sábado, 20 de octubre de 2012

JOAQUÍN BLUME, LA HISTORIA DE LO QUE PUDO HABER SIDO Y NO FUE

De vez en cuando los aficionados al deporte tenemos que asistir a alguna injerencia de la política en el deporte, y al final es este último el que sale perjudicado, creo que porque los políticos sacan réditos de esta estrategia. He querido recordar uno de los episodios más sonados de intromisión política en el deporte de nuestro país, en el que aquí también llevó las de perder el deportista; y es que mezclar amoníaco y lejía va a producir efectos devastadores, son elementos que no se llevan bien, en definitiva, juntos política y deporte, porque es inevitable, pero nunca revueltos.

Y he querido recordar un trocito de nuestra historia que aunque fue más o menos sonado en su momento ahora ha caído en el olvido más absoluto. Me ha venido a la memoria porque con la conclusión de los últimos Juegos Olímpicos, los de Londres, nuestro piragüista David Cal se convirtió en el deportista español con más medallas olímpicas; pero hace muchos años, cuando España no era nada en el mundo del deporte pudimos haber tenido un mito tanto o más comparable que los actuales y que la política, por un lado, y la mala fortuna, por otro, privaron de haber sido el mayor deportista de todos los tiempos en nuestro país.

Corría el año 1956 y le tocaba a la ciudad australiana de Melbourne celebrar los Juegos, además lo hacía, por estar en el hemisferio sur, en su período estival, en este caso finales de noviembre y principios de diciembre. España iba a participar con una exigua representación (sólo tres deportistas), porque ya se sabe que en aquella época pintábamos poco en el concierto internacional deportivo (más allá del fútbol, aunque todavía el Real Madrid no había ganado una sola Copa de Europa), y nuestro medallero histórico era más escaso que el bigote de un adolescente.

No obstante, como si se tratara de un mirlo blanco ya llevábamos unos años en España que se hablaba con cierto interés de otro deporte aparte del fútbol, como era la gimnasia, porque apareció un tal Joaquín Blume que desde 1949, con sólo dieciséis años de edad ya se había proclamado Campeón de España y desde entonces había repetido triunfo en los años siguientes. Pero su gesta trascendía el marco patrio y ya comenzaba a sonar en torneos internacionales y competiciones oficiales, su progresión era imparable, en los Juegos del Mediterráneo de 1955 en Barcelona había conquistado seis medallas de oro y para esos Juegos del 56 había una buena oportunidad de hacer algo, ¿de medalla? Pues tal vez sí.

Joaquín Blume, conocido familiarmente como Achim, era hijo de un profesor de gimnasia de origen alemán que fue quien lo introdujo en este deporte, pues no en vano tenía su propio gimnasio. Blume destacó desde muy pequeñito por tener un físico ideal para esta disciplina, amén de una voluntad de hierro para realizar unos entrenamientos durísimos a lo largo de una jornada diaria agotadora.

Por entonces el recorrido de un gimnasta era mucho más duradero que en la actualidad, donde por encima de los veinte años ya empiezas a ser un veterano, él con veintitrés estaba empezando a entrar en sus años buenos, y estaba más que maduro y absolutamente preparado para abordar lo que podía ser una grandiosa gesta para el deporte español en tierras australianas.

Y ocurrió… El régimen dictatorial de Franco puso la antena y se enteró de que los soviéticos habían invadido Hungría, lo que había sido una respuesta popular espontánea ante el régimen comunista de dicho país y las políticas impuestas desde la U.R.S.S. Entonces nuestra Delegación Nacional de Deportes se erigió en paladín de los desamparados y reserva espiritual de las “potencias” anticomunistas, y decidió no asistir y boicotear los Juegos Olímpicos de Melbourne quince días antes de su inicio con un escueto pero quijotesco comunicado en el que se decía textualmente “…ha tomado el acuerdo de suspender el envío de una representación de atletas españoles a Melbourne (…). Al tomar esta decisión cree interpretar el espíritu del pueblo español, que no se aviene a participar en una Olimpiada en circunstancias como las actuales, en las que se está hollando la dignidad y la independencia de pueblos soberanos, y que culmina con la sanguinaria invasión de Hungría, decretada por el comunismo internacional”.

Pues a la hora de la verdad fuimos más papistas que el Papa pues este fabuloso boicot fue respaldado por dos países más, Holanda y Suiza, es más, participo igualmente el país invadido, Hungría, y sus deportistas seguramente abnegados y esforzados durante los años previos y preparados para asistir al mayor evento deportivo del cuatrienio, abstraídos de la política, estuvieron allí y con gran éxito.

El pobre de Blume tuvo poco tiempo para reaccionar, pero aún así pensó en competir por Alemania, ya que hablaba ese idioma y por su ascendente germano podría ser posible conseguir la nacionalidad con rapidez, pero entonces el que iba a ser el jefe de la delegación española en Melbourne, el ya famoso por entonces Juan Antonio Samaranch, le conminó para que no hiciera esa barbaridad que dolería mucho a los españoles, imagino que en medio de otras presiones difíciles de entender en el mundo que actualmente vivimos.

Así que Blume asistiría desde la distancia a los logros de sus compañeros de disciplina, mientras le daría vueltas a su cabeza acerca de lo que podía haber sido y no fue.

La más clara confirmación de que a Joaquín Blume le habían birlado unas cuantas medallas en Australia fue con ocasión del Campeonato de Europa de París en 1957, unos pocos meses después de los Juegos. Decir Europa en la gimnasia era casi decir el mundo, porque los mejores gimnastas estaban en el Viejo Continente más los representantes japoneses, y pare usted de contar.

Y allí arrasó nuestro gimnasta, con cuatro medallas de oro (en el torneo individual y en las especialidades de anillas, caballo con arcos y paralelas), una plata en barra fija y dos cuartos puestos en las otras dos disciplinas, salto y suelo. Ahí es nada. Su ejercicio de anillas era casi perfecto y su imagen del “Cristo” fue fijada en la retina de medio mundo. Lo curioso es que superó con más puntuación que los medallistas de oro en Melbourne a sus contrincantes y especialmente y con mucha suficiencia a Yuri Titov un famoso gimnasta soviético que llegaría a conseguir nueve medallas olímpicas a lo largo de su carrera.

Por si no le había resultado poca ignominia al régimen franquista el haber privado a Blume de hazañas olímpicas, también boicoteó los Campeonatos del Mundo de gimnasia que se celebrarían en Moscú en 1958, o sea, que tampoco pudo inscribir nuestro deportista su nombre como Campeón del Mundo.

Y ahí llegó la mala fortuna porque el avión que lo trasladaba desde Barcelona a Madrid el 29 de abril de 1959, que iba a hacer escala en la capital española para después continuar hasta Canarias donde iba a participar en una exhibición, se estrelló en la serranía de Cuenca, donde perecieron su mujer y más de una veintena de ocupantes del Douglas FEC-A.B.C de la compañía Iberia, no hubo supervivientes. Blume y su mujer dejaron huérfana a una niñita de cuatro meses (María José) que se tuvo que criar sin lo más preciado para una persona, sus padres.

Si consideramos que Yuri Titov que era sólo dos años más joven que Blume y al que había vapuleado en París, había conseguido medallas en Melbourne 56, y en las posteriores Olimpiadas de Roma 60 y Tokio 64, no sería muy aventurado pensar que aunque le hubieran salido las cosas algo torcidas a Joaquín, todavía podía haber mojado tras el fiasco australiano, pero quiso el destino que su vida se cortara de raíz aquella primavera de 1959, para desazón de su familia, amigos y aficionados al deporte.

Con el tiempo se habla cada vez menos de Blume, de lo que hizo y de lo que pudo ser, en 2009 se cumplió medio siglo de su muerte y nadie se enteró. Así que si la histeria fascista y la mala fortuna no se hubieran conjugado tal vez la historia del deporte español habría tenido otra lectura, y quizá también si el sino hubiera sido otro bien diferente hoy un Joaquín Blume veterano podría ser un mito viviente, y el mayor deportista olímpico español que es casi como decir el mejor deportista de la historia de nuestro país.

1 comentario:

Anónimo dijo...

El fatal accidente ocurrió en las cercanías de Huerta del Marquesado, y allí no lo olvidan pues desde la fecha del accidente todos los años ese mismo día acuden al pueblo familiares de los fallecidos que junto con muchos vecinos ,suben al lugar del siniestro en una especie de romería para rendir culto.