"LA PREGUNTA 7", DE RICHARD FLANAGAN

Aparece en el prólogo de este libro la cita o epígrafe del Hobart Town Mercury, un diario de la isla de Tasmania en Australia, extraída de una reseña de Moby Dick, tras su publicación en 1851 que dice: «El autor no ha dado aquí a su esfuerzo el beneficio de saber si lo que nos presenta es un relato histórico, autobiográfico, una crónica periodística, una tragedia, una historia de amor, un almanaque, un melodrama o una fantasía. Puede ser miles de cosas, o no. La pregunta, hecha queda, pero ¿dónde está la respuesta?»; y es que es toda una declaración de intenciones de lo que es el libro en sí, porque novela estrictamente no es, pero se mueve en ese terreno indefinido del relato, del cuento, del ensayo y de la autobiografía.

Es Richard Flanagan uno de los novelistas australianos más reputados de este siglo y se ha ganado a pulso su prestigio en aquel país, numerosos premios lo avalan, incluso este «La pregunta 7», con el que logró el premio Baillie Gifford para libros de no ficción en 2024, aunque lo sacara al mercado el año anterior. Tal vez menos conocido en los países no anglosajones dicho literato, con este la editorial Libros del Asteroide, una de las que más confianza me ofrecen últimamente, ha dado otra vez en el clavo.

Quizás el título desoriente un poco como lo hace su estructura en general, porque aunque se inicia como una novela, tiene más peso el ensayo. Y es que cabría, por curiosidad, saber a qué se refiere con esa intrigante «pregunta 7»; la comento aunque no nos hace salir de dudas en puridad, es mucho más profundo. La pregunta simple es ¿quién ama más tiempo?, y entre paréntesis se podría añadir si un hombre o una mujer, aunque es más sofisticado que eso, por cierto extraída incidentalmente de un relato del novelista ruso Antón Chéjov. Y es que ese concepto del amor ni siquiera es de pareja, parece que por definición el prototípico, es un concepto más amplio, es el amor a los orígenes, a la naturaleza, a la paz, a la amistad, a la familia. La respuesta: no hay respuesta.

Flanagan comienza ofreciéndonos el recuerdo de su padre que combatió en la 2ª Guerra Mundial y que fue apresado por los japoneses, los cuales tenían sus propios campos de trabajos forzados; esto tampoco ha llegado a Occidente o muy levemente, y es que pasa actualmente, cuanto más alejado geográficamente esté el foco de atención menos nos interesa. En esa primera toma de contacto, el escritor, quiero creer que autobiográficamente, vuelve a Japón para buscar respuestas, incluso arrepentimientos, un resarcimiento por el dolor que sufrió su progenitor.

Pero lo que encuentra es algo más siniestro, es el legado, que también ha sido bastante acallado en los países occidentales de un país, que por su propia cultura, llevó con silencio y resiliencia no ya ser perdedor de aquel conflicto bélico, sino el de haber visto como se forzaba su rendición con las destructivas bombas de Hiroshima y Nagasaki. En todo caso, el pueblo nipón es educado como pocos y no encuentra rechazo a esa búsqueda de respuestas y sí resignación y hasta vergüenza.

Ahí es donde la pregunta entra en acción y es cuando Flanagan da un giro de guion y despliega buena parte de la historia de los científicos de principios del siglo XX que centraron sus conocimientos en una carrera armamentística que pretendía diseñar armas de destrucción masiva, no con la intención de hacerlo en esencia sino como símbolo de poder para amedrentar al enemigo; el problema es que se utilizó con evidentes consecuencias luctuosas, algo de lo que nos habla la película «Oppenheimer» que a buen seguro visionaría el autor. En esta película se muestra el mal menor que supondría lanzar las bombas atómicas para evitar muchas más muertes, algo que es una evidente perversidad argumental y que se pone de relieve en dicha cinta.

Aquí nos da el punto de vista de varios científicos, atravesando también por las novelas del visionario H.G. Wells que en 1914 predijo en su novela «El mundo liberado» las grandes guerras, las armas radiactivas y la escalada bélica a consecuencia de ello.

Se centra fundamentalmente en el científico húngaro de origen judío Leo Szilard, que participaría con los estadounidenses en el diseño de esas terribles armas y que sería de los primeros en ser profundamente crítico con su uso. Es el punto en que vamos acogiendo el verdadero fin del libro, que es pacifista ante todo.

Por otra parte, y de un modo aparentemente inconexo el libro nos lleva gravitatoriamente a la isla más importante de Australia, Tasmania, de donde es el autor, y nos plantea otra de las grandes baterías de problemas de la humanidad, tal vez en contraposición al amor que es la respuesta a todo, y es el de la soberbia, el supremacismo, el imperialismo, la colonización. Australia es un país marcado por la inmigración y por la ocupación de colonos británicos, algunos de ellos convictos, incluso otros eran llevados como presos a las cárceles que en los primeros años de colonización instaló el Imperio allí. Lo que viene después es un sometimiento brutal de los pueblos aborígenes, del que a duras penas se le ve la luz hoy, relegadas la mayoría de etnias al ostracismo. Lo que ocurrió también es que algunos de esos colonos se mezclaron con esos pueblos indígenas y su descendencia también ha sufrido el racismo de cierta intensidad por su mestizaje.

En otro giro argumental Flanagan nos lleva a esa Tasmania natal que viene siendo el centro gravitatorio espiritual de su ensayo y nos ilustra acerca de ese auténtico genocidio que los británicos proyectaron contra toda la población autóctona.

Finalmente, casi como una separata, o como un cuento, el autor nos narra cómo cuando era joven estuvo a punto de morir al volcársele una canoa en el río Franklin, y después de varias horas de lucha fue salvado milagrosamente. A su salvador ni siquiera pudo amarlo como amigo después.

Es un libro que inspira mucho, que nos mueve a la reflexión acerca de temas de debate que hoy están plenamente vigentes y de forma latente esa pregunta 7 que no tiene respuesta, nadie ama más que nadie, aunque la respuesta tal vez la tengamos nosotros dentro, y es que hay que amar, amar por encima de todo, amar sin medida, y no dejar nada para mañana, con todas las formas de expresarlo que uno tenga a su alcance.

Por cierto que el epílogo nos da una revelación acerca de la razón de la estructura del libro, y es que se trata de una selección de artículos, ensayos y conferencias del autor, publicadas en diferentes medios; tiene un potente poso filosófico.

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