sábado, 31 de enero de 2015

LAS HERMANAS GILDA, UNIDAS Y ENEMISTADAS COMO LA VIDA MISMA

Adentrarse en el simbólico mundo de los historietistas en la época franquista, este nos desvela historias profundas y a veces sórdidas en contraposición a los trocitos de humor que nos ofrecían en sus páginas. En muchos casos, en la mayoría de los casos, estos artistas siempre utilizaban esta especie de pócimas secretas, dado que eran mucho más avanzados en pensamiento que la media cultural española y, por supuesto, miles de veces más inteligentes y hábiles que esos censores que se permitían el lujo de trastocar la cultura para que el pueblo siguiera sumido en el sopor y la abulia.

Por otro lado, no era poco común que los grandes iconos de la historieta, pegados al pueblo y a los problemas de la sociedad, dispusieran de personajes que eran sus estandartes, aparentemente inocentes, sin dobles lecturas, más que políticamente correctos, para tener otra serie de personajes más segundones, más tapadillos, donde podían dar rienda suelta a sus críticas, amparados por el velo de la impecable blancura de los otros.

Este es el caso del genial Vázquez, el padre de los inefables Zipi y Zape, cuya popularidad ocultó otros personajes dignos de mención y análisis, como es el caso de «Las hermanas Gilda», esta parejita que ocultaba en cada historieta algún mensaje social.

Esta historieta nace en 1949 y el primer dato relevante nos lo ofrece su título de hermanas Gilda, se trata de una primera aproximación a una película y un personaje que despertaron mucha expectación en su época, concretamente en el año de su proyección, 1946 y posteriores. Pero Gilda es un mito erótico que hoy nos parece un espectáculo cuasi infantil, es más lo que insinuaba que lo que mostraba, de hecho, el desenfundarse un simple guante se convirtió en el striptease sugerido más recordado de la historia del cine.

Nuestras hermanitas son, sin embargo, la antítesis de ese bellezón que era Rita Hayworth, tienen poco de glamourosas. Aunque en Internet hay dudas sobre quién es mayor de las dos (Hermenegilda o Leovigilda), yo que he releído últimamente las historietas a fe que he verificado que Herme es la mayor y Leo la menor.

Y Herme y Leo, que es como normalmente se llamaban entre ellas con algún cariño pero no con todo y ahora lo veremos, no son nada Gildas, son mujeres muy normales, demasiado normales. La mayor, Herme, es gordita y baja, y se caracteriza por llevar el pelo recogido en un moño, es de buen carácter, también un tanto ilusa, y tiene una aspiración suprema: encontrar novio. Leo, por su parte, está física y espiritualmente en el lado opuesto de su hermana, esta es alta y delgada, y con el pelo suelto, tiene los pies en el suelo y su misión es jorobar a su hermana y matarle sus ilusiones. Y no, no son muy atractivas ninguna de las dos.

Curiosamente Leo era realmente una dictadora, era ordeno y mando, al más puro estilo de no sé que régimen imperante en la época. La presiona tanto, a veces, que Hermenegilda no pierde la oportunidad, si le viene a la mano, de vengarse de su hermana.

Por si fuera poco contundente esta diferencia visual, los nombres de estas chicas evocan a los reyes visigodos Leovigildo y Hermenegildo, que eran padre e hijo, y de los que se recuerda la mítica rebelión del hijo sobre el dominio del padre, es decir, la constante rebelión de Herme ante el poder establecido de su hermana y su carácter intransigente.

Otra antítesis nos la ofrece la propia presencia de estas muchachas, una gorda y una flaca, a semejanza de otras muchas parejas del cine, de la literatura o del teatro, tal vez la más conocida la del dúo Stan Laurel y Oliver Hardy (el Gordo y el Flaco). De hecho, se reproduce al respecto de esta diferencia física ese sentir social de que los gorditos son afables y bonachones, y que sus opuestos lo son menos.

No obstante, también es verdad que Leo vela por su hermana hasta el límite, la sobreprotege de tal manera que ejerce una presión insoportable, casi dictatorial; por eso no ve nunca con buenos ojos sus planes, y al proyecto de novio que venga a casa siempre le saca faltas y ella misma indirecta o directamente lo aparta de su hermana.

Y a todo esto, a qué se dedicaban estas hermanas, pues a nada, era como una especie de vivir de las rentas, aunque tampoco trasciende que vivieran desahogadas, pues Hermenegilda siempre sueña con encontrar un tesoro, o con hacer un buen negocio que le reporte pingües beneficios. Lo que si denota esta pareja es que viven presas de la soledad y necesitan el aire como el comer, su vida está plagada de frustraciones, porque sus historietas casi siempre acaban con un fracaso, y por supuesto, que las Gilda son el prototipo que vemos cada día, de hermanos o familiares que se quieren, pero que su día a día es decirse de todo menos bonico.

Como ya se podrá imaginar es evidente que la temática de las historietas de las hermanas Gilda tenía poco de infantil, aunque todo sea muy sarcástico e inocente, tal vez estuviera más dirigido al público adolescente y de ahí para arriba. Sin embargo, hubo un punto de inflexión en esta historieta pues con ocasión de la promulgación en 1955 de una normativa estatal sobre ordenación de la prensa infantil y juvenil, se bajó el listón y la temática varió, por lo que nuestra joven Herme dejó de asediar novios y muchas historias se trasladaron al campo donde las aventuras tenían un perfil más infantil y cómico.

El trazo de Vázquez para estas chicas era muy leve, nada detallista, se potenciaba más el diálogo por encima del dibujo, de hecho, aparte del dibujo en sí de las hermanas Gilda, los fondos eran muy leves.

Podemos decir que la gran década para estos personajes fue la vivida en los 50 del siglo pasado, donde las publicaciones infantiles tenían mucho predicamento, y Vázquez junto con otros compañeros de profesión vivió un increíble flujo de trabajo. En la década posterior esta historieta perdió su esencia, al ser realizados los dibujos por un equipo sin la intervención del padre de estas criaturas.

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