sábado, 6 de abril de 2013

"UN HOMBRE EN CASA", PROTOTIPO DEL HUMOR BRITÁNICO

Serie británica producida por Thames Televisión en 1973. Es el comienzo de la pareja "Los Roper"Hace cuatro años tuve la suerte de visitar Londres en un fin de semana de estos largo, aprovechando un puente festivo. Nos alojamos en un hotelito de tres estrellas de los que llaman “bed & breakfast”, pero que no pasaría en España de pensión. Aquel hotel añejo, aquella habitación con moqueta repisoteada y muebles ajados, me recordó alguna de esas series de televisión inglesas que veía de niño.

Eran series como la que traigo hoy a colación de la productora Thames Television, en la que la cabecera era el propio río Támesis y la Catedral de San Pablo al fondo, reflejada igualmente en sus aguas y acompañada de una musiquilla característica. Esta serie “Un hombre en casa” o “Man about the house” comenzó a rodarse en 1973 para concluir su última temporada en 1976. En España la veríamos a partir de 1978, momento justo para que con mi edad, diez años, pudiera verla, entenderla y reírme con sus chistes.

Al poco de llegar de Londres vi con mi mujer algunos capítulos, sobre todo por hacer correlaciones entre el mobiliario hotelero y el de esta serie de hace cuarenta años. Últimamente he revisado algunos episodios para rememorar a sus personajes.

La serie narra las peripecias de un peculiar trío de compañeros de piso. En un principio viven dos chicas solas, Chrissy y Jo, que para ahorrar algo sus gastos deciden compartirlo, y el destino quiere que sea un hombre, Robin Tripp, lo cual pudiera no encajar muy bien en la sociedad británica de aquella época.

Superando los miedos iniciales y, por supuesto, las rigideces del matrimonio propietario del piso y que viven en la planta piso principal (los protagonistas de la serie moran en el segundo), los conocidísimos Roper, todo fluye como la seda con las idas y venidas, chanzas y cuitas que pueden sucederse en un piso de jóvenes.

Las dos chicas parecen trabajar en una oficina, y digo parece porque es algo que se soslaya bastante, y Robin es el afortunado hijo de un empresario de Southampton que tiene cuerda y fondos para rato, pues acude a una escuela de hostelería para hacerse cocinero, pretensión que mantendrá a lo largo de toda la serie pues no consta que haya abandonado los estudios durante todo el periplo televisivo; total, como diríamos por aquí, un estómago agradecido. La única ventaja para las féminas del piso, es que Robin practica sus conocimientos culinarios en casa y no se le da mal la preparación de platos exuberantes.

La trama principal de cada capítulo se entrelazaba con las andanzas de los Roper, singular pareja formada por George y Mildred, obcecados en una constante guerra fría, donde la Sra. Roper trata de imponer su criterio y el Sr. Roper salirse con la suya siempre y cuando su dominante mujer no se dé cuenta de su jugada. Tampoco se les conoce ni oficio ni beneficio, aunque en algún episodio se deja caer que en algo trabaja George. Este entrañable personaje, encarnado por el actor Brian Murphy, se revela por ser un poco vago, dice ser excombatiente de la 2ª Guerra Mundial aludiendo a dolores varios a consecuencia de disparos del enemigo germano, eso le hace ser proclive a vaguear y a chapucear; sus aficiones preferidas son ver la tele, su periquito Óscar, jugar a los dardos y torpedear a sus inquilinos por casi todo, aparte de la pasión británica, presente en todos los personajes de beber cerveza.

La Sra. Roper podemos decir que tiene dos caras, es simpatiquísima y atenta con todo el mundo, y despiadada y cruel con su despechado compañero al que le tiene declarada la guerra, entre otros detalles, por ser “poco cariñoso” en la cama.

Al respecto de lo comentaba de la afición cervecera, la serie tenía escasos rodajes en exteriores, la mayoría de las escenas eran en la casa de los Roper y sus inquilinos, aunque hay un segundo lugar cerrado que tiene también cierta importancia en la dinámica de las tramas y es el pub donde nuestros personajes solucionan o enredan aún más sus problemillas.

Aparte de los personajes principales, en la tercera temporada los Roper deciden alquilar el ático y reciben como nuevo vecino a Larry Simmonds, conocido de Robin, y que va a ser casi un cuarto compañero de piso, pues su principal dedicación conocida en la vida es la de gorronear hasta la saciedad, amén de una especial predilección por seducir a chicas feas.

Sin duda, hay un hilo conductor en toda la serie y es la tensión sexual no resuelta entre Robin y Chrissy, esta le da posibilidades a él y él no parará de intentarlo sin éxito. Eso sí, siempre como invitada de excepción está la otra compañera de piso, la rubia Jo, que hace honor al mito de las que tienen su color de pelo, y representa a la típica tontita que es incapaz de encontrarle el doble sentido a las frases.

Por cierto, los flirteos amorosos entre Robin y Chrissy tendrán fecha de caducidad, pues los creadores de la serie decidieron terminarla de forma drástica, en el antepenúltimo capítulo aparece Norman, el hermano de Robin, un tipo bien parecido, nada que ver con el desastre de su hermano, educado y atento, el cual cautiva a Chrissy en nada; de hecho, en el último capítulo que es el de la despedida, Norman y Chrissy se casan con la presencia de todos los personajes y, por supuesto, de Robin que acepta a regañadientes que su hermano haya venido y de un plumazo le haya birlado su amor.

La serie tuvo tres derivaciones, o como algunos denominan dos secuelas, una fue una versión estadounidense de la serie, “Apartamento para tres” con sus mismos chistes y gag de la que he visto algunos capítulos y es una copia sin más aportaciones, con lo que la suspendo taxativamente. Otra que se llamó “El nido de Robin”, en el que Robin se va a vivir con su novia y montan un bar y que no la conocía. Y luego hubo una que es la más laureada y que se llamó “George & Mildred”, pero que en España es conocida por “Los Roper”, y que desde luego, adquirió más fama que su matriz, hasta el punto de que hoy en nuestro país aún se siguen escuchando expresiones tales como “trabajas menos que los Roper”. Es posible que en un futuro esta singular pareja tenga presencia en este blog.

En fin, una serie divertida y sin malicia con capítulos que duraban unos veinticinco minutos que, acompañada de los preceptivos anuncios, permitían una media hora para desconectarse un rato y reírse con el tradicional humor británico.

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