martes, 4 de enero de 2011

"MACHAN, LA VERA STORIA DI UNA FALSA SQUADRA", DE UBERTO PASOLINI

¡Feliz 2011! ¡Qué bonito número este 2011! Sí, porque es un número primo, y ya comenté en alguna ocasión que los números primos me apasionan. Por cierto, que para dentro de muy poco trataré otra vez esto de los números primos.

Bueno, pues hace ya prácticamente un año que empecé esta blog, y lo cierto es que me ha gustado y me gusta mucho hacerlo, el buscar temas, analizarlos, pensar de qué voy a escribir en la próxima entrada..., era un espacio libre que había en mi vida y que ahora está ocupado por fortuna con el consolidado hábito de escribir algo cada semana.

Esta pasada Nochevieja festera estaba con mi cuñado y buen amigo José Tomás, el cual me señalaba que el blog era raro y que, por ende, yo también lo era. Desde luego, no me considero una persona rara o extravagante, y sí me gusta conocer y aficionarme a asuntos poco comunes. De lo que se deduce o yo por lo menos así lo entiendo, que el blog no es que sea raro, sino que trata, a veces, de cosas raras, poco comunes, diferentes. De hecho, este blog “A discreción”, nació en su título desde el inicio para tratar “rarezas”, como refleja el encabezado general. Y ello, porque trato de despertar la curiosidad del que lo lee y de que, en la medida de lo posible, no sea un pestiño ilegible, aunque a veces reconozco que pueda serlo.

Para ser fiel a esto y, de algún modo, celebrar este primer aniversario de mi bitácora, debía traer algo raro. Y, ¿a ver cómo suena esto? Una película que trata sobre balonmano, ambientada en Sri Lanka, que es una coproducción italiana, alemana y del referido país asiático, y con el idioma original en italiano.

El título de la película no tiene traducción al español, porque que yo sepa no se ha doblado a nuestro idioma; por tanto, he tenido que visionarla en italiano y con ayuda de un diccionario y con eso de que la lengua transalpina tiene muchas similitudes con la nuestra, he podido ver esta cinta y llevarme una gratísima sorpresa.

Creo que los que me conocen ya saben que me he ido borrando del fútbol para interesarme por otros deportes y, particularmente por el balonmano, del que hasta ahora no había hablado en el blog. Quería que mi primera incursión en el balonmano no fuera para hacer la crónica de un partido o las expectativas de la selección española en el próximo Mundial de Suecia.

Pues me enteré de esta película y allí que me puse a verla, aunque la dirección es del italiano Uberto Pasolini, la mayor parte del rodaje es en Sri Lanka y con actores de esa nacionalidad. Cuando ves una película de reciente producción y de un país desconocido para la mayoría de los mortales, tengo siempre la sensación de que presencio algo fresco, inocente, lleno de vida y de fuerza.

Las condiciones en Sri Lanka, al igual que muchos otros países del mundo escasamente desarrollados, hacen que un grupo de amigos se plantee emigrar a Europa como salvoconducto para su bienestar y el de sus familias, a través de las consiguientes remesas de dinero. Stanley y Manoj son rechazados por la Embajada alemana en su primer intento por emigrar a ese país. Cada vez más agobiados por las deudas y por un futuro sin alternativa en su tierra, encuentran por casualidad en las oficinas de la susodicha Embajada un cartel de un torneo de balonmano que se celebra en Baviera.

Ni cortos ni perezosos, los protagonistas comienzan toda una aventura para tratar de hacerse con una invitación a ese evento deportivo, a sabiendas de que en su país nadie conoce nada de ese extraño deporte, y ello con la única intención de entrar en Europa y escabullirse lo más pronto que puedan. Consiguen falsificar un certificado del Comité Olímpico de Sri Lanka y algunos otros documentos de su Ministerio de Asuntos Exteriores, y logran la tan ansiada invitación del anfitrión alemán.

El primer problema es que el organizador le pide una fotografía del equipo, y comienza otra aventura para buscar camisetas y “voluntarios” deseosos de formar parte de la escuadra y de ese proyecto de vida, que es el de emigrar a un nuevo y venturoso futuro. La noticia difícilmente puede esconderse y comienzan a agregarse al grupo personajes de lo más variopinto y caricaturesco: cincuentones, policías, afganos, pakistaníes, un gigoló y hasta un estafador de medio pelo... El equipo de dieciséis jugadores supuestamente, se va ampliando hasta un total de veintitrés, justificando tan elevado número con la presencia ficticia de un entrenador, un ayudante, un fisioterapeuta, un masajista, un médico, etc.

El momento de la marcha es el más conmovedor de esta producción, por cuanto que todos estos hombres tienen que separarse y despedirse de sus familias, de todos sus seres queridos, y algunos con el encontrado sentimiento de que es un viaje sin retorno.

En el tempo de la filmación se alternan partes serias con otras cómicas, siendo esta parte previsible por lo grotesco de la situación. En Alemania se dispara hasta cierto punto el tono cómico. Son bien recibidos a su llegada y nada más llegar al aeropuerto alguno quiere escaquearse, pero deciden hacer el paripé y dormir esa noche en el hotel asignado, para largarse a la mañana siguiente. Un cambio de planes, no obstante, en la programación de partidos hace que tengan que presentarse a primera hora de la mañana para disputar un partido de un deporte del que prácticamente no saben nada. La imagen es de las que “dan muchísimo el cante” y el resultado final no puede ser más contundente: 72 – 0. En esa dinámica también caen derrotados en el segundo partido sin haber podido meter un solo tanto. Acabada la segunda jornada de competición les surge a este grupo una cierta conciencia de patria y amor propio, al más puro estilo “Evasión o victoria” y deciden continuar en el torneo un día más antes de hacer mutis por el foro.

Ese tercer partido es el de la reafirmación de la falsa escuadra, la inventada selección nacional de Sri Lanka, en un momento del encuentro consiguen un gol de esos que podríamos calificar de churro, ellos ya han vencido, primero han cubierto su sentimiento patrio y a partir de ahí ya están en condiciones de huir. A la mañana siguiente la policía germana entra en las habitaciones de su hotel, a la vista de que el engaño era más que evidente, y no encuentran más que las camas deshechas y las camisetas deportivas.

Lo curioso de esta película un tanto rebuscada es que, al parecer, se basa en un hecho real. Se trata de una producción de 2008, y su director, el italiano Uberto Pasolini, vio la noticia en un diario australiano cuando viajaba por ese país, y esto habría ocurrido en el año 2004. Yo, al menos, no he encontrado datos que desmientan esta historia.

Un Uberto Pasolini para el que esta película es su ópera prima, pero no es desde luego un principiante en esto del cine, si a alguien le suena "Full Monty" hay que decir que este fue su productor.

En definitiva, una película bella e inocente con actores desconocidos, pero que convencen en la interpretación de sus papeles, que no sobreactúan. También nos llevará a la reflexión sobre las dificultades de todo un mundo que desconocemos y que no tiene las condiciones de vida y de perspectivas de futuro de los países desarrollados, y por el que no hacemos absolutamente nada.

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