mis oídos a ese producto comercial, a veces bueno y a veces no tanto, que quieras o no escuchas en todos lados. Este último fin de semana escuché la preciosa voz portuguesa de Teresa Salgueiro de Madredeus y estuve explorando los potentes grupos japoneses de rock que abastecen el actual panorama musical nipón.

Dicho esto, reitero que Hoppípolla no sólo es una bellísima canción sino que la conocemos, seguro que la hemos escuchado alguna vez y suena fantásticamente aunque no entendamos lo que dice, o ¿es que nos preocupamos de saber lo que dicen las canciones en inglés?

Hoppípolla significa literalmente Saltando en los charcos, canción que trascendió no sólo porque se ha escuchado en televisión y ahora comentaré dónde, sino que su vídeo musical de presentación tuvo cierta relevancia. Hay que decir que Hoppípolla forma parte del elenco de temas que conforman su elepé Takk... (Gracias), su cuarto trabajo, publicado en 2005, y aquel vídeo tan entrañable mostraba un grupo de ancianos que hacían travesuras para luego enfrentarse contra otro bando de abueletes en una recia batalla de globos de agua, sumamente encantador. Por otro lado, viendo el documental Heima de su gira gratuita en 2006 en Islandia tras volver de su gira mundial, es cuando yo creo que deduje para mí que, de algún modo, ahí se mostraba la esencia europea, una esencia que se destila porque tenemos una forma de ser que es muy diferente a los norteamericanos, somos Europa, la vieja Europa que lleva muchos siglos alimentando una cultura más o menos común. En ese vídeo de Heima, Sigur Rós toca al aire libre en un valle, mientras la gente escucha desenfadadamente este bello tema; los islandeses que, en verano tienen una primavera suavita, van animándose delicadamente hasta que en el éxtasis de la canción a todos les sale abrazarse entre sí.

Hoppípolla la hemos podido escuchar en anuncios de coches, en un anuncio de Médicos del mundo, incluso ha sido cabecera de promocionales de Discovery Channel. Sigur Rós ha aparecido en Los Simpson y han participado con algún tema en la exitosa serie Juego de tronos. En sus «colaboraciones» en anuncios, algunas veces aparece la canción directamente y otras siendo plagiada de manera inmisericorde. Pero lo que es más curioso es que a Sigur Rós no le ha preocupado excesivamente esto, ni siquiera han demandado por no haber cobrado sus regalías como tiene que ser, sino que han entendido que era una manera magnífica de publicitarse.

Sigur Rós no es precisamente un grupo de rock al uso, es más Hoppípolla yo diría que se les salió de madre; conformado como un grupo de post rock o rock alternativo, su música da la sensación de ser un poco depresiva o deprimente, no sé cómo expresarlo, está hecha con descuido, pero a la vez con garra; buena parte de culpa de esta mi sensación la ofrece el vocalista Jónsi Thor Birgisson que en muchas de sus canciones interpreta con falsete, aparte de que ha inventado una jerga llamada vonlenska de la cual introduce alguna frase (incompresible) en muchos de sus temas, también en Hoppípolla.

Birgisson, que también toca la guitarra, está acompañado por Georg Hólm en el bajo y Orri Páll Dýrason en la batería, en un proyecto que se mantiene vivo desde 1994.

Se trata de una banda veterana y muy festivalera, se recorren medio mundo cada año, también han estado en España, y curiosamente y sin haberlo previsto, el día que publico esto, el 4 de junio de 2016 tocan en Barcelona, me pilla un poco lejos y sin tiempo de reacción.

En fin, toda una experiencia disfrutar y sentir con Sigur Rós, el rock bien hecho, la calidad al servicio de la calidad, olvidándose de exigencias comerciales; si tienen que cantar en islandés lo hacen, también cantan en inglés, pero no pierden su norte, son auténticos, son tan auténticos como los abueletes que saltaban en los charcos.

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