sábado, 12 de mayo de 2012

TUS ALEGRÍAS SON MIS DESVELOS. CARTA ABIERTA AL INSENSATO DE LOS COHETES Y DEMÁS

Querido amigo (esto no es sexista porque tengo bastante claro que el destinatario de esta carta abierta es un hombre y raramente una mujer):

A ti que te alegras tanto por los éxitos de tu club de fútbol, porque es muy grato que sea la romería de tu virgen favorita, o porque ha hecho la primera comunión tu niña, y que lo celebras tirando cohetes a horas intempestivas para que todo el mundo se entere; que sepas que ojalá te dé un terrible dolor de barriga y tengas que ir al baño tres días seguidos hasta que te salgan rozaduras en el trasero.

La repetición de esto es tal que uno no ya sabe a cuento de qué se tiran semejantes salvas, que el ciudadano de a pie no tiene otra opción que preguntar a su congénere, “pero hoy, ¿qué se celebra?”

Y no digo amigo, que no tires los cohetitos, digo que si acaso no has pensado que a las ocho de la mañana puedes despertar a algún niño pequeño o desvelar a esos honrados trabajadores que han estado currando toda la noche y están en la fase REM de su sueño, o simplemente que ese día en concreto me da la real gana de levantarme cuando me plazca sin intromisiones externas. Por si no te has dado cuenta, esto es habitual en el pueblo en el que resido, Bailén.

Lo mismo digo para esos cohetes que tiras de forma insensata y poco sesuda a las 15.30 h. de la tarde, que en España ya se sabe, a esa hora se echa la siesta y no se puede ir a ningún sitio, salvo al Mercadona y a los chinos, que esos no cierran. Te diría que ha habido veces que si hubiera tenido un bomba de mano en la ídem, te la hubiera metido por... tú ya sabes, para que la próxima vez te lo pienses mejor; pero te diría eso aunque debo conformarme con mi malestar, básicamente porque a mi familia le tengo dicho que a esas horas vespertinas uno no está para nadie, y alguna vez mi madre y más recientemente mi esposa han roto en alguna ocasión el divino tesoro de la cabezadilla post opípara manduca. Y para no dar puntada sin hilo, que sepas que me acordé de ti bastante el pasado sábado 5 de mayo de 2012 en Begíjar.

Pero por si fuera poco, amigo, no te conformas con los explosivos de andar por casa, sino que también me amenazas con tu tamborcito. Y es que, querido indorme, todos los años tienes que despertarme un día laborable a eso de las 3.30 o 4 de la madrugada porque a ti se te figura que es muy gracioso que como te vas a la Romería de la Virgen de la Cabeza, no tienes mejor idea que ir tocando el tambor por las calles de Bailén para demostrar a los demás tu alegría, que no para compartirla, porque a mis vecinos maldita le hace la gracia de que tengas a bien obsequiarnos con los compases de tus redobles para fastidiarnos momentáneamente a algunos, o para desvelar definitivamente a otros, lo que debiera ser una plácida noche.

Para más inri, no te has parado a pensar que aparte de los que estamos sanos y podemos digerir la gracieta, hay personas mayores, enfermos, bebés..., que cuando se despiertan en mitad de la noche ya no vuelven a conciliar el sueño. Y yo, por mi parte, tengo un perro que se altera y se asusta cuando oye el tamborcito o cuando lanzan un cohete, y me despierta a mí, si es que no estaba despierto ya gracias a tan estúpido acto de alegría compartida.

Tampoco me puedo olvidar de tus andanzas a partir de las 12 de la noche, cuando mucha gente lleva algunas horas durmiendo ya, a lo mejor tus hijos, y tú sigues con los petardos y las pitorradas con tu coche porque tu equipo ha ganado la Copa de Nosequé.

O cómo te sentaría que un día me pusiera a tocarte una serenata a las tantas de la noche porque yo quiero personalmente compartir contigo que se celebra el 20º Aniversario del nacimiento del hijo de una prima hermana mía de Burgos que apenas veo, o que mi equipo de bolos ha ganado el torneo gordaco del barrio, o qué se yo, que hace cuatrocientos días que se murió mi vecino El Piyayo, al que tampoco conocía demasiado, pero me acuerdo mucho de él, porque me regalaba tomates en verano. Estaría bien que te tirara unos petardos en la puerta de tu casa, o que te tocara el tambor, o que me pusiera a darte de una sinfonía con el claxon de mi vetusto utilitario.

También me gustaría que alguna vez las fuerzas del orden, ordenaran esto y le dieran una cierta racionalidad a estas algaradas a destiempo, que no digo yo que no se celebren, pero el sentido común del que últimamente estamos escasos, obliga a pensar que hay determinadas horas a las que no se debe hacer esto, simplemente porque MOLESTA.

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