sábado, 12 de abril de 2014

LOS AUTOS LOCOS, UNAS CARRERAS MÁS ENTRETENIDAS QUE LA FÓRMULA 1

Cuando hace unos meses una compañera de trabajo me llamó cariñosamente Pierre Nodoyuna, nos pusimos a recordar aquella serie televisiva de dibujos animados y apenas recordábamos a este malillo y a la sofisticada Penélope Glamour, más allá de ello, sólo nos venían pequeños destellos, así que me dispuse a bajarme todos sus capítulos y a disfrutarla, dicho sea de paso, con mi hijo.

La serie se deja ver muy bien, sus treinta y cuatro capítulos de diez minutos de duración que, al parecer, se emitían por pares, en consecuencia, veinte minutos, concentraban acción incesante y una frenética lucha por llegar los primeros a la meta.

Aunque la serie la veía yo cuando era bastante pequeño, imagino que con apenas seis o siete años, creo que la versión que yo he podido visionar recientemente es la misma, es decir, unos dibujos bien elaborados y con el doblaje realizado por hispanoamericanos con ese acento tan musical, y el uso de algunas palabras que no son propias en España, por ejemplo, reversa por marcha atrás, o barranca por barranco.

En este sentido, los personajes y sus vehículos estaban castellanizados, pero también los títulos de cada episodio. Y resulta pues, curioso que no sólo Pierre Nodoyuna no se llamara en la versión original así, sino que era Dick Dastardly (en una traducción más libre sería algo así como Dick el Ruin). El coche no era el Super Ferrari doble cero, sino The Mean Machine 00. Pierre Nodoyuna se hacía acompañar por su fiel perro Patán (en inglés era Muttley), que tampoco tenía mucho de fiel, pero de eso hablaremos un poco más adelante.

Por supuesto, la simpática Penélope Glamour con el número 5, tampoco se llamaba así, sino que curiosamente era Penelope Pitspot, a los mandos de su Compact Pussycat.

Aparte de esos dos coches y para los amantes de aquella serie voy a recordar a estos personajes y sus vehículos, con los nombres originales entre paréntesis, así como el número que rezaba en su chasis: 1. Los Hermanos Macana, Pietro y Roco con su Rocomóvil (Slag Brothers, Rock y Gravel, bólido: Bouldermovile); 2. Los Tenebrosos con su Espantomóvil (The Gruesome Twosome, bólido: The Creepy Coupe); 3. El Superconvertible del Profesor Locovitch (Pat Pending, bólido: Convert-a-car); 4. El Stuka Rakuda del Barón Hans Fritz (The Red Max, bólido: Crimson Haybailer); 6. El Súper Chatarra Special (The Army Surplus Special), regido por el sargento Blast y el soldado Meekly; 7. Mafio y sus pandilleros que pilotaban La Antigualla Blindada (The Bulletproof Bomb); 8. Lucas el granjero y su oso Miedoso conducían El Alambique Veloz (Luke y Blubber Bear, vehículo: The Arkansas Chuggabug); 9. Pedro Bello (Peter Perfect), con su Superheterodino (The Turbo Terrific); y 10. El Troncoswagen (The Buzzwagon), conducido por Brutus y Listus (Rufus Ruffcut y Sawtooth).

La trama no podía ser más sencilla, esos once vehículos con sus singulares ocupantes competían por todo tipo de terrenos para conseguir alguna de las tres primeras plazas. De hecho, siempre que se terminaba cada capítulo hacía mención destacada de los tres primeros, por analogía con las medallas olímpicas, y después el resto, que casi siempre solían llegar en una piña.

No existía ningún tipo de clasificación, pero precisamente aquel día en que mi compañera de trabajo y yo recordamos la serie, me dispuse a mirar en Wikipedia y curiosamente alguien se preocupó de poner los resultados de las carreras, de los tres primeros puestos, estando todo bastante repartido, considerando que no existía realmente ningún sistema de puntuación.

Todos ganaron o fueron segundos o terceros varias veces, bueno casi todos, porque Pierre Nodoyuna y su «fiel» perro Patán, en una auténtica secuela simbólica de los también conocidos personajes de dibujos animados Coyote y Correcaminos, está constantemente empeñado en sabotear la carrera para que sus competidores no lleguen y que él pueda alzarse con el triunfo. Pero por más que utiliza maquiavélicos planes y trampas diversas, al final todo le sale mal, hasta el punto de que siempre llega a rozar las mieles del triunfo y se queda, en muchas ocasiones, a escasos centímetros de la meta.

La única diferencia en el papel de malo con respecto al Coyote, es que Pierre no quiere comer, quiere ganar, y además sorprende que su bólido, que puede ser el más veloz de todos, siempre suele ser ir desde el principio y en varias fases de la carrera por delante, pero le puede su sibilina maldad y prefiere pararse para colocar trampas, antes que competir limpiamente y llegar el primero, que paradójicamente casi siempre llegaría en ese puesto, toda vez que en cada capítulo de diez minutos le da tiempo a adelantarse a sus contrincantes hasta tres veces.

Tres veces nada menos, y en cada entrega, podían sucederse las estratagemas de Pierre Nodoyuna, o sea, que aunque el formato era compacto, pasaban muchas cosas, casi más que las que pueden suceder en una temporada de Fórmula 1, dicho esto con una cierta sorna.

Como los estadounidenses son así de patriotas, en cada uno de esos treinta y cuatro episodios se atravesaba a modo de homenaje por casi todos los paisajes de ese país, e igualmente una buena parte de sus estados. Así que había de todo: hielo, nieve, escarpadas montañas, lagos, pantanos, cañones, bosques, grandes ciudades, pueblos perdidos...

Curiosamente hay una máxima de la serie y es que todos los vehículos competían siempre, desde la visión del telespectador, de derecha a izquierda; de hecho, llamaba la atención cuando alguien iba en sentido contrario, eso era muy visible y todo el mundo le llamaba la atención.

Aunque el papel de malo malísimo lo encarnaba Pierre Nodoyuna, acompañado por su «fiel» Patán, lo cierto es que también de vez en cuando, el resto de competidores también hacían sus pequeñas trampas para ir más rápidos o impedir que los otros lo fueran. A este respecto, cada coche tenía sus especialidades, sus truquillos, y todos los utilizaban a la voz de «poder de...», y entonces los coches sacaban de su baúl de sorpresas un artilugio que suponía una potencia extra.

Hay que decir que la más limpia de todos era la chica soñada por todos los participantes, y la que despertaba más simpatías entre los televidentes, Penélope Glamour. El conductor más atento era casi siempre Pedro Bello, que con la expresión «mi bella Penélope» estaba siempre al quite para ayudar a esa chica, a su chica; sí, porque había una velada conjunción entre ambos.

Por cierto, cuando me he referido a Patán como fiel perro y he entrecomillado el adjetivo, era para advertir la peculiar relación entre amo y mascota. Pues aunque Patán colaboraba en las artimañas de su dueño, no siempre actuaba conforme a lo ordenado, o se equivocaba o la trampa no funcionaba adecuadamente. El caso es que el mayor disfrute de Patán era reírse de Pierre Nodoyuna con una característica carcajada corta que recientemente recuperó, no sé si con esa intención o es una casualidad, José Mota con su personaje Berengario el tractorista. Y claro después de la risa de Patán venía la contrarréplica de Pierre que solía atizar a su perro por ese inopinado sarcasmo.

Lo que no he logrado averiguar es por qué los guionistas y dobladores hispanos le dieron a nuestro malo un nombre gabacho y le dotaron de acento francés. He tenido oportunidad de ver algún capítulo en inglés original, y el acento que se le da a Dick Dastardly es fuerte pero no francés, yo diría que es más alemán.

La Espe camuflada de Penélope Glamour
Aunque la serie se produjo entre 1968 y 1970 no ha perdido popularidad y, de vez en cuando, alguien rescata a algún personaje como me pasó a mí en el trabajo. De hecho, en estos días en los que se ha aireado la polémica de la política Esperanza Aguirre y sus problemas con los guardias de tráfico, las incendiarias redes sociales, en estos casos, han rememorado a algún personaje de «Los Autos Locos», simbolizando y personificando en ellos a esta sin par mujer.

De igual modo, esas competiciones de barrio en la que intrépidos inventores construyen vehículos con cuatro elementos reciclados y que suelen denominarse de «autos locos», desde luego que tienen un antecedente espiritual en esta mítica serie.

Por último, he de señalar que al parecer esta serie, en su versión original llamada Wacky Races, se inspiró en la divertida película de 1965 «La carrera del siglo», protagonizada entre otros por Jack Lemmon y Tony Curtis, y que alguno de mi época seguro que recordará.

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