SIMON DAUM, MÚSICA PARA REFLEXIONAR EN TIEMPOS DE RECOGIMIENTO

He de decir que de un tiempo a esta parte mi descubrimiento de nuevos compositores de la música New Age tiene dos compañeros de viaje más, sendas fuentes que me permiten seguir sumergiéndome en este universo tan inabarcable como escondido a la vez. Uno de los artífices de mi impulso de búsqueda es Javier Bedoya, de la web lostfrontier.org, de la que algún día haré una reseña en condiciones, básicamente porque lleva treinta años difundiendo estas nuevas músicas a través de un programa que primero fue de radio y después emitido en su web y en otras plataformas de streaming, habiendo realizado más de mil programas a día de hoy, y lo que le quede, de dos horas de duración, descubriendo lo mejor de la música de vanguardia; si no lo ha abarcado todo poco le faltará, así que todos mis respetos y en su momento le haré todo un homenaje.

Dicho esto, me he propuesto y por ahora lo voy consiguiendo ir reseñando autores que me han llamado la atención sobremanera, me voy apuntando en un archivo lo que me ha conmovido últimamente y con cierta regularidad lo abordo aquí. Este compositor, Simon Daum, lo escuché con toda seguridad en uno de esos programas de lostfrontier.

Si la música no tiene parte de mística en muchas ocasiones es que no estamos bien ubicados, la música es consustancial a todo lo humano y cualquier escenario y situación tiene una música, desde la vida hasta la muerte, y la espiritualidad también, las iglesias, monasterios, celebraciones religiosas, la propia Semana Santa tiene en la música una herramienta para alcanzar una cercanía con lo divino, con las creencias.

Es la Semana Santa y no otro acontecimiento la que sirve de vehículo a Bedoya para regalarnos cada año un episodio especial que él denomina «La noche más oscura» y del que ya lleva dieciocho episodios. Esa noche más oscura no es otra que la que representa la jornada de la muerte de Cristo, para buena parte de la humanidad un referente para la llevanza espiritual de nuestro ser; días de algún modo los de Semana Santa que aunque sea mínimamente te proponen cierta reflexión e introspección.

Y Simon Daum me llegó al alma desde el primer momento que lo escuché, y que conste que no me mueve una espiritualidad divina, es algo más personal lo que me conmueve y me arrebata al escuchar la música de Daum. Es una verdadera bendición escuchar su música, en los últimos años este compositor alemán nacido en 1980, pianista de origen y educación, se ha especializado en un estilo musical muy sui generis, es música ambiental que podríamos enmarcar en una serie de subtipos que dan una idea con su propia exposición de a qué me estoy refiriendo: música espiritual contemporánea, sacra moderna, coral meditativa, minimalismo sacro, litúrgica, coral ambiental, incluso neoclásica atmosférica.

Puede que ahora esté en un momento de mi vida muy crítico y este estilo de música me llega de una forma más lacerante, sí, de algún modo hiere, pero es porque me emociona, me hace llorar, porque me obliga a reaccionar, y eso es bueno. Lo he comentado en este blog en más de una ocasión que me gustaría por un momento experimentar cómo ve el mundo cualquier persona de mi alrededor, porque sólo tengo una percepción del mundo, la mía, y envidio a las personas que, por ejemplo, tienen fe; pero eso no me roba espiritualidad, busco respuestas a todo aunque no las encuentre; y estoy tranquilo, sereno, es la paz interior en momentos de inmensa zozobra, creo que uno tiene que marcarse su propio camino en la vida, ser fiel a sus principios, aprender de los errores, no desviarse de ese sendero vital, porque cualquier falla en ese plan nos trunca el auténtico destino que merece la pena en la vida, el amor.

Es evidente que la contribución de Simon Daum a la música sacra no es gratuita, pues no solo es creyente, pertenece a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, sino que su fe está vinculada a una hecho concreto y es que ha pasado por experiencias personales muy duras que han moldeado su música. Su espiritualidad le ayudó a superar una enfermedad grave: la Sensibilidad Química Múltiple (MCS), que lo mantuvo postrado en cama tiempo atrás y le obligaba a componer desde un balcón incluso en invierno para poder respirar aire puro, su música es un acto de resiliencia y sanación, así como una forma de procesar el sufrimiento a través de la esperanza, sea religiosa o en uno mismo.

Su música es un puente para conectar con la espiritualidad, sea cual sea la que cada uno tenga, puede servir de entretenimiento pero también de terapia, de servicio, porque ante todo intenta hacer unas composiciones que iluminen la vida interior del escuchante.

Aunque en los primeros discos de Daum podríamos decir que se trataba de un músico New Age normativo, ha sido en los últimos años cuando se ha focalizado en la música sacra, tales son las dimensiones de este proyecto que ha creado junto con el músico Patrick Lenk, el sello discográfico Audio Sanctum, un nombre que es toda una declaración de intenciones; sello especializado en música sacra, cantos gregorianos y piezas instrumentales profundas.

En muchas composiciones aparecen coros con voz femenina pero es precisamente Lenk el que pone su voz a las composiciones, tiene unos registros muy amplios, las consigue modular, y luego superpone capas y texturas de tal manera que pareciera un auténtico coro proporcionándonos un paisaje sonoro sublime.

Muchas veces me digo que el título de muchos temas musicales, especialmente los ambientales, los que no tienen letra, son notablemente erráticos, tienen sentido para su creador, al escuchante apenas le evoca nada su título en no pocas ocasiones; pero los títulos de los temas de Simon Daum no pueden ser más acertados, «Touched by the divine» (Tocado por lo divino) es un ejemplo perfecto de lo que evoca este fabuloso tema, «From above» (Desde arriba), «Inner knowing» (Conocimiento interior), «Come unto me» (Ven a mí), o este otro algo más reflexivo «The tragedy of ignorance» (La tragedia de la ignorancia).

Sin duda Simon Daum es un músico que no deja indiferente, su música no es para oírla, es para escucharla, hay que realizar un acto volitivo y dejar que llegue a ti y notes que te dice algo.

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