sábado, 15 de junio de 2013

"LA MARCA DEL MERIDIANO", DE LORENZO SILVA

Confieso que la vorágine de mi vida personal y profesional no me deja tiempo para estar al tanto de la actividad literaria presente. No tanto porque no lea, sino porque es imposible abarcarlo todo, y porque también es cierto que no siempre leo libros actuales, sino que casi diría yo que al 50% leo libros de ahora, y el otro 50% textos veteranos.

Por eso, puedo decir que conocía poco de Lorenzo Silva y esta ha sido la primera novela que he leído de él. Me adentré en este libro, como siempre hago en muchos, mirando la contraportada en la que se hace un resumen del mismo y puedes saber su temática. Y la historia tenía enjundia: trama policial, corrupción, con la Guardia Civil de por medio, y un asesinato.

Pues comencé a leer sus primeras páginas y me enganché como pocas veces me ha ocurrido en los últimos años; de tal guisa que utilizando los huecos de mi vida, especialmente los que mi hijo me permite o no me reclama, en apenas diez días liquidé las cerca de cuatrocientas páginas del libro.

El primer dato que me llamó la atención es su cercanía temporal, es una novela de hoy, con personajes de hoy, y que refleja las inquietudes de la sociedad española en este período de crisis: la corrupción, los recortes funcionariales, la pretendida independencia de Cataluña, la vida normal y corriente de cada españolito de a pie y de los que están encargados de velar por nuestra seguridad.

Lorenzo Silva no pierde demasiado el tiempo en realizar complejas narraciones de lugares, personas y circunstancias; su prosa apenas se recrea en estos aspectos, son sólo vehículos para introducirnos en la trama, que es clara, directa y vibrante. Ese es uno de los grandes efectos de Silva, que en su historia no se pierde el hilo, sin ser una novela inocente es fácil de seguir, y el peso narrativo lo ostentan sus personajes con sus diálogos e interacciones.

Otro dato relevante es que es una narración que avanza, todo lo contrario que otras que tienen espacios muertos, información irrelevante, o tramos de notable lentitud. El terreno en el que se mueve esta novela es el del trepidante tempo de una investigación policial. Una investigación policial, por cierto, impecablemente conseguida por Lorenzo Silva, que si no es como él nos acerca poco le faltará. Imagino que este escritor habrá tenido algún contacto con miembros del Cuerpo, que a buen seguro le habrán ilustrado sobre los entresijos de su funcionamiento. Y puedo decir que, partiendo de la base de la veracidad de los procederes de la Guardia Civil en sus investigaciones y protocolos, la novela te desvela y muestra la delgada línea, a veces, que separa a los buenos de los malos.

Sí porque esa marca del meridiano a la que acude este autor como título de su novela es esa estrecha frontera entre buenos y malos, pero también es la del pasado y la del futuro y, por supuesto, la más nítida es la de la honradez y la del lado oscuro; la de muchos hombres y mujeres de bien que un día, por las circunstancias que fueran, decidieron que más valía pasarse al otro bando para asegurarse una estabilidad económica y un estatus social, pese a los riesgos personales y legales que ello pudiera conllevar.

Eso le ocurre a un guardia civil retirado, el subteniente Robles, que aparece asesinado en un puente de un lugar poco transitado de un municipio riojano, cercano a Logroño. Hasta allí llegan los investigadores de la Benemérita, el brigada Bevilacqua (Vila en la jerga policial) que a la sazón resulta ser el discípulo y alumno aventajado del muerto, junto con la sargento Chamorro y el número Arnau, de los Servicios centrales que ponen en marcha un dispositivo convincente y fidedigno, tendente a resolver la trama principal y las subtramas adyacentes. Casualmente, en las fechas donde se sitúa la acción, 20 de octubre de 2011 y siguientes, mi mujer y yo estábamos en Logroño (lo recuerda bien el libro porque coincidió en un mismo día la muerte de Muamar el Gadafi y el “cese definitivo” de la lucha armada de ETA), con lo que dormimos a pocos metros o kilómetros de la esencia y de los personajes ficticios.

En la investigación, con diferentes ramificaciones, hay que coordinarse debidamente: Guardia Civil de La Rioja, Cataluña, Cantabria, el Servicio de Asuntos Internos, así como los Mossos d'Esquadra y los jueces correspondientes. Ya digo, todo con una gran apariencia de veracidad, porque uno no se imagina que la actuación policial se pueda hacer desde el máximo respeto a la legalidad y con, más o menos, la frecuencia y evolución que evoca la trama.

Y la prueba palpable de esa sensación de realismo de la novela es que ni siquiera tiene un final o unos finales extremadamente felices. No es un texto que implique mucha acción, lo cual no quita que el ritmo sea intenso; y eso me gusta, porque hay determinados escritores que piensan en lo que escriben de cara a una posible secuela cinematográfica, y debe tener porque sí, carreras de coches, muchos muertos, sangre, persecuciones, tiros, etc.

Hay un dato que tampoco quiero soslayar, y es que no acostumbro a leer críticas en internet antes de hacer la mía propia, pero el otro día comentando en la oficina que estaba leyendo este libro, una compañera me señaló que Silva tiene otros libros en el que el tándem Vila-Chamorro ya han tenido sus cuitas investigadores en asuntos de su índole. Y efectivamente, miré en la Wikipedia la entrada relativa a Lorenzo Silva y ya se ve que este dúo tienen una relativa fama, y ya se ha realizado una película sacada de una de sus novelas con estos dos personajes, en concreto la que recibe el nombre de “El alquimista impaciente”, habrá pues que leerla y verla. Es más, tiene tal predicamento esta pareja literaria que hasta el propio Rubén Bevilacqua tiene su propia entrada en Wikipedia, con su biografía, entresacada de los datos que ofrece Silva en sus novelas, ¿es que está fagocitando el personaje a su propio autor?

Por último, y casi al final de la novela, ofrece Silva a través de su creación ficticia Vila, un mensaje que viene al pelo en este momento de crisis, cuando este se dirige a su equipo y pone en tela de juicio las corrupciones y el hecho de pasarse al otro lado, y es que comenta que en esta época de crisis y de tantos trapos sucios, la gente, el pueblo español odia y ve con malos ojos que los políticos, los ricos, los deportistas, los famosos sean unos criminales; pero reconviene a su tropa señalándole que lo que no soportaría la población es que la gente normal, la Guardia Civil que son valedores de los ciudadanos corrientes, también superaran esa frontera, ese meridiano.

Buena lectura y buen descubrimiento el de Lorenzo Silva que por su afección a la Guardia Civil fue, por cierto, condecorado por este Instituto Armado con el título de Guardia Civil Honorífico por su contribución a la imagen del Cuerpo.

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