martes, 3 de agosto de 2010

LA ESTÉTICA DE NUESTRO SERVICIO POSTAL

Para los que somos aficionados a coleccionar sellos, el mundo postal nos apasiona a la par que solemos ser críticos con cualquier cambio o evolución que se produce en nuestro servicio patrio. Y es que el hecho de coleccionar sellos hace que siempre estemos atentos a nuestro referente en España, Correos, que es el que nos provee de nuestros nuevos sellos cada pocos días, pero también de otras subcolecciones a las que los amantes de lo postal estamos más o menos enganchados: matasellos, ATM, marcas postales...

Precisamente la progresiva transformación de Correos de ser un ente netamente público hacia una empresa que dice ser pública en la que los intereses económicos priman por encima del servicio público, ha hecho que los amantes de la filatelia en general tengamos demasiadas quejas sobre las diversas prestaciones de sus cometidos.

A Correos está claro que ha dejado de interesarle el sello dentado y lo mantiene casi como un reducto trasnochado para tipos rarillos, aunque bueno, creo que somos más de un cuarto de millón de abonados al Servicio Filatélico Nacional y algunos beneficios les reportará nuestra minoritaria afición. Lo cierto es que la venta de sellos en los estancos ha decrecido con los años de forma notable y comprar sellos dentados en una oficina de Correos es a veces una misión imposible. Antes con las etiquetas adhesivas y ahora con los matasellos de “franqueo pagado”, han asumido que el tiempo es dinero y que esto es más rápido y más fácil que cortar unos bonitos sellos dentados ajustando la cuenta para llegar al importe deseado. Quieren cantidad de envíos por encima de la calidad, y eso lo da estas nuevas opciones de servicio que no lo diferencian prácticamente nada de una empresa privada de transporte urgente o de paquetería, luego, ¿dónde está el servicio público?

Es curioso, pero si hoy hecho una carta en un buzón de Bailén, de los cinco o seis que hay distribuidos en su casco urbano, y el destinatario es mi vecino bailenense de la casa de más abajo, la recibirá en dos o tres días, matasellada en Granada. Correos, de igual modo, habrá hecho sus cálculos y habrá pensado que eso de matasellar en cada población de España es una pérdida de dinero para sus arcas y ha generado por zonas los denominados Centros de Tratamiento Automatizado, donde una máquina se encarga de hacer la labor de muchas personas. Total, que se cargaron el coleccionar las marcas postales españolas, e irá a más.

Esto, sin duda, tiene sus desventajas, para empezar que la carta tarda normalmente un día más en llegar a mi casa (qué lejos quedan aquellos tiempos en que algunos carteros veteranos me contaba que repartían mañana y tarde, y hasta los domingos), por ese viaje extraordinario que tiene que hacer para volver a la ciudad desde donde se envió la carta, que las máquinas se equivocan y además son fáciles de equivocar; ya me comentaron mis amigos del Grupo Filatélico Virgen del Carmen de Jaén, que podías enviar cualquier carta con un sello ya matasellado, español o de cualquier otro país que llegaría a su destino con seguridad cierta. Así es, ya lo había intentado en Bailén, y ahora que he estado una semana de vacaciones en Asturias, me he enviado a mi mismo, a mi casa, varias postales con sellos matasellados de Francia, Nueva Zelanda, Gran Bretaña, Filipinas..., y me han llegado todas sin excepción. No creo que a Correos le preocupe especialmente esta simpática triquiñuela. Tan sólo me queda, cuando tenga algo de tiempo diseñar mi propio sello, con mi cara, o la de algún familiar mío, o la de mi perra Lúa, editarlo en impresora y mandarlo tal cual; de hecho, circulan ya diseños muy curiosos de El Fary, Tejero, Torrente y otros personajes que nunca tuvieron su sello auténtico.

En todo caso, como se suele decir “mal de muchos...”, porque según me cuentan, yo no lo he probado todavía, pero lo probaré pronto, puedes enviar una postal desde el extranjero con un sello matasellado y de otro país, que te llegará a casa, porque allí tampoco hay una persona que se fije en esas cosas y las máquinas aún no llegan a ese estricto nivel de sofisticación.

Por si fuera poco, la apatía de Correos también la puedo apreciar en la excesiva tardanza que a veces se acumula con determinados envíos; he llegado a recibir cartas que tardaron más de un mes y medio desde que se enviaron en Albacete hasta llegar a Bailén, y una postal que me envié desde Asturias ha tardado dos semanas y eso que estaba correctamente franqueada (o sea, que las que iban con los sellos de pega han ido más rápidas).

Por último, y como decía al principio, los coleccionistas de sellos somos críticos con Correos, pero en realidad es porque somos unos enamorados del mundo postal y nos gustaría que este servicio funcionara mucho mejor, en realidad con otros criterios bien diferentes, y para terminar lo que no puedo soportar es que Correos esté desdeñando y menospreciando cada vez más su propia imagen, que no puede ser que vea a sus trabajadores, especialmente los que están en la calle, los carteros y carteras, vestidos de cualquier manera, con una estética de turistas con carrito del mercado, que también es feo con rabia, ahora en verano con bermudas y chanclas de la playa. ¿Dónde están sus uniformes?, ¿dónde está la marca Correos? Eso sí lo he visto en otros países, los funcionarios de los diferentes servicios postales van impecablemente vestidos, con sus camisas, polos, pantalones, chubasqueros para la ocasión y gorras; no puede ser que aquí en España nuestros carteros no tengan ninguna distinción, ¿tan bajo hemos caído?, ¿o también es una cuestión de ahorro y economía de medios?

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