domingo, 29 de mayo de 2011

PUZLES Y CHORRADAS QUE SE ME OCURREN

No es que sea una de mis grandes aficiones pero siempre tengo en mi casa un puzle (denominación correcta en español del término anglosajón puzzle) en marcha o pendiente de realizar, y esto desde hace muchísimos años. Como digo, al no ser un fanático de este mundillo a veces los puzles se me eternizan durante años.

He aprovechado que he entrado en barrena recientemente, metido de lleno en la resolución de uno que tenía aparcado desde hace más de dos años, para sacar esta entradilla y comentar algunos detalles de esta afición que, a riesgo de ser un poco friki (de ahí la alusión en el título a las chorradas que se me ocurren para hacer este articulillo), está ampliamente extendida por todos nuestros hogares, porque ¿quién no ha hecho o comprado alguna vez un puzle?, ¿quién no se ha parado en las estanterías de la sección de juguetes de un centro comercial a ver los puzles?

La simpática traducción que se dio originalmente en español, rompecabezas, no me parece un término del todo acertado, en todo caso, es irónico. De ser cierto y literal ese término no regalaríamos este juego a los niños, y ocurre todo lo contrario, que nuestros pequeños disponen en sus primeros años de sencillos puzles que, a veces, somos los mayores los que resolvemos. Y optamos por este juego porque sabemos que fomenta la creatividad, desarrolla el intelecto y que en los niños favorece en la manipulación de pequeñas piezas, lo que se denomina la motricidad fina.

Haciendo un poco de historia, lo que parece un juego de toda la vida es, en realidad, una invención relativamente reciente. Fue en la Inglaterra de inicios del siglo XX cuando la aristocracia británica comenzó a aficionarse a este juego y se reunían familias enteras o grupos de amigos para hacer puzzles, por aquel entonces hechos de madera y realizados en carpinterías de forma artesanal.

A principios de la década de los 60 del pasado siglo es cuando este negocio adquiere la magnitud que hoy conocemos, realizado en cartón piedra, con piezas cortadas de forma mecánica y con una producción en serie. Lo curioso es que hasta hace no mucho y es posible que haya algunas marcas que los sigan vendiendo así, los puzles se empaquetaban en una caja, o en una bolsa, donde no aparecía el modelo que había que reproducir, todo lo más era alguna referencia del autor en la que se señalaba que el puzle contenía algún cuadro de un pintor famoso, tal o cual paisaje o determinado monumento. De forma que eso si era o es un verdadero rompecabezas ya que hay que hacerlo a la ciega. Yo no lo he probado nunca pero sería un reto ambicioso.

La verdad es que no porque tengamos el modelo representado en la caja el puzle resulta sencillo o susceptible de ser resuelto con rapidez. Uno puede montar correctamente un puzle de veinte piezas en apenas un minuto, pero ni podrá hacer uno de doscientas piezas en diez minutos, ni mucho menos uno de dos mil piezas en doscientos minutos. Lógicamente cuanto mayor es el número de piezas, mayor es el tiempo de duración, pero esa relación entre ambas variables no es una progresión aritmética creciente, sino que está, sin ser algo exacto, más cercana a la progresión geométrica, incluso superándola. De tal guisa que si el tiempo que dedicamos a resolver un puzle de mil piezas es equis, el de dos mil piezas no se resuelve en el doble de tiempo sino en muchísimo más.

Esto tiene su análisis a la inversa, es decir, al iniciar un puzle del número de piezas que sea (a partir de quinientas ya tiene su dificultad), uno ya sabe que le tiene que dedicar mucho tiempo, es más, como no lo va a hacer de seguido, se tirará días. La manera de empezar es universal o parece que más o menos todos los que hemos hecho algún puzle la sabemos, y es colocar el marco, es decir, disponer todas las piezas de sus cuatro lados (los puzles suelen ser rectangulares o cuadrado, aunque hay formas menos habituales, como un círculo, pentágonos, hexágonos...). Una vez hecho esto, algo que también te ocupará un tiempo razonable, ya sabes que tienes muchísimas piezas por colocar, porque el marco apenas llegará, a lo sumo, al 10% del total. Y comienza la parte más compleja, básicamente la de dividir piezas por colores o motivos relacionados y... muchísimo tiempo por delante. Tenemos lo que en términos matemáticos se denomina algoritmo, es decir, un conjunto ordenado y finito de operaciones que permite hallar la solución de un problema.

De la práctica, el acierto en la estrategia, algo de suerte y algo de pericia, depende el que avancemos con mayor o menor rapidez, es un trabajo de carácter heurístico, mucho de ensayo y error. En definitiva, que si te quedan por colocar 999 piezas y tienes que colocar una al lado de otra, tendrías que probar hasta dar con la correcta, o sea, hay 998 piezas que no son las correctas. A grandes rasgos, este análisis vale para asegurar que cuando empiezas (una vez configurado el marco), tardarás muchísimo en poner la primera pieza, con la segunda te ocupará muchísimo tiempo, aunque menos que antes y así sucesivamente. Ya digo que esto es en términos generales, porque dependiendo de la estructura del puzle, del fabricante (hay algunos que hacen piezas muy similares a otras y dan lugar a equívocos, cuando en teoría absolutamente todas deben ser diferentes entre sí), uno puede hallar algunos atajos.

Lo que es interesante es que a medida que van mermando las piezas lógicamente la resolución del algoritmo es más sencilla, y habrá un momento en que entras en barrena, que es lo que me está sucediendo a mí ahora mismo con el Cromlech de Stonehenge (en la foto que tomé a mitad de esta semana), porque cada vez que colocas una pieza lo haces más rápido que antes, y se va reduciendo la superficie a resolver. Estaríamos retomando esto con lo que comentaba al principio de las progresiones, en una formulación cercana a la progresión geométrica decreciente, y esto motiva cada vez más, porque ves el final del puzle cada vez más cercano.

¿Y después qué? Pues quizá no sea muy edificante decorar el salón de tu casa con un puzle, hay gente que lo hace, yo lo veo mejor para una habitación de niños, un cuarto de juegos, quizá la sala de espera de algún médico, o un despacho profesional.

Una vez que hemos ensamblado y solidificado la estructura con el engrudo que suelen traer las cajas de puzles (si no viene, se puede comprar en una ferretería una bolsa de pegamento en polvo de los que se utilizan en los papeles pintados de las paredes), hay que enmarcarlo debidamente y yo recomiendo, aparte de elegir un marcho chulo acorde con el contenido del cuadro o con el lugar donde lo vamos a colgar. Eso sí recomiendo que en vez de colocar un cristal, se utilice metacrilato, porque una vez llevé a enmarcar un puzle de dos mil piezas, y al ir a colgarlo lo cogimos de cada lado entre mi padre y yo, y como era muy largo se combó ligeramente con lo que el cristal cedió y se rompió. Con el metacrilato esto no ocurre pues al ser un plástico tiene mayor flexibilidad.

Por último, quiero señalar que mi gran reto en este mundillo es realizar un puzle de grandes dimensiones, normalmente me he movido entre adquisiciones de cajas con mil o dos mil piezas, pero espero algún día vérmelas con alguno de cinco mil o diez mil piezas, un auténtico trabajo de chinos.

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