domingo, 23 de mayo de 2010

"ESCAPE DE SOBIBOR", DE JACK GOLD

Me estoy aficionando últimamente a leer libros y ver películas relacionadas con la 2ª Guerra Mundial y con más concreción, aquellas que tienen que ver con la barbarie cometida por los nazis sobre el pueblo judío. En esta ocasión voy a reflexionar acerca de una película que he visto hace poco, la cual trata de raíz esta temática y que, además, tiene un marco que me suele gustar mucho; y es que siempre me ha llamado enormemente la atención aquellas que se desarrollan en cárceles, en campos de concentración y que, sobre todo, abordan alguna fuga.

A la película “Escape de Sobibor” llegué a través de otra, la famosa y aclamada serie de televisión “Holocausto”, en esta se reproduce un pasaje de este extraordinario acontecimiento, que no es ni más ni menos que la fabulosa epopeya que protagonizaron los prisioneros de este campo de exterminio polaco para largarse en tromba de su propia prisión y de casi un trágico destino.

Esta coproducción británico - yugoslava entronca más en el género de los telefilmes, y con esa idea se creó 1987 (los 80 fueron la época dorada de este tipo de formato) aunque luego hiciera sus pases en las salas de cine, ya que su metraje de apenas dos horas permite jugar con ambas magnitudes, la exhibición cinematográfica y la adaptación a la pequeña pantalla como una miniserie, o telefilme en horas de menor audiencia.

Más allá del valor artístico intrínseco de esta película, me ha impactado más la historia y el legado que pretende transmitirnos su director, Jack Gold, el del esfuerzo conjunto de personas normales y corrientes que se transformaron en ejecutores de sus propios verdugos para escapar de una muerte segura.

En este sentido, Gold trata de ofrecer una trama novelesca e historiada, con algunos guiños al amor, a la amistad, al lucimiento moderado de sus actores principales (los medianamente conocidos Rutger Hauer, Alan Arkin y Joanna Pacula), pero sin excesos, todo de forma natural. Es más, creo que con buen criterio en la mente del director y de la producción estaba el disponer de un cuadro de actores no demasiado populares, con la idea de no desviar la atención del espectador. Por eso, se podría considerar que no es una película para actores, sino que los actores se hacen a la película y a la histórica narración de unos hechos.

Se sabe que Sobibor era uno de los campos de exterminio más secretos que tenían los nazis; a él acudían trenes con judíos y prisioneros rusos con la dramática suerte que sabíamos que les deparaba. Sólo se salvaban temporalmente aquellos que trabajaban en los diversos talleres y faenas del campo. Un escaso cuadro de mandos nazis, algo más de una quincena, apoyados por un centenar de guardias ucranianos a sus órdenes, fue sin duda la clave para procurar la fuga más importante de prisioneros de un campo de concentración en toda la 2ª Guerra Mundial. Sabían, sin duda, que liquidando a los mandos de las S.S., habrían amputado su logística organizativa.

Los líderes de aquella gloriosa acción, tuvieron los arrestos de pensar, por un lado, que tarde o temprano les llegaría la muerte y que luchar por huir no suponía un riesgo mayor que el que debían sufrir diariamente y, por otro lado, que para que cualquier intento de fuga fructificase en las condiciones en que se encontraban, pasaba por incluir a los alrededor de 600 prisioneros que malvivían en Sobibor, de tal manera que en la estampida y el desconcierto, muchos encontrarían la libertad, aun asumiendo que otros tantos perecerían, lo que sería un simple anticipo de una muerte segura.

Como decía al principio, personas comunes como cualquiera de nosotros, pintores, carpinteros, zapateros, orfebres, músicos, cocineros..., fueron ejecutando de forma programada a la mayor parte de los S.S., con armas blancas de fabricación casera, e improvisando el necesario valor y fuerza mental para convertirse en verdugos por un único momento en su vida y liquidar a sus opresores.

Se logró que la mayor parte del campo se involucrara en la huida, y aunque muchos murieron por los disparos de los francotiradores y por las minas que rodeaban el recinto; el objetivo se había cumplido y un número importante (las cifras oscilan entre los 200 y 300) consiguió escapar, y lo que es más importante, alcanzar la libertad hasta el final de la Guerra.

Algunos de esos supervivientes dieron testimonio de esta historia, reflejándolo en diversos documentos (libros, artículos...), y algunos colaboraron como asesores directos de esta película, lo que le ofrece mayor realismo y veracidad a este escalofriante relato.

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