Ya comenté en mi primera entrada de esta etiqueta de «Ópera» que inauguraba hace unos pocos meses que aparte de lo que me había gustado e impactado, la posibilidad de acceso tenía un horizonte cercano porque en algunos cines se llevan a cabo proyecciones de óperas que, evidentemente, no es lo mismo que estar en directo en un teatro, pero la experiencia no está nada mal sinceramente.
Desde luego nunca podría decir que asistir a una ópera en directo puede ser superada por una proyección, el estar en vivo viendo como ese acto cultural cobra vida como un ser que evoluciona, que transmite, que conecta con el público…, eso es único. Ahora bien, para la gente de provincias como yo, con una limitada oferta cultural el disponer de este recurso es una maravilla que, además, tiene alguna ventaja con respecto al directo: ves al elenco actoral de cerca, el sonido es perfecto, lees muy bien el libreto (en español), o sea, que todo son cosas buenas; a ello he de añadir que en los multicines del Bowling Linares nos obsequian con una copita de champán y unos canapés a la entrada, no estamos en un gran teatro ni en una ciudad importante pero por un momento nos transportamos a lugares grandiosos.
No sé si el hecho de estar bastante a gusto por el recinto y en compañía de buenas amigas influyó para que lo que visioné me dejara un poso más que satisfactorio, seguramente fue eso y también porque la trama de esta ópera, más allá de que se sitúa en España y más concretamente en Andalucía, es muy dinámica y muy entendible en todo su argumento.
«Carmen» de Bizet, puesta en comparación con la primera que vi «Madama Butterfly» es más divertida y colorida, y con una trama que engancha más y que te implica casi como un actor secundario pero activo en el desarrollo del relato, en el sentido de que el público puede tomar partido con alguno o varios actores. Lo mismo me vengo muy arriba y experimento algo que la gente que está acostumbrada a esta experiencia ni atisba, tal vez es porque este acto cultural me ha emocionado sobremanera teniendo en cuenta que he descubierto este tesoro cuando ya soy mayorcete, siento que he perdido muchas décadas que no digo que podría haber sido ahora un entendido de la ópera pero sí que podría haber visto algo, y creo que me lo han llegado a ofrecer y he declinado el ofrecimiento.
Digamos que hay óperas en muchos idiomas pero las clásicas son en italiano, francés, alemán y japonés. Las óperas españolas no son tan relevantes, tal vez opacadas por la zarzuela, también llamada el género chico, y que daría para un amplio artículo de opinión sobre este concepto. Pues «Carmen» es un producto francés, y llama la atención que la trama se sitúe en nuestro país, lo que indica, y esto no es cuestionable, que las costumbres españolas llaman mucho la atención, son como un embrujo históricamente para nuestros países vecinos, y es fuente inagotable de inspiración.
Para un lego en la materia como yo, y por la edad que tengo no me va a dar tiempo a ser un experto, en todo caso, un mero conocedor, lo que me emociona es reconocer la música que se escucha en esta representación sin haber visto jamás la ópera, y en el imaginario colectivo y en el mío propio, reconocemos muchas óperas, por lo que es un género que ha conmovido a generaciones desde su creación, y sus temas han trascendido siendo utilizados para un sinfín de cometidos, en bandas sonoras, en anuncios publicitarios, en películas, en conciertos…
Y sí, ya lo voy a subrayar, por si no se había notado, para mí la ópera ha sido como una epifanía, y ahora soy un poco fanático, todo lo que escucho que me suena a ópera rápidamente me obliga a mover la cabeza, a prestar atención, y lo de Rosalía pues también me encanta (La Perla), porque es una cantante magnífica más allá de lo mediático.
La acción de esta ópera se sitúa a principios del siglo XIX y en consonancia con lo que comentaba más arriba, como concepto y estética tira mucho de estereotipos: la gitana, el torero, lo rural, el toreo, los bandoleros, incluso una taberna, la de Lillas Pastia, digamos que este nombre sí que no es muy afortunado por parte de Bizet pues parecería más un nombre griego o italiano que el que regenta ese chiringuito sevillano donde se concentra lo más castizo de su sociedad. Y luego otro tipo de temáticas confrontadas muy comunes: el machismo, los celos, la libertad, el puritanismo…
Carmen es una mujer de armas tomar, seductora, embriagadora, envolvente y se deduce a un guardia militar, don José, que cae rendido a los pies de la fémina como no puede ser de otro modo. Micaela, amiga de siempre de José, es la antiheroína, la antagonista de Carmen, enamorada calladamente de él. Carmen convencerá a su amante para que abandone su carrera militar y se vaya con ella a las montañas a experimentar una vida libertina, al margen de la sociedad y casi de la ley.
Un día llegará Micaela y convencerá a José de que debe volver a casa porque la madre está en las últimas y él se debe a su origen y se perderá, y perderá el amor de Carmen, que le va la marcha y aprovechará para llevarse al huerto a Escamillo, el torero de moda en esa época.
José se enterará de esta traición y en el culmen de la tragedia, en el escenario por antonomasia, en la plaza de toros supuestamente de La Maestranza, volverá a ajustar cuentas con Carmen, fresca, chula, muy mujer y muy libre, y ocurrirá.
Por lo que he estado leyendo, esta ópera en cuatro actos tiene recortes de todo tipo desde su libreto original, hay varias versiones adaptadas. La duración oscila entre dos horas y media y las cuatro, considerando que suele hacerse un intermedio de veinte o treinta minutos.
La ópera es sumamente entretenida, al más fiel estilo de lo que creo que debe ser la ópera, una obra de teatro cantada, los diálogos son muy locuaces y la música pasa a un segundo plano para favorecer el desarrollo de la historia. Luego las arias centrales son muy famosas y mediáticas como ya he referido.
Finalmente debo decir que, considerando la comodidad y las ventajas de ver una ópera en el cine, esta proyección no pudo ser de la mejor calidad, pues es relativamente reciente, la del elenco actoral de la Ópera Real de Versalles, probablemente se grabaría hace un par de años. Al día siguiente del visionado comprobé que se sigue interpretando en París y los actores y cantantes que yo vi han variado muy poco en estos dos años.
Por definir la ópera en general y esta en particular: una gozada.

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