sábado, 13 de abril de 2013

"EL HIJO", DE JEAN-PIERRE Y LUC DARDENNE

El hijo es una película intensa y llena de sentimientos, donde los dos protagonistas tienen un secreto que les cuesta compartir.Los hermanos Dardenne, pareja de directores belgas, sin tener una carrera amplia, se han hecho un nombre en el panorama cinematográfico en los últimos años. Caracterizados por trabajar juntos y, como ellos dicen son como una persona con cuatro ojos, así como por afrontar sus películas desde una temática social y cotidiana; su cine no deja indiferente a nadie, es fresco, es distinto, es moderno.

He soñado y aún sigo soñando con realizar un proyecto de cine-fórum, no que yo lo abanderara, pero sí me gustaría alguna vez, de forma más o menos regular, una vez cada dos meses o así, ver una película con amigos o familia en un lugar relajado y después comentarla de forma sosegada mientras picoteas algo y degustas algún vinillo, lo tengo en mente pero no hallo la oportunidad. Y digo esto, porque esta película sería de las de echar una visual y dar para comentarios durante mucho rato.

Empiezas a ver la película y, de momento, te das cuenta de que no es nada parecido a lo que has visto antes, parece un comienzo tibio, no sabes si es un documental, porque está tomada desde una sola cámara que literalmente se sube a la chepa de los protagonistas y los acompaña en todas sus vivencias, y que se mueve a veces de forma tan nerviosa que, en determinados momentos, puede llegar a incomodar.

La historia también parece que es trivial de primeras, y parece como si no pasara nada, como si no vieras qué sentido tiene, pero casi sin notarlo estás tan metido en el intenso drama que esconde, que la aplastante simpleza de lo cotidiano se eleva a la máxima expresión de lo que debe ser un cine que va creciendo, que va progresando y donde lo mejor está reservado para el final.

Ese desenlace es de los puntos a resaltar, pues también es poco habitual, pero ese secretillo no lo desvelo, a expensas de que alguno de los lectores de mi humilde blog quiera ver noventa minutos de cine de hoy, con problemas de hoy y con personajes de la calle.

Esa es otra de las grandes virtudes de esta producción, sus actores no son divos, no son guapos, son como tú y como yo. Particularmente es destacable el trabajo del protagonista principal, el actor Olivier Gourmet, un tipo con algo de barriguilla, con algo de calvicie, con gafas, con papada, en suma, alguien de la calle. Es impresionante como maneja el personaje que encarna, sabedor del secreto que lleva consigo, su manera de lidiar con la terrible realidad es justo la que cualquier persona corriente se me antoja que tendría en una situación similar.

Pero desgranemos un poquito la historia, historia que por otra parte y como he dicho antes, empieza como si nada y luego va creciendo. Es la historia de un drama cotidiano de gente anónima, de la que puedes ver un día paseando por la calle y no eres capaz de adivinar que esa persona tiene una terrible historia detrás.

Olivier (Olivier Gourmet) es un maestro carpintero de mediana edad que trabaja para una institución pública, una especie de escuela taller en la que enseña su oficio a jóvenes procedentes del reformatorio. Al centro llega un nuevo joven, Francis (Morgan Marinne) y de principio el maestro no desea que ingrese en su grupo, aparentemente porque el cupo ya lo tiene completo, pero después permite que se integre en su taller. Olivier es un tipo parco en palabras, mantiene una relación de respeto y educación con sus chicos, pero no es un tipo tierno, es hasta cierto punto rudo con los chavales, sin tener malos modos con ellos.

El protagonista está divorciado y pronto se pondrá en contacto con su exmujer para observarle que hay un nuevo alumno en el centro y que es el que mató a su hijo hace cinco años, obviamente ambos, víctima y homicida, eran unos niños; esto desatará un debate moral en el interior de Olivier, por un lado el reproche de su antigua esposa, y de otro, la necesidad de acercarse, por alguna razón que no termina de revelar, con aquel ser que cercenó la vida de su hijo.

Es una historia llena de silencios y de miradas, son muchísimos primeros planos, gracias a esa cámara que casi nunca se separa de los personajes; en cada uno de esos silencios podemos imaginar la batalla interna del carpintero, un hombre fuerte por fuera pero que parece ser más sensible por dentro de lo que expresa.

Ambos personajes, en realidad, tienen su particular secreto, Olivier sabe quién es Francis, y Francis sabe cuáles fueron las razones para matar a aquel niño; en esa cuerda floja estriba la tensión de la película: cuándo va a romperse, cuándo van a mostrar las cartas los personajes.

Sin destripar el final, es la historia a veces no muy considerada en nuestro país, imagino que en otros pasará igual, de que no perdonamos a los que por edad son inimputables desde el punto de vista penal; si queremos que sean niños para la mayoría de las cosas, para delinquir se es menor de edad también y nos surge, a mí en muchas ocasiones, un sentimiento de animadversión hacia personajes que cometieron crímenes de niños y a los que la opinión pública no les permite, no les permitimos, que puedan rehacer sus vidas; sé que es difícil pensar así, pero todo el mundo comete errores y todos tienen derecho a que se les dé una oportunidad. Precisamente leí hace no mucho que “el asesino de la katana” que cometió un crimen atroz de niño, parece que estaba ahora rehabilitado totalmente.

“El hijo” (“Le fils”) es una película belga de 2002, hecha en francés, hay que recordar que los idiomas dominantes en Bélgica son el flamenco y el francés, aunque el primero es más hablado que el segundo, y que por sus magistrales interpretaciones, Olivier Gourmet recibiría el Premio al mejor actor en el Festival de Cannes y Morgan Marinne sería nominado al Premio de mejor actor revelación en los Premios César (los premios de la Academia Francesa de Cine).

Absolutamente recomendable imbuirse en noventa minutos de cine de autor (de autores) y paladear los sentimientos morales de los personajes que nos presenta esta historia cotidiana llena de dureza pero también de sentimientos.

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