sábado, 27 de abril de 2019

"HISTORIA ABSURDA DE ESPAÑA", DE AD ABSURDUM

Confieso, y creo que lo he comentado en más de una ocasión en esta bitácora, que no soy un gran aficionado a la historia; sí, probablemente porque no me la han enseñado bien o porque me he inclinado por otras disciplinas que me llenaban más. Y dicho esto, no es que realmente no me guste la historia en sí, porque la historia contemporánea, la del siglo actual y el anterior sí que me apasionan.

Pero vamos, que echo de menos conocer el listado de reyes de España desde los Austrias hasta los Borbones, y sin embargo, me temo que perdí demasiado el tiempo en el Instituto, acopiando datos que hoy no sirven de nada, y no disponiendo de una visión general auténtica y racional de la historia de España en concreto.

Probablemente tampoco fuera culpa de los profesores, o sí. Hay de todo como en botica, tuve profesores con buenas intenciones, quizás atrapados por un sistema educativo que no les permitía explayarse y, por contra, otros profes plastas más empeñados en que supieras hacer esquemas pasando el contenido a un segundo plano.

También es verdad que si aquella asignatura me resultó aburrida y un poco pestiño, ello ha permitido que a lo largo de mi experiencia personal y mi bagaje cultural haya adquirido una especie de conciencia sobre la historia tal vez no muy buena. Y es que soy de la opinión de que cuanto más atrás vamos en el tiempo, las fuentes son menos precisas y dudo que la historia que hoy conocemos fuera realmente tal cual nos la cuentan, qué le voy a hacer, soy de esa condición incrédula. Por otro lado, tampoco han contribuido muchos eruditillos de lectura de fin de semana que se las dan de mucho y que en cuanto escarbas un poco se caen con todo el equipo.

No obstante y dicho esto, vamos al meollo de la cuestión, que sí que probablemente es que la historia nunca me la enseñaran bien y hoy tenga un poco de cacao mental y sea un poco negadillo, una pena, espero estar compensándolo con otras ramas del saber, espero... Por eso, yo que no soy muy aficionado a la novela histórica, aunque bien es verdad que hay gente muy versada, que no se la inventa y que sabe buscar las fuentes verdaderamente fiables, el otro día, cuando repasaba en el estante de novedades de la biblioteca municipal de mi localidad, me sorprendió ver un libro que anunciaba la historia de España de estos últimos quinientos años pero contada de una forma amena y divertida, con humor. A lo mejor era eso, pensé yo, que siempre la enseñaron de una manera brusca, metiéndote datos inconexos con calzador y lo que hubiera hecho falta era un poquito de sal en un terreno un tanto soso y abrupto.

Más sorpresa incluso, cuando el referido libro lo firmaban un grupo denominado AD ABSURDUM, que tienen un blog de historia en plan divulgativo y desenfadado desde 2013, y que lo conforman tres historiadores murcianos que no llegan a la treintena, por lo que la propuesta como poco era diferente y tenía visos de ser atractiva.

Así que me puse manos a la obra y comencé a leer el libro, que es un recorrido cronológico de la historia de España, teniendo como punto de partida a los Reyes Católicos y culminando en 1992. Interesante, pues, se prometía la lectura. El lenguaje utilizado por AD ABSURDUM es muy accesible y no pierden la oportunidad en cualquier momento de utilizar giros actuales, incluso comparaciones con la realidad de hoy día. Así nos van asomando a la historia de una manera más cercana, no obvian datos de importancia, pero saben sacarle jugo para que resulten divertidos.

Amén de ese recorrido histórico, toda la obra viene salpicada de pocas en pocas páginas con unos recuadritos en los que enmarcan algún datos histórico de carácter anecdótico, que dota de mayor familiaridad a la publicación.

Bien es verdad que la historia de España es densa, no puede ser de otro modo, y no se puede saltar de época en época, o de rey en rey, sin explicar los hechos más relevantes de esos períodos, y a veces son muchos, porque la historia de España es rica en esos hechos, otra cosa bien diferente es que sea brillante.

Con todo y sabiendo a priori que no me ponía como meta saberme de memoria todos los datos que ofrecían los autores, ni creo que ese fuera el objetivo con el que ellos parieron este proyecto, el relato iba progresando y yo me iba animando o abstrayendo en función del episodio histórico que se tratase, algunos me llamaban más la atención que otros, y sin lugar a dudas, a medida que nos acercábamos a nuestros días, también es inevitable la reactivación del interés, toda vez que uno ha vivido esos hechos históricos en sus propias carnes.

Y ahora viene lo bueno, igual que estoy convencido de que el objetivo de los escritores no es atiborrarnos de datos, probablemente sí que estén más cerca de querer que el lector tome una conciencia global de la historia de nuestro país, y eso en mí, al menos, sí que lo han conseguido. Sí, porque a lo largo del libro he intentando llevarme una idea de conjunto, una especie de resumen, que no me ayudará a saberme reyes de memoria, pero sí que va a contribuir a entender mejor la realidad actual.

Desde luego el presente de España y de cualquier país del mundo viene mediatizado por su historia, somos lo que somos porque hemos llegado a este punto y situación arrastrando lo que generaciones precedentes sembraron sobre nosotros. España es hoy el estado que conocemos con determinadas regiones y fronteras, determinado sistema político y determinada situación económica. Al final de todo, un país es preso de su historia, España va bien o mal en determinados aspectos porque hay muchas actuaciones previas, buenas o malas, por detrás.

Y no podemos quejarnos especialmente de cómo estamos en la actualidad, considerando que, y aquí viene ya lo de la conciencia global, no hemos sido muy afortunados con nuestros mandatarios. Por fijarnos en lo más cercano, casi cuarenta años de dictadura franquista anclaron a España frente a una Europa central pujante económicamente, que nos sacó mucha distancia, y que por fortuna y con la democracia pudimos minimizar, aunque aún nos llevan ventaja.

Si miramos más atrás, nos daremos cuenta de que tampoco hemos sido muy afortunados con nuestros reyes, a sabiendas, de que el poder monárquico absoluto fue el sistema político en nuestro país durante varios siglos. Tristemente los reyes que hemos tenido, aparte de no ser muy brillantes en su mayoría, practicaban el insano deporte de preocuparse mucho de sí mismos y nada de sus súbditos, que se morían de hambre en el estricto sentido del término. Una España que llegó a ser un imperio «donde no se ponía el sol», fue menguando en su poderío por malas gestiones y porque nuestros monarcas ni supieron, ni se rodearon de gente adecuada que supiera.

Con todo ello, España fue tocando fondo en muchos momentos de su historia y se evidencia que el pueblo, casi en cualquier momento de estos últimos quinientos años, protestaba por todo. Y sí, también se ha configurado históricamente como deporte patrio el hacerle la zancadilla al vecino, o a aquel que no opinara como tú. Esto deja un rastro de guerras y batallas fratricidas que tuvieron su culminación en la Guerra Civil, la más encarnizada y horrorosa de nuestro pasado.

Curioso dato el del siglo XIX, ninguna memoria de catedrático daría para tanto, porque desde 1833 hasta 1900 se sucedieron nada menos que ochenta y ocho presidentes de gobierno, sillas calientes les decían, o un quítate tú para ponerme yo, a la más pura orden del día.

Y, por cierto, también te das cuenta, para escarnio de esos eruditillos de tres al cuarto (algunos muy aficionados a las recreaciones históricas), de que ni Fernando VII era tan fantástico, que era todo lo contrario, o que ni a Carlos II «el Hechizado», se le puede atribuir tan mala gestión como otros parientes suyos que fueron a priori más espabilados.

Pues eso, que en España hemos tenido una importante pandilla de reyes y gobernantes sátrapas y pierdepueblos, y esto es lo que tenemos hoy, por mucho que sea manido lo que voy a decir, nuestros políticos actuales siguen empecinándose en salvarse ellos mismos que en mirar a su pueblo (porque dicho sea de paso, nuestros políticos de las altas instancias son pequeños nuevos ricos, y aunque eso sea legítimo, pierden la perspectiva de su origen).

Bueno, que el libro está muy bien, muy divertido, muy gracioso y una propuesta renovadora; no obstante y para concluir, como soy un poco el acicate de los descuidados, pues otro libro en el que he detectado alguna falta de ortografía, alguna letra comida, algún paréntesis que no se cierra... Supongo que soy muy chuminoso, pero es que han sido tres los que han escrito el libro, y hay una editorial, que se supone que tiene lectores y correctores que deben velar porque estas cosas no pasen, y pasan.

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