sábado, 4 de agosto de 2018

"EL LADRÓN", DE PAVEL CHUKHRAI

A veces uno llega a conocer la existencia de determinadas películas de forma un tanto extraña aunque constructiva, hace un año o así en un programa de radio se proponía averiguar una película de la que alguien desconocía su nombre dando escasos datos, a veces una escena, en el caso de la presente, una escena un tanto surrealista.

La película fue averiguada no sin dificultad tras varias semanas y, por supuesto, su aparente rareza me invitó a verla, tal vez por el misterio de lo que tardó en despejarse la incógnita y porque aquello del detalle surrealista siempre me ha llamado la atención, no porque me gusten las películas surrealistas, que muchas veces sí, sino porque algún toque surreal siempre es un signo de distinción, como un guiño del director.

Estamos ante una producción rusa de 1997, una película dura aunque con alguna tintura de comedia en alguno de sus pasajes. Sobre guión original del propio director Pavel Chukhrai, este compone una historia costumbrista que se sitúa en la Unión Soviética al poco de finalizar la 2ª Guerra Mundial.

Está contada por un niño de siete u ocho años, Sanja. Su madre, Katja, en la primera e impactante escena de la película, avanza sobre un camino semihelado e inhóspito, sola y sin destino, y da a luz a este hijo, su marido acaba de fallecer en el conflicto bélico.

Katja seguirá sin un destino, lo que se traduce en ir de un lado para otro con su hijo en busca de un futuro digno, en estas se encontrará con Toljan en el viaje en tren hacia ninguna parte, un apuesto militar rompecorazones, que rápidamente enamorará a Katja. Corre el año 1952. Un enamoramiento más por necesidad y por atracción sexual que porque sea un hombre y una mujer que se convengan verdaderamente.

No obstante, para el pequeño Sanja es medio suficiente, aunque añora la figura de su auténtico padre que jamás conoció, pero que de vez en cuando, entre visiones, consigue imaginar en algún instante de necesidad. Entre Sanja y Toljan, se conformará una especie de relación de amor y odio. Toljan es un tipo duro, y a base de rudeza es como pretende educar a Sanja.

La relación entre Toljan y Katja no es mucho mejor, máxime cuando poco a poco se revela que Toljan no es un militar, simplemente va vestido como tal, y gracias a su atractivo y su don de gentes, se camela a todo aquel que se cruza en su camino. Su última táctica, no se sabe si es la que más ha adorado en el pasado, es la de alojarse en casas de vecinos, caerles bien, hacerse el héroe y bueno, y después desplumarlos robándoles sus joyas, cubiertos… Katja no podrá con eso, y Toljan se revela como un egoísta sin escrúpulos al que no le importa maltratar a su eventual mujer.

Curiosamente en medio de ese vagar de un lado para otro, hay momentos de leve felicidad para todos, llegan a un sitio nuevo, no son conocidos, y se presentan como una familia ideal, un matrimonio con un padre apuesto y bien colocado, su bella mujer y un hijo, como se suele decir en el sur de España, todo muy «concertado». Y, además, también como anécdota hay una canción de baile que resuena en momentos puntuales de la película, y que al pronto me costó reconocer cantada en ruso, pero no es otra que «La paloma», una habanera compuesta por el compositor español Sebastián de Iradier, a la que erróneamente se le atribuye un origen mexicano, por la tradición y popularidad que tiene en aquel país.

Katja sabe que no va a ninguna parte con Toljan y desea que se marche, tal vez lo dice con la boca chica, pero como si de un remedo de otras historias de delincuencia se tratara, al final el ladrón dará con sus huesos en la cárcel no por los robos sino por la suplantación de personalidad, como una especie deformada de Al Capone que no fue juzgado por ser mafioso sino por delitos fiscales. Al final esa será la separación obligada de Katja y Toljan.

A todo esto, en su corta vida Sanja se ha convertido en un travieso, un pequeño ladrón («vor» en ruso), que ha aprendido de la vida teniendo como referente un no muy buen ejemplo, aunque sí el único; y al final, tras toda la película llamándolo tío lo aceptará como padre, tras correr desencajado por una carretera nevada cuando se llevan a Toljan en un furgón con destino a la cárcel.

Y la vida va a seguir sin tratar bien a Sanja, al poco de perder al padre postizo, se tendrá que enfrentar a su madre postrada en una cama en algún lugar de la Rusia profunda y que finalmente muere de una enfermedad. Ahora retomo con lo que señalaba al principio, en aquel programa de radio, la imagen que se le había quedado al que preguntaba por la película era una escena aparentemente surrealista, el niño acercaba a la tumba de su madre cabeceros de camas. Viendo la película se entiende claramente todo, y verdaderamente no es tan surrealista. En realidad el niño, está delimitando dicha tumba, puesto que el enterramiento está en mitad del campo, un campo nevado, donde como no se señale bien, se delimite se corre el riesgo de no saber en el futuro en qué lugar se sitúa tu ser querido.

La última parte de la película nos lleva a una realidad más actual, Sanja está en una especie de orfanato - reformatorio y se volverá a encontrar con Toljan que ya está libre, y se cerrará el círculo, la relación de amor y odio continúa, no cuento más.

Sin duda una buena película para reflexionar sobre ella, con una magnífica imagen, una producción alejada de los circuitos comerciales y del mercantilismo puro y duro que nos acosa constantemente, presentándonos las superproducciones que cada semana llegan a los multicines, no haciéndonos ver que hay mucho cine más y cine que merece la pena.

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