viernes, 19 de septiembre de 2014

WAYNE GRATZ, EL PIANO QUE ENAMORA

Cuán inexplorado está el mundo de la música New Age y que limitadísima relevancia tienen muchos de sus actores, que hacen unas composiciones magistrales y que no son mediáticos, viven de la música pero no les da para ser ricos. Si hubiera un algoritmo que permitiera otorgar una puntuación por la calidad de la música en función de muchos parámetros, a buen seguro que la New Age estaría muy arriba, y nos llevaríamos grandes sorpresas con músicos populares y canciones calificadas como grandes éxitos, cuya calidad sería, y es, ínfima.

En ese acotado alcance de la New Age, uno se fija en determinados detalles para saber si al artista de turno le va bien el negocio, si vive holgadamente o si por el contrario, es una profesión como otra más que sólo le da para ir al día. Entonces miro a Wikipedia y observo si existe, compruebo las páginas web que hay en español, y si no hay entrada en Wikipedia y las web españolas son escasas, mal asunto.

Pues hoy tengo un claro ejemplo de un compositor que no está en Wikipedia, que tiene unas breves alusiones en mínimas webs escritas en español, y tampoco demasiadas en inglés, se trata de Wayne Gratz.

Como siempre podremos encontrarlo en muchas páginas de música, de venta de música, que realmente no sé el impacto que tendrán con este tipo de compositores. Quiero imaginar que son un gran cajón de sastre, donde por norma meten lo comercial y lo no comercial, porque no cuesta nada rellenar. Dicho esto, no seré yo quien critique la existencia de estas páginas, pues si están ahí es porque venden música, aunque bien es verdad que con la multitud de espacios de descarga gratuita, aun conculcando la legalidad, la gente sigue bajándose discos la mayoría y comprando los menos.

Es cierto, no lo voy a negar, yo formo parte de esa mayoría que transgrede, aunque intento compensar esa especie de poco honrosa aprehensión, con alguna que otra mención en este humilde blog, algo que puede contribuir mínimamente a que se conozca un poco más a su autor, lo que puede reportarle un átomo de ventas y contratos. Desde luego que esto último es sumamente pretencioso por mi parte porque doy menos que lo que recibo, y seguramente si Wayne Gratz accediera alguna vez a este blog a lo mejor opinaría que todo esto está muy bien, pero que con esto él no llena el carro. En todo caso, yo me quedo más tranquilo con estas reseñas musicales de vez en cuando, con objeto de elevar el nivel de conocimiento de la New Age y de sus artífices, porque a buen seguro, aunque sea como una gota en el mar, prefiero seguir haciéndolo porque algo deja. Emulando al célebre Dalí, viene al pelo aquella frase suya que decía «Lo importante es que hablen de ti, aunque sea bien», pues eso.

Pero por qué pararse hoy en Wayne Gratz, pues porque su música emociona y hechiza a la vez, desde la simplicidad de un piano, es capaz de hacernos soñar, de imaginar escenarios deseados, su música enamora y es para enamorados, es para escucharla en compañía, o para escucharla solo pensando en esa otra persona.

Nacido en Carolina del norte (EE.UU.) en 1954, apenas con seis años ya sabía tocar el piano, prosiguiendo con su formación durante su juventud, a la vez que aprendió a tocar la guitarra. Ese bagaje con el piano le permitió llevar los teclados en varios grupos juveniles.

Hasta 2002 Gratz hizo varios álbumes a través de diversos sellos musicales, uno de ellos Narada una de las empresas más especializadas en New Age, pero nuestro protagonista necesitaba más, no quería estar amarrado a unas condiciones mercantiles en las que se veía obligado a componer donde y cuando le decían. Aunque en esos años previos realiza composiciones fantásticas, a partir de ese año él comienza a producir y grabar sus propios trabajos hasta la fecha.

Su música trasciende a su nombre, la hemos podido escuchar en Juegos Olímpicos, en anuncios de radios y televisión, en documentales, en museos; a buen seguro que la recordamos pero jamás sabríamos qué compositor había detrás.

La música de este pianista ha ido siempre alternando, dentro de un tenor muy suave y casi conservador, desde el piano como único instrumento, a la incorporación muy tenue de teclados y voces, que no distorsionan al absoluto protagonista de su música, que es obviamente el piano.

El propio Gratz reconoce en su web que su música es tranquila, sin pretensiones, no pretende mover masas, simplemente inspirar, llevarte por ejemplo a un océano sin mojarse ni recibir arena entre los pies. Aunque podamos avistar una carrera bastante prolífica (una veintena de discos), nunca ha primado en su estrategia la cantidad sobre la calidad.

Lo curioso en la actividad musical de este músico es que su estela pública es muy limitada, tanto que es accesible al común de los mortales, ya que curiosamente Gratz encontró un placer único en la realización de conciertos privados. Al parecer todo surgió de una casualidad, un amigo lo invitó a cenar a su casa y también para que, de paso, amenizara la velada con su talento. Le resultó una gratísima experiencia y puesto en contacto con la compañía «Conciertos en su hogar» (www.concertsinyourhome.com), a través de esta, se pueden contratar sus servicios, en un nuevo concepto de la difusión musical que nos permiten hoy las nuevas tecnologías de la comunicación.

De hecho, Wayne nos ofrece ser el concertista de una boda, el amenizador de una convención o un congreso, o el hombre espectáculo para una fiesta privada, adaptándose eso sí a lo que el público le solicite, siempre dentro del género tenue de su música, lo que incluye peticiones musicales de canciones que él mismo puede interpretar con su estilo propio. Eso sí, el instrumento musical lo ponemos nosotros, tiene que ser un piano de cola medianamente afinado. En fin, un capricho que seguro más de uno se puede permitir... en Estados Unidos.

La música de Gratz es un poema hecho susurro en los oídos, es una forma de planear suavemente por los pensamientos propios y ajenos, para ser esperado y tener esperanza a la vez, para soñar despierto con lo imposible, para poder definitivamente leer entre líneas.

Si me tuviera que inclinar por una recomendación concreta de un tema de Gratz yo propondría este fantástico «A silent wind» dentro de su disco «Four steps to the ocean», un verdadero canto al amor.

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