"EL TATUADOR DE AUSCHWITZ", DE HEATHER MORRIS

Me enteré hace no mucho de una polémica que había generado Pérez-Reverte en 2019 con ocasión de las novelas escritas acerca de Auschwitz; al parecer alguien le había preguntado por qué no había escrito algo acerca de este subgénero dentro de lo que fue la 2ª Guerra Mundial y todo lo ocurrido en los campos de concentración nazis, y no sé si con más o menos acierto afirmó que «ya no quedan personajes libres».

La crítica, no sin cierto tono irónico, respondía más bien a una falta de rigor y también a una excesiva comercialización del dolor, y no le falta razón en parte, más por lo primero que por lo segundo, porque seguir rebuscando en historias increíbles de supervivencia y superación no vienen mal de vez en cuando sobre todo por aquello de que debemos aprender de nuestro pasado para intentar que no se repita, y triste y lamentablemente se repite, no obstante, sí que es cierto que ha habido mucho invento alrededor de esta temática, yo he leído alguna novela de ese perfil, incluso algún que otro autor o autora españoles, convirtiendo en lectura demasiado ligera unas historias que merecen mayor respeto y veracidad.

A mí, sin duda, es un subgénero que me gusta abordar, las historias de superación me llaman la atención, la empatía que siento por las víctimas que provocó este holocausto, esta tropelía…, me ayudan a interpretar el mundo siempre con una sensibilidad distinta, y aunque hacía tiempo que no leía una novela de campos de concentración, esta que además es una sobre profesiones o personajes a los que aludía Pérez-Reverte, me pareció interesante leer, porque en descargo de ella esta es una historia real.

En «El tatuador de Auschwitz», la autora, Heather Morris, una escritora neozelandesa, nos cuenta la historia de Lale Sokolov, originariamente Ludwig Eisenberg, y la que sería su esposa tras la liberación de Auschwitz-Birkenau, Gita Fuhrman, ambos eslovacos y que tras diversas vicisitudes al fin de la Guerra se establecerían en Australia.

El tatuador no era otro que Lale, el llamado Tätowierer, pudo haberle tocado a otro, pero le tocó a él, alguien tenía que hacerlo; y de hecho, muchas de las personas que se salvaron de los campos de concentración lo hicieron por azar, no por haber hecho nada especial, tal vez el tener esa función sí que le hacía, de algún modo, imprescindible; pero él mismo recuerda que tampoco le garantizaba nada, puesto que su antecesor fue ejecutado, y el ayudante que tenía, aunque sobrevivió fue objeto de uno de los experimentos del perverso doctor Mengele.

Sin mayores conocimientos, le tocó a él ser elegido para esa profesión, aprendiendo de un judío francés, del que los nazis se deshicieron al poco tiempo. Su tarea no requería de especiales habilidades artísticas, puesto que lo que se tatuaba no era otra cosa que números, los números asignados a todos los presos de los campos de concentración.

Sí que hay una parte relevante que diferencia esta novela de otras acerca de esta temática, y es que la cierta libertad que tenía Lale en los campos de Auschwitz-Birkenau le permitió haber tenido contacto de primera mano con esos famosos personajes siniestros que pasaron a la historia por su crueldad, como fue el referido Mengele, el comandante responsable Rudolf Hoess, o el jefe de subcampo Johann Schwarzhuber, los más conocidos por el nombre.

Es inevitable en una historia que se desarrolla en ese escenario de horror que la autora relata mediando el testimonio del protagonista Lale, que se refleje una realidad siempre sobrecogedora, aunque no es de las novelas que más se recrea en ello; es también una historia de amor, de supervivencia y de solidaridad.

El cierto privilegio que tenía por hacer lo que hacía permitió a Lale moverse con cierta libertad, con su maletín a cuestas en el que llevaba el instrumental para tatuar, algo, el tatuaje, que es profundamente perverso en aquellos campos de la muerte, donde los seres humanos dejaban de ser tales y se convertían en números, en ganado. Y Lale relata detalles que pudo ver de primera mano: los muertos hacinados en las cámaras de gas, las experimentaciones del despojo de Mengele, el uso de las mujeres para goce de los soldados o los asesinatos caprichosos y arbitrarios, una posibilidad sin reparos que tenía cualquiera que portara un arma.

No obstante a Lale le da su situación de libertad con matices ganarse alguna confianza con su kapo, aunque en un equilibrio muy endeble, y eso le permitió enamorarse a primera vista de Gita, alimentando y reforzando su idilio y su amor posterior con promesas de futuro y de cerrar una página terrible cuando salieran de allí, si salían.

La historia de solidaridad es más que entrañable ya que Lale consiguió comprar artículos del exterior, principalmente comida, el bien más preciado; conseguía canalizar donaciones de joyas o dinero de muchos presos que lo habían escondido y que obviamente casi no había esperanza de que lo pudieran usar en el futuro, y esa era una buena manera, la única, de materializarlo. Lale logró intercambiar esos elementos por comida a través de trabajadores que venían cada día al campo: salchichas, chocolate o algún que otro capricho para los kapos era un gesto humanitario que permitía aunque fuera mínimamente que mucha gente tuviera algo más que llevarse a la boca.

Su vida, como la de cualquiera que estuvo tan cerca de aquel infierno, corrió peligro, en el caso de él de forma muy palpable porque llegarían a descubrir, probablemente por un soplo, que escondía las joyas con las que comerciaba en su camastro, y a punto estuvieron de ejecutarlo, pero medió una kapo a la que había ayudado previamente y eso le salvó.

También se narra el caos que supuso la liberación del campo por los rusos y cómo en aquellos días de descontrol Lale y Gita se separan y comienza una odisea para reencontrarse. Gita vuelve a Bratislava para empezar a retomar una normalidad tras años de estar fuera del mundo. Lale, por su parte, llega a trabajar para los rusos como traductor y al tiempo conseguirá volver a también a Bratislava donde finalmente logrará encontrar a su amada.

«El tatuador de Auschwitz» es una novela necesaria para quien quiera seguir ilustrándose sobre lo ocurrido en los campos de concentración, por si todavía hay alguien por ahí que lo duda, tipo negacionista, no es lectura fácil pero tampoco es de las que se cebe en escenas que te remueven el estómago.

Comentarios