Inicié este libro hace bastantes meses, diría que incluso más de un año. Es la última gran obra, por su volumen, que he terminado de leer en esta etapa de mi vida que, por diferentes circunstancias, va llegando poco a poco a su final. Me embarqué hace varios meses en un proyecto un tanto infame: el de abordar textos complejos, de muchísimo recorrido, peso y de una densidad y temática francamente complicadas. Con Solenoide, de Mircea Cărtărescu, creo que cierro definitivamente ese capítulo.
He de decir que el viaje ha tenido bastantes altibajos, no solo con esta obra, sino con otras que la precedieron. Sin embargo, la meta al final era un destino tan necesario como codicioso, y hoy me llevo una enorme satisfacción de esta aventura que concluyo.
Y llego a esta meta justamente ahora porque, aunque mi idea inicial era haber terminado este libro más adelante, leyéndolo con cierta lentitud, descubrí no hace mucho que el autor rumano es uno de los candidatos que más suena para el Premio Nobel que se anunciará este próximo mes de octubre. Así que me empeñé en terminarlo cuanto antes. He tenido que hacer un esfuerzo ímprobo, apretando el paso en una recta final superacelerada, para poder llegar a tiempo y publicar hoy esta reseña.
Tal vez el gran truco de la obra reside en que no te das cuenta del reto al que te expone Cărtărescu hasta que ya llevas bastantes páginas leídas. Es solo al cabo de un tiempo cuando finalmente aterrizas en sus páginas y comprendes el juego que propone. En mi caso, lo acepté por completo; y fue a partir de ese instante de entrega cuando pude empezar a leer con una libertad muchísimo mayor, porque se requiere libertad para su interpretación.
Y es que no nos encontramos ante una novela al uso. Solenoide es más bien un documento híbrido, un artefacto que late entre el relato, la poesía, la filosofía y, sin duda alguna, una buena dosis de ensayo. Se trata de un libro auténticamente enciclopédico, un esfuerzo titánico y poderosísimo por parte de Cărtărescu para invitarnos a la verdadera aventura de su vida: un viaje que no es únicamente literario, sino visceralmente personal.
Bajo el título de Solenoide, Cărtărescu nos embarca en una odisea personal cuyo nombre no es casualidad. En la portada y en el corazón del relato destaca esa vivienda singular en la que habita el protagonista: una extraña y surrealista casa con forma de barco, construida sobre la maquinaria ideada por el inventor de un solenoide. Este mecanismo actúa como una fuente de energía misteriosa que no solo impulsa el inmueble, sino que se conecta con la propia ciudad de Bucarest, constituyendo uno de los seis nodos magnéticos sobre los que se asienta el pulso de la ciudad.
A su vez, es imprescindible encuadrar el libro en una época oscura y convulsa de la historia contemporánea de Rumanía: los años de la dictadura comunista de Ceaușescu. El autor nos narra su infancia y juventud bajo esa fórmula política tan particular, evocando pasajes que, inevitablemente, me han hecho resonar con mi propia niñez. Y es que a pesar de las distancias —y de que Cărtărescu sea unos diez años mayor que yo—, en buena parte de Europa compartimos por entonces ese despertar hacia un tímido bienestar, siempre acompañado de marcadas limitaciones que en la Rumanía de aquel tiempo, desde luego, se hacían sentir con mayor dureza que en España.
Dentro del desbordante surrealismo que empapa cada página, destaca de manera sobria ese empeño enciclopédico del escritor por desnudarse ante nosotros. Cărtărescu nos cuenta su vida a través de su obra, una creación profundamente impregnada de lírica que resuena con especial fuerza en varios de los 51 capítulos que vertebran esta mole literaria. A lo largo de sus páginas, el libro aborda un abanico temático tan ingente, vasto y polifacético que resultaría casi inútil, además de vertiginoso, pretender resumirlo aquí.
Sin duda, el mejor resumen y acercamiento para descifrar esta obra se encuentra en el posfacio que cierra el libro, titulado «La dimensión solenoide» y firmado por el crítico literario Marius Chivu. En sus páginas se realiza un valioso esfuerzo de síntesis ante un texto colosal, rebosante de datos, imágenes, reflexiones y conceptos.
Lo más revelador de este texto final es cómo Chivu logra plasmar una idea que yo mismo he ido macerando durante toda la lectura: la enorme complejidad del libro y su naturaleza deliberadamente abierta a múltiples interpretaciones. Cada lector que se acerque a Solenoide experimentará sensaciones únicas y se verá sacudido por inquietudes completamente distintas, porque el libro actúa, en sí mismo, como un espejo de la propia sensibilidad de quien lo recorre.
Desde la perspectiva de la trama más novelada, podemos afirmar que Solenoide es la reescritura monumental de la vida del propio Mircea Cărtărescu. Con el centro gravitatorio fijado en esa casa surreal con forma de barco —erigida sobre el foco de energía magnética del solenoide—, nos encontramos con un protagonista que ejerce como profesor de lengua y literatura rumana en un colegio de barrio periférico.
Un profesor que imparte clases casi a desgana, pues su existencia habita en un plano mucho más trascendente: el de su devoradora vida interior. No debemos olvidar que estamos ante una obra de una introversión absoluta y profundamente íntima, donde el narrador se siente arrastrado y fatigado por el fracaso primigenio de su vocación literaria. Para compensar esa frustración y ese vacío existencial, Cărtărescu despliega una vida mental de una riqueza inagotable, en la que cada episodio, por cotidiano que parezca, es narrado con una poesía infinita y una sensibilidad sencillamente desgarradora.
Tampoco podemos olvidar algo que, en lo personal, se ha convertido en una de mis facetas favoritas de la lectura: cuando nos topamos con autores tan intimistas, de una prosa impecable y una cultura tan desbordante, el texto te exige estar a la altura. Casi te obliga a emprender tu propio trabajo de indagación. Y Solenoide rezuma literatura por los cuatro costados, pero también cine, filosofía y un fino costumbrismo. Cada uno de sus renglones suscita eco de otros escritores y me abre una puerta hacia escenarios e itinerarios culturales que no tenía planificados, pero que estoy deseando empezar a explorar.
A ver, tampoco puedo negar que hay partes que no me han gustado nada y que me han resultado francamente soporíferas. Es, en el fondo, el peligro inherente a las obras tan marcadamente personales e intimistas: me he topado con capítulos que han sido un verdadero tedio.
Por otro lado, creo que, por mucho renombre o consagración que ostente un escritor, debería mantener cierto respeto hacia quienes le leen, cuidando las formas ante esa «clientela potencial». Me refiero, en concreto, a un capítulo especialmente surrealista e incomprensible donde Cărtărescu nos impone un juego de una ironía desmedida, repitiendo a lo largo de varias páginas —casi seis mil veces seguidas— la palabra «¡Socorro!». Con el libro entre las manos, sinceramente, esa chanza me pareció poco elegante, informal y casi una tomadura de pelo.
Es verdad que terminarás perdonándoselo porque el cómputo global de la obra merece la pena, pero tropezar, dentro de sus casi novecientas páginas, con un bloque de diez o doce folios dedicados a semejante letanía resulta del todo fuera de sitio y muy poco edificante para el conjunto de la novela.
Solenoide vio la luz en su idioma original en 2015 y llegó a las librerías españolas en 2017 de la mano de Impedimenta. He de decir que, en líneas generales, la traducción está muy lograda, aunque con algún tropiezo puntual; en cualquier caso, haber trasladado esta mole al español representa un logro titánico debido a la tremenda complejidad estructural del texto y a la riquísima exuberancia de su vocabulario. Es de justicia reconocer ese esfuerzo colosal a su traductora, Marian Ochoa de Eribe.
A modo de conclusión, este libro supone el gran compendio literario de un autor a quien sigo la pista desde hace ya varios años y que, sin lugar a dudas, ha acumulado méritos más que suficientes a lo largo de su carrera para situarse entre los firmes aspirantes al Premio Nobel. Aguardaremos con verdadero interés el fallo de este otoño para comprobar si finalmente se alza con el galardón.

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