lunes, 21 de febrero de 2011

"AÑOS DE GUERRA", DE VASILI GROSSMAN

Me he aficionado últimamente a documentarme acerca de la 2ª Guerra Mundial, quizás influyó mi buen amigo Vicente Sáez conversando una noche con él, en la que me mostraba su pasión por este momento de nuestra Historia reciente.

Desde luego, de todas las dimensiones que tuvo esta Gran Guerra, la que más me sigue llamando la atención es la del holocausto o genocidio que cometieron los nazis contra buena parte de las naciones europeas. Sorprende que haya todavía gente en este mundo que no sólo ponga en duda que existiese esta barbarie, más flagrante es que haya personas que conviven entre nosotros que justifican lo que ocurrió.

Me compré este libro pensando que analizaría más detalles truculentos y duros de las actuaciones de los nazis en la Guerra y fundamentalmente sus programas de exterminio en los campos de concentración. Lo cierto es que habla de ello y por más que lo lees no dejas de sorprenderte, eludo los detalles para no herir la sensibilidad de los que leen este escrito, pero cuando uno parece que ya lo sabe todo sobre esto, aparecen nuevos episodios sobre lo que un ser humano en situación de superioridad podía hacer con otro indefenso y sin destino.

No obstante, la parte más importante de este libro es, en realidad, un análisis entre lo novelesco y lo periodístico de cómo se desarrolló en la 2ª Guerra Mundial, el Frente Ruso o Frente Oriental, tal vez no demasiado conocido pero si tan cruento y épico como otros episodios de esta Guerra.

Quizá también me impulsó a adquirir este ejemplar, el hecho de que estaba escrito por un periodista, Vasili Grossman, que se pateó las zonas de guerra in situ, y que con su pluma fue capaz de captar una realidad que hoy nos puede parecer lejana, pero que supuso poner las bases de lo que es hoy nuestra Europa.

De algún modo, los textos de Vasili Grossman son relatos de lo que se vivió en esta Guerra, siendo corresponsal del periódico Krasnaya Zvezda (Estrella Roja). Él se limitaba a escribir sobre lo que veía y es como una fotografía intacta que nos llega hasta nuestros días, sin intermediarios, sin novelistas interpuestos; narra lo que observó, lo que presenció, me inspiro a pensar que bastante exento de carga ideológica. Es cierto que escribía para un periódico soviético, para un bando, y exagera a veces el fervor de su pueblo, luchando contra un enemigo que se creía invencible hasta ese momento, pero de algún modo, he tenido la sensación de estar ante una película en tiempo real de lo que acaeció durante aquellos años en dicho Frente.

El libro tiene un avance cronológico, nace con la narración de las duras condiciones en las zonas rurales de Rusia o Ucrania, quizá la parte más pesada porque sigue una trama novelesca con una profusa aparición de personajes, donde uno a veces se pierde. Y continúa con la llegada feroz y despiadada del ejército alemán. El libro va creciendo tanto en emoción como en interés por el valor histórico que subyace, pues nos acerca periodísticamente a las batallas más importantes acaecidas en el Frente Ruso.

Dedica buena parte de esta obra a la Batalla de Stalingrado, una cruenta, dura y larga lucha en la que participaron más de tres millones de soldados entre ambos bandos. La resistencia del ejército ruso fue una de las claves de la victoria aliada en la 2ª Guerra Mundial, de hecho, aunque se diera por concluida esta Batalla en febrero de 1943, los historiadores están de acuerdo en sostener que aunque que quedaran por delante otros dos años de guerra, Alemania empezó a perderla en Stalingrado (hoy Volgogrado).

Como también he comentado, dedica varias páginas a ofrecernos con su pluma, instantáneas de lo que fueron los campos de exterminio, fundamentándose en el que él vivió de cerca, el campo polaco de Treblinka. Insisto, el caudal de detalles que ofrece sobre las barbaridades que eran capaces de cometer determinados humanos, es susceptible de remover cualquier corazón, a la par que uno reflexiona sobre qué clase de impulsos llevaban a animales con apariencia humana a llevar a cabo impunemente actos que, repito, obvio comentar porque estoy seguro que más de uno vomitaría.

Concluye el libro con un agridulce final, el del avance de las tropas aisladas sobre toda Europa ante la derrota y retirada alemana, llegando hasta la misma Alemania. Fueron momentos de alegría para tanta gente que era liberada del yugo y la opresión, pero también de tristeza por ver a todo un continente deshecho, salpicado con millones de muertos y con tantísimo horror instalado en las mentes de los que estuvieron cerca de la Guerra y afortunadamente sobrevivieron.

Grossman fallecería en 1964, pero dejó tras de sí un magnífico legado literario de una época convulsa, siniestra y complicada de nuestra Historia contemporánea, que creo que merece la pena revisar, especialmente por aquellos que olvidan o les gusta olvidar.

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