MANCHESTER COLLECTIVE: CUANDO LO CLÁSICO CAMBIA DE PIEL

Nuevamente viene este grupo de música clásica alternativa, por ponerle una etiqueta a un género que no tendría que etiquetarse, como una apuesta mía de algún momento pasado que quedó apuntada en una lista de necesidades de saber más de él, aunque no recuerdo el origen de aquel compromiso.

Se ve que en mi fuero interno, de haber tenido una cultura de música clásica, que apenas la tuve, porque ni se escuchaba en mi casa ni yo luego reforcé eso cuando tuve oportunidad, lo cierto es que nunca me desagradó; el asistir a un concierto en directo es pura magia, lo que ocurre es que llegué tan tarde que me quedé con la evolución, es decir, me llaman más la atención los compositores de música orquestal del siglo XIX, XX y este que los anteriores, quizá tenga una extraña sensación, una especie de pensamiento supremo de que cuando escucho algo nuevo y diferente puedo adelantarme al futuro. Eso desde luego y otra razón es la pura curiosidad, el saber hacia dónde se mueve la deriva actual en la música, sorprendiéndome a la vez de que aún puede haber terrenos por explorar.

Y claro que la música orquestal también se podría hacer con gente en chándal, en vaqueros, con personas tatuadas, con rastas, con piercings, en chanclas…; eso tal vez separa al gran público del más selecto que acude a conciertos; ni se te ocurra ir de etiqueta al Concierto de Año Nuevo en Viena, y desde luego la orquesta tiene que ir con una vestimenta muy estricta.

Pero la música y los instrumentos no entienden de etiquetas, no tienen esos sentimientos ni esos principios, da igual que un piano lo toque alguien con un riguroso traje negro que una chica en shorts y con un septum en la nariz. Y de eso se trata, en cierta forma, el espíritu de Manchester Collective, el grupo que hoy traigo a colación, música clásica sí, y compositores actuales también, pero tocada por gente joven que no necesariamente tiene que ir como un pincel, son alternativos y eso, de algún modo, se proyecta en sus discos.

Obviamente el proyecto musical se gestó en Manchester y el añadido «Collective» ya era toda una declaración de intenciones, como una especie de grupo no permanente o sin componentes fijos, dando la impresión de que así pudiera fluir más, no ser tan estático y ser más permeable a tendencias y a las sensaciones que tuvieran los que lo dirigieran en cada momento.

Nació en 2016 principalmente del impulso de la violinista y compositora Rakhi Singh y el violonchelista y gestor cultural Adam Szabo. La base de su idea era una especie de intransigencia contra el ecosistema clásico institucional imperante en todo lo que suena a tradición establecida. Así que por qué no romper un poco, por qué no acercar la música clásica a los jóvenes o a esos que jamás han ido a un concierto por parecerles demasiado reglado, impostado; así que la idea era hacer puestas en escena más rompedoras, radicales, intensas, más físicas de algún modo, más directas al público.

Un concierto es clásico más allá de la música, lo es en sitios concretos, los músicos visten de tal manera, todo es excesivamente formal e incluso los repertorios por más bellos que sean son previsibles, no emocionan porque no sorprenden, con lo que hay una distancia evidente entre intérpretes y público.

La primera etapa fue muy precaria: pequeños conciertos en Liverpool y Manchester, actuaciones en espacios alternativos y una estructura flexible de músicos colaboradores. Pero precisamente esa flexibilidad terminó convirtiéndose en una de sus señas de identidad.

Y así fue poco a poco haciéndose Manchester Collective, un proyecto que huye de ser como una orquesta fija tradicional. Es un colectivo mutable o «shape-shifting ensemble» (literalmente conjunto que cambia de forma), como ellos mismos se describen. Esto es, el núcleo cambia según el proyecto: puede haber cuarteto de cuerda, ensemble de cámara ampliado, electrónica, voces, danza o instalaciones visuales.

Probablemente sus repertorios en sus conciertos en directo disten sustancialmente de lo que yo he podido escuchar por los discos que tienen editados. En vivo imagino que pueden interpretar alegremente de entre un elenco de compositores inmenso, clásico de hace siglos o más moderno, en cualquier caso, todo tiene ese aire desenfadado de intérpretes poco convencionales que le dan un aire jipi al entorno. De hecho, en sus espectáculos al aire libre juegan con efectos de luz, sonido, agua, coreografías, es algo más visual e impactante que un mero concierto histórico. En sus primeros años daban conciertos en almacenes, fábricas, clubes nocturnos, espacios industriales...

Ahora bien, me tengo que centrar en lo que yo he escuchado, y sin duda, sin tener ese referente del primer momento que los escuché, aunque sí pueda saber de dónde procede ese recuerdo original y a mí me vienen al oído compositores del siglo XX y eso me llamó mucho la atención, e indagué en los discos que ya habían producido, gente tan modernísima y la mayoría desconocidos para mí como Hannah Peel, Moor Mother, Vijay Iyer, Kelly Moran, Oliver Leith o Abel Selaocoe, todos ellos vivos y algunos muy jóvenes.

Luego me puse a escuchar cronológicamente y sus primeros discos sí que tenían música clásica tal cual con cierta reinterpretación, incluso improvisación, como Bach, Tchaikovsky, Arvo Pärt (al que ya traje a este blog, Steve Reich...

De esos primeros discos ya se han aposentado en esos compositores vanguardistas que antes he citado, y algunas de esas composiciones son cantadas, voces de ópera, bellas, profundas y complejas, que no puedes parar de oír. Mezclas de música contemporánea y experimental, minimalismo, algo de electrónica, una pizca de jazz ambiental y sonidos alternativos, repertorio clásico reinterpretado; todo un cóctel multitarea para deleitar los oídos.

Abel Selaocoe
En cierto sentido, están más cerca del espíritu de ciertos festivales alternativos o del post-rock experimental que de una orquesta de cámara tradicional, aunque técnicamente sus músicos procedan del máximo nivel académico británico. Esa mezcla de rigor y radicalidad es precisamente lo que los ha convertido en una referencia internacional.

Y por quedarme con alguno de esos compositores e intérpretes del grupo, destacaría al sudafricano Abel Selaocoe, violonchelista y negro, o sea, que separado lo abordas, pero junto no, o lo que es lo mismo, nunca habrás visto un violonchelista negro. Un tipo que con su música convierte el chelo en un instrumento casi tribal, vocal y rítmico. Sobre el escenario desborda carisma, riesgo y una libertad creativa poco habitual en los circuitos clásicos. Su propuesta diría no busca fusionar por moda, sino ampliar el lenguaje de la música académica desde una identidad no eupea, porque más allá de lo occidental existe mundo.

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