sábado, 25 de enero de 2014

ALLY MCBEAL, TODA UNA OBRA MAESTRA DE LA TELEVISIÓN

Escuché no hace mucho a alguien comentando que había series de televisión que podían ser equiparables a obras maestras del cine, ¿y por qué no?, ¿por qué no puede haberlas cuando se hace con inversiones, actores y equipos de primer nivel? Desde luego, si no el conjunto de las series, sí que puede que haya muchísimos capítulos a lo largo de la historia de la televisión que son auténticamente geniales.

Humildemente pienso que Ally McBeal es una de esas series, una serie genial en la que muchos de sus capítulos son joyas, de muchísima calidad y comparables con muchas películas de gran nivel del séptimo arte.

Ally McBeal tiene todo lo que una buena serie puede tener e incluso más: magnífico cuadro actoral, medios económicos, dirección (David E. Kelley) y producción impolutas y casi lo más importante en las series televisivas, un equipo de guionistas simplemente fantástico.

Fueron innumerables los elementos positivos de la serie y sólo una cosa falló en mi opinión. Duró cinco temporadas, cuatro muy buenas y la quinta y última con un cambio radical de personajes flojeó bastante, pero eso no impide calificarla como se merece.

El formato o espíritu de la serie fue la clave del éxito, se trataba de una especie de comedia romántica. El tono simpático y alegre se mezclaba con historias cotidianas de los personajes atenazados fundamentalmente por sus problemas sentimentales y, por supuesto, con la resolución de asuntos judiciales.

En el bufete Cage & Fish ubicado en la urbe estadounidense de Boston se daban cita un grupo de jóvenes abogados ambiciosos capaces de ponerse el mundo por montera y que no le hacían ascos a ningún caso por difícil que este fuera. Su vehemencia en los juzgados también se traducía en su vida diaria donde las relaciones personales eran como la marea, ratos buenos y otros de guerra sin cuartel, y en medio de todo el amor, el anhelo de encontrar la felicidad a través de un/a compañero/a sentimental. Esa fue otra clave en el discurrir de la serie, y es que la historia de los personajes principales nunca se cerraba, nadie era emparejado definitivamente, todos sufrían por eso y eso formaba parte de la chicha de la serie, la esperanza de que esos personajes hallaran el amor verdadero.

El personaje principal Ally McBeal (Calista Flockhart) encarnaba todo lo comentado hasta ahora, sus devaneos amorosos fueron varios a lo largo de la serie, se partía de la base de que su exnovio de toda la vida y, sin duda, su media naranja perfecta, también era abogado del mismo bufete, Billy Thomas (Gil Bellows), pero este estaba casado con otra abogada que también trabajaba allí, Georgia (Courtney Thorne-Smith, a la que conocimos en Melrose Place) y eso generó numerosas tensiones no resueltas, o drásticamente solucionadas a la postre, con la muerte repentina de Billy en la tercera temporada.

Pero aparte de eso la característica fundamental de Ally podríamos decir que era su inestabilidad emocional, lo que le provocaba tener una constante lucha interior, se trataba de una mujer que cuestionaba todo en su vida, tal vez no contenta con nada, cuando estaba mal lo pasaba muy mal, y cuando estaba feliz le sacaba algún pero. Toda esa convulsa vida interior se traducía también en que, de vez en cuando, tuviera alucinaciones: muñecos que la atacaban, cantantes que se aparecían en su dormitorio, unicornios alados o el propio Billy una vez muerto... Definitivamente Ally McBeal era una chica rara.

Uno de los soportes fundamentales de la serie era el dúo Richard Fish (Greg Germann) – John Cage (Peter MacNicol), se trata de los dueños del bufete. Una histriónica pareja, en la que el primero representa al jefe bromista, superficial y materialista, de hecho, casi se dedica a las finanzas del bufete y a aparecer poco en los tribunales, porque su principal obsesión, aparte de las mujeres, es ganar mucho dinero. John, también conocido por su apodo Bizcochito, por su parte es, en cierto modo, una copia de Ally, un tipo muy sensible y con constantes luchas espirituales, capaz de tartamudear cuando conversa con una persona (yo diría que tiene algunos rasgos del síndrome de Asperger), pero absolutamente implacable en los tribunales donde es un tipo brillante, casi el especialista en convertir los casos imposibles en salidas razonables gracias a su ingenio.

No menos importante es la secretaria del bufete, Elaine Vassal (Jane Krakowski) que lo es de Ally, aparte de amiga, y casi de todos los abogados. Una mujer cotilla, ardiente y sensual, con mucho gusto por la música, pues es una excelente cantante. En apariencia muy superficial, pero se revela a lo largo de la serie como una chica con bastantes sentimientos y con la cabeza mejor amueblada de lo que parece.

Hay varios personajes importantes más, la serie dio para mucho; así brevemente se puede citar a René Radick (Lisa Nicole Carson), la compañera de piso de Ally, fiscal del distrito a la sazón, la cual es un buen contrapunto para la cabecita loca de Ally; Nelle Porter (Portia de Rossi), la fría y un tanto sofisticada rubia del bufete que no despierta pasiones precisamente, por su despiadada forma de ser; Ling (Lucy Liu), amiga de Nelle, mujer de armas tomar, absolutamente dominante y que con el paso de los capítulos se descubre que también es abogada y se queda a trabajar en el bufete.

Otros muchos personajes habituales aparecieron en la serie, casi una veintena, entre jueces, novios y novias de los personajes, los padres de algunos de ellos, clientes del bufete, nuevos abogados, pero sólo he hecho mención a los que le dieron caché desde el principio, en la primera y segunda temporada.

Por cierto que jugaba un papel fundamentalísimo en la serie la música, de hecho, no se puede entender o no sería la misma serie si la música no hubiera estado tan presente. En principio, hay un personaje principal que sale en todos los episodios y que no habla, sólo canta, se trata de Vonda Shepard, no interpreta a nadie, hace de sí misma; quiero pensar que no era muy popular antes de 1997, y su atractivo, versatilidad y disponibilidad la hicieron la candidata perfecta para ser la cantante del bar de abajo del bufete, al que acudían religiosamente todos los abogados del bufete y todos los días al terminar la jornada laboral para tomar una copa. Con este impulso Vonda ha llegado a ser una de las cantantes más aclamadas de Estados Unidos y todo gracias a una serie de televisión, no habrá muchos casos como este.

Pero ese no sólo era el único guiño a la música, buena parte de los personajes principales se activaban con la música, la propia Ally; y era especialmente significativa la relación entre John Cage y Barry White, su canción «You're the First, the Last, My Everything» sonaba mucho en su mente para servirle de inspiración, si no sonaba mal asunto. Pero es que lo curioso de la historia es que el propio Barry White aparece realmente en algún capítulo.

Y no sólo él, también aparecen otros cantantes tan reputados como Al Green, Tina Turner, Barry Manilow, Chayanne..., por supuesto, cantando en el exclusivo garito de abajo.

Había un detalle también muy significativo de la serie y es que no se perdía el hilo conductor de un capítulo aislado, aunque cada entrega era como un pequeño universo, las historias principales trascendían a lo largo de la serie, e incluso clientes del bufete que aparecían para un caso puntual, continúan algunos capítulos más porque resultan atractivos para los guionistas y les quieren sacar partido. Seguro que la serie disponía de ruedas de televidentes seleccionados que visionan la serie antes de que se emita (como consumidores exigentes) y dan una especie de opinión de la calle acerca de adónde tiene que dirigirse la serie.

Otro apunte de increíble genialidad es que se alternaban los asuntos judiciales, que solían ser en las más de las ocasiones, muy rebuscados, rocambolescos, a veces simplemente imposibles; con las vidas de los personajes del bufete, y curiosamente lo que se trataba en el juzgado por extraño que fuera, solía tener alguna relación con los problemas cotidianos de esos personajes. Esto era un auténtico dechado de ingenio.

Tal vez mucha gente recuerde la serie por sus efectos especiales, recurso utilizadísimo en la misma a lo largo de sus cinco temporadas (1997 a 2002), se trataba por ejemplo, de que si los personajes se fijaban en algo detenidamente sus ojos saltaban de sus órbitas cómicamente, como si tenían que poner pies en polvorosa y salían pitando cuan personaje de dibujos animados, o empequeñecían cuando metían la pata...

Del mismo modo que otro elemento singular de la serie era el cuarto de baño unisex, donde en cada capítulo se sucedían buena parte de las tramas. Todo el mundo accedía allí para contar sus intimidades y las más de las veces siempre aparecía alguien o aquel de quien se estaba hablando, para producir el consiguiente chasco en los conversantes. ¿Cambió el mundo esta serie y se extendieron los baños unisex?

Por cierto, cómo nos vendían Boston. Ya lo he dicho en alguna ocasión, los estadounidenses son unos enamorados de su país, ¡qué envidia! En cada capítulo una imagen tomada desde el aire nos mostraba panorámicas de esta ciudad, que daban ganas de aterrizar allí y darse una vuelta por sus calles o por sus plazas.

Y bueno, como decía al principio, el único pero es que en la última temporada los cambios y el desfile de personajes fue ya brutal; o los guionistas ya estaban cansados y quisieron suicidarse o arriesgaron tanto que el asunto le salió rana, porque retorcieron ya más de la cuenta. A Ally le sacaron una hija preadolescente, fruto de una donación de ovocitos, y la emparejaron con otro cantante, Jon Bon Jovi, si esto es el colmo de lo friki, y además él no canta en la serie, sí hace de niñero, fontanero, pintor abstracto y consejero sentimental, lo dicho, casi se cargan el prestigio de la serie.

También apareció un transformista vestido de mujer y con el pelo tintado de violeta Claire Otoms (Dame Edna Everage o en realidad Barry Humpries), que también trabaja en el bufete y sinceramente a mí no me hacía ni chispa de gracia, y al que eligieron para doblarlo en España también le dio la puntilla.

Pues nada, en el último capítulo todos se despiden porque Ally se va con su hija a Nueva York, coincidiendo con que finalmente se rompe la maldición y uno del bufete se casa, Richard Fish, con una joven y prometedora abogada recién llegada al bufete Liza Bump (Christina Ricci), y ahí se reúnen los personajes más importantes que han pasado por la serie, incluido el difunto Billy Thomas que es invocado por Ally y aparece en la foto final.

En fin, un sobresaliente alto, casi de matrícula de honor (por el fiasco del final), para una serie conocidísima que dejó honda huella en todos los que la vimos y disfrutamos con ella.

2 comentarios:

Nidia dijo...

Las palabras perfectas que todo fanático de esta serie, agradece.
Ni más, ni menos. Excelente redacción. Mi opinión es la misma sobre mi amadísima serie Ally McBeal.

Edurne Artaza dijo...

Pues a mí me gustó mucho la última temporada, se renovó y añadieron cosas muy sorprendentes, sólo cambiaría el pelo de Jon Bon Jovi, jejeje. Y lo mejor de todo es el final, totalmente diferente a cualquier otra serie, para mí sin duda tiene un 10!