sábado, 18 de mayo de 2013

CARPANTA, UN PROFESIONAL DEL HAMBRE

Carpanta uno de los personajes de cómic más famosos de la posguerra españolaEn estos tiempos de crisis se me ha ocurrido ofrecerle mi humilde homenaje a un personaje de cómic que, con las lógicas diferencias de época y visto con una cierta delicadeza, encarna a ese importante grupo de familias españolas que en la actualidad pasan estrecheces y no pocas penurias, se trata de Carpanta.

Desde luego, yo soy de los que está convencido de que en España no se pasa hambre porque tenemos instrumentos públicos y privados para garantizar que cualquier persona en nuestro país pueda comer tres veces al día, creo que esto es así. Aparte en esta época depresiva, en lo económico y lo moral, se ha generado una “cadena de solidaridad” que ha permitido que los abuelos con pensión fija aunque corta, puedan rescatar a muchos hijos y nietos para que tengan plato de comida y cobijo, si el monstruo de los desahucios se ha personado previamente en sus domicilios.

Pues eso, Carpanta representa a ese español de posguerra que vivió lo que mis padres siguen recordando como “los años de las hambres”, aquellos que se instalaron en nuestro país en la década de los 40 del siglo pasado y, especialmente, en la segunda mitad de dicha década, y donde la miseria y la escasez eran moneda de cambio en un país que había salido de una guerra atroz y que vivía sus consecuencias devastadoras con absoluta fiereza.

Este personaje viene de la mano del genial historietista barcelonés Josep Escobar, más conocido indudablemente por esa pareja de hermanos terribles llamados Zipi y Zape que fueron los que le dieron más éxito y popularidad. No obstante, ocurre que no siempre los personajes más populares son los que generan mayor cariño en sus padres artísticos. Queda constancia de que Carpanta era una de las creaciones con las que su autor sentía mayor afección.

Carpanta no es ni más ni menos que un pobre de profesión, pero no pide, no tiene trabajo conocido, y aunque le surge la oportunidad de hincar el hombro en muchas historias, su mala fortuna o su pillería le impedirán obtener el fruto deseado: comer.

Nuestro personaje vive debajo de un puente y en su despensa apenas hay una avellana, su dieta básica, pero eso no le amilana para que sueñe con insistencia en comerse su manjar preferido, el pollo; suele tener mínimo dinero que no le llega ni para costearse un menú en un restaurante barato, pero eso no le disuadirá con su perspicacia e ingenio de intentar cada día cómo solucionar su problema, en la mayoría de las ocasiones sin éxito.

Resulta que su antagonista es su mejor amigo, Protasio, este tampoco vive en la opulencia, pero al igual que Carpanta se busca la vida con ingenio y rapacería, a este le salen bien los negocios y consigue comer siempre, de hecho, luce una esplendorosa barriga. Además resulta chocante que siendo amigos ambos, en no pocas ocasiones suelen ponerse la zancadilla mutuamente para que la estratagema le salga bien a uno en detrimento del otro.

En algunas historietas, no muchas ciertamente, aparece el personaje de Valeria, la pretendiente de Carpanta, que en absoluto es correspondida, porque nuestro personaje tiene tareas más importantes que hacer, como por ejemplo, procurarse el condumio. Además, Valeria es demasiado mística para un Carpanta materialista que busca con ansia su sustento alimenticio y la relación termina por no cuajar, porque ella no le da lo que él necesita.

El padre de la criatura, Escobar, aparecerá en algunas ocasiones, recurso a veces utilizado por los clásicos de la historieta española, representado con su propia caricatura (en la que el dibujante se muestra con una napia puntiaguda y considerable), y en sus intervenciones se muestra “despiadado” con el pobre Carpanta, incluso acusado por otros intervenientes de las historietas de ser el evidente origen de su mal endémico. Naturalmente el padre intentará escabullirse de toda polémica, en un simpático giro discursivo, alegando las malas artes de Carpanta para obtener comida.

Al parecer fue tal el impacto social de Carpanta en sus inicios (década de los 40 del pasado siglo) que muchos españoles se solidarizaron con este pobre gañán y mandaban a la mítica Editorial Bruguera, cheques con dinero y hasta comida. Y es que España es así.

En fin, un personaje que con la inocencia con la que nació (“carpanta” significa en el diccionario ni más ni menos que hambre violenta, ¡qué drama!), pero que como hacían algunos dibujantes y artistas en el régimen franquista, aprovechaban ese velo para mostrar y criticar la cruda realidad de una España que verdaderamente pasaba hambre y dificultades; estuvieron a punto las autoridades de prohibir su edición porque “en la España de Franco nadie pasaba hambre”. Un guiño, sin duda, a la época actual de recortes y dificultades, aunque no desearía que ni por lo más mínimo tuviéramos que llegar en nuestro país a remontarnos a aquella economía de posguerra que nuestros padres aún recuerdan.

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