sábado, 14 de febrero de 2015

"EL DON", DE MAI JIA

Alentado por la novedad que suponía para mí leer una obra de uno de los escritores chinos actuales más afamado, considerando que no suelo leer mucha novela extranjera, me adentré en este libro que por su título y sinopsis parecía ser interesante.

Presentado como un thriller de espionaje chino, llegado a su desenlace puedo confirmar que sí que hay espionaje chino, pero lamentablemente de thriller poco. Y siento decir, al respecto de esto, que la obra me ha decepcionado bastante.

Y puedo señalar, a tenor de las críticas y opiniones que he leído, que debo ser un raro, porque la obra está calificada como un novelón de proyección mundial y puesta a la altura de la producción de monstruos literarios de este género de suspense como Ruiz Zafón, Roberto Bolaño o Borges, algo que se me antoja pretencioso a todas luces.

Bien ha expresado Mai Jia acerca de esta obra que esta historia de espías es una tapadera, pues él escribe sobre la gente. Sin duda, creo que ahí está la esencia, el pensar que esto es un thriller, una novela de suspense, y es realmente la semblanza de una historia humana, y no puede ser de otro modo, porque con el conque de la trama se radiografía a un ser humano, con su crecimiento, sus éxitos, sus defectos y sus pensamientos.

La novela narra la historia de Rong Jinzhen, el enésimo miembro de una familia peculiar que se caracteriza por tener un talento especial para las matemáticas. No obstante, la historia de este miembro es, como poco, atípica. Nacido casi de casualidad, no deseado, prácticamente dejado de la mano de Dios por su familia, con taras físicas..., un no menos atípico profesor occidental, Auslander, se convierte de tácito en su padre adoptivo, el cual le transmite sus cualidades. Muerto prematuramente Auslander, el niño será acogido por otra parte de su familia (el joven Lillie, su tío abuelo), donde ahí sí que será reconocido y tendrá la auténtica consideración de adoptado.

No obstante, para entonces el joven Rong ya se habrá revelado como un individuo raro, casi antisocial, limitando con el autismo aunque también con algunos indicios de ser Asperger. Rong se ha hecho a sí mismo, ha construido un sólido edificio mental, en el que ha ido aprendiendo todo de forma autodidacta, fundamentalmente en lo que se refiere a las matemáticas y de una manera asombrosa.

Se nota que el autor ha trabajado en servicios de inteligencia porque su dominio de las matemáticas y la criptografía es patente, en este sentido, el descubrimiento espontáneo de Rong de las sumas, las restas, las multiplicaciones y las divisiones es muy interesante, absolutamente creíble, toda una revelación para mí, que aunque soy de letras, me hubiera gustado ser de ciencias pero un mal profesor en el Instituto me cambió la vocación.

Su incursión tardía en las aulas confirmará que estamos ante un superdotado que progresará con rapidez adelantándosele los cursos y culminando sus estudios con brillantez, allí conocerá al profesor Jan Lisiewicz, el cual marcará su futuro. El joven Lillie orientará ese talento y su proyección profesional hacia la inteligencia artificial, pero ese sublime «don» llegará a los oídos del régimen que lo captará para su unidad secreta 701 dedicada al contraespionaje, y muy particularmente para su sección de criptografía, especializada en el desciframiento de códigos militares secretos.

Hasta ese momento, casi en la mitad del libro, la vida, casi a modo de aventuras, de Rong Jinzhen y su familia es un relato ágil, ameno, entretenido; pero es entrar en esa unidad y la lectura a mí me parece que se vuelve tan enredada como los códigos que pretende descifrar, infantil, inocente, incongruente y poco realista.

Confieso que a medida que iba leyendo no paraba de pensar si, pese a la buena traducción, la diferencia cultural que separa a China de Occidente sería un obstáculo para entender el libro. Y al final me han quedado dudas acerca de esto, porque o yo soy poco avispado o esas incongruencias son propias de una cultura que un occidental como yo conoce muy de lejos.

Y es que el relato de aventuras pasa a ser en ese punto un auténtico pestiño, no pasa nada de nada, o muy poco. Rong Jinzhen descifrará con bastante facilidad un código secreto denominado Púrpura, y luego intentará descifrar Negro, pero le roban un cuaderno con sus notas, se volverá medio lelo, y al final otro miembro de su unidad concluirá exitosamente su trabajo.

Una de las incongruencias más evidentes es en el momento en que le roban ese cuaderno, plantea el autor que un personaje como Jinzhen, elemento clave del contraespionaje chino, viaje a otro punto del país a un congreso. Justifica que no puede viajar en avión porque sería «fácil» para el enemigo (que aunque nunca se nombra se sobreentiende que es Estados Unidos), llevar a cabo una conspiración para atentar contra ese avión, con lo que se ve más conveniente ir en tren o en coche. Al final se decide ir en tren en un viaje maratoniano de tres días, y donde sorprendentemente va con unas endebles medidas de seguridad, porque al final le roban bien robado aunque se trata de un raterillo de poca monta. Hubiera sido mucho más lógico y novelesco cuasi peliculero, forzar la situación y que hubiera habido alguna trama conspiranoica, que la libreta se hubiera destruido en el intento, o algo así; en fin, son divagaciones mías. Pero ir durante tres días en un tren normal y corriente, durante tres días, con un guardaespaldas, me ha parecido de lo más inconsistente que he leído últimamente.

Para rematar la faena Mai Jia desvela al final del libro, a modo de anexo, parte del contenido ¡tan secreto!, de esa famosa libreta azul, y el mismo escritor se atreve a sugerir al lector que puede obviar su lectura, pues puede resultar incomprensible. Es realmente incomprensible, o es una tomadura de pelo del autor, o es una «turbación más» mental.

Me quedo sinceramente con la primera parte de la obra, original y entretenida. Lo mejor es la semblanza de toda una familia con una especial predilección por las ciencias y muy particularmente la autodidáctica de Rong Jinzhen para adiestrarse en las matemáticas con elementos escasos; de hecho, para él las matemáticas lo serán todo en el mundo, destaco un párrafo en el que señala:«En la ciencia el verdadero obstáculo es el tiempo. Si dispusiéramos de tiempo ilimitado, todo el mundo podría aprender los secretos del universo». La segunda parte pasa a ser un pestiño solemne con escaso interés y perpetrada alevosía.

No hay comentarios: