sábado, 21 de marzo de 2015

"VENIRSE ARRIBA", DE BORJA COBEAGA Y DIEGO SAN JOSÉ

Alentados por el indiscutible éxito de «Ocho apellidos vascos» del que Borja Cobeaga y Diego San José son los padres de su guión, esta pareja con una dilatada trayectoria en el cine y la televisión, ya que han estado detrás de muchos programas de humor, sobre todo de la televisión pública vasca, llegan ahora con esta novela fresca, desenfadada y simpática, que como premisa cumple algo muy importante en la literatura, que sea entretenida.

No sé si este tándem es ahora el equipo de guionistas con más trabajo de España, sobre todo porque las productoras están buscando las secuelas de la gran película de 2014, más aclamada por el público (la película española más taquillera de la historia del cine de nuestro país) que por la crítica y los académicos del cine, que sólo premiaron con tres goyas a esta cinta. Lo que sí es verdad es que Cobeaga y San José están de dulce y tienen que aprovecharlo para su bien y para el de sus seguidores que esperan ansiosos a que sigan convirtiendo en oro todo lo que tocan.

Y no sólo es una novela entretenida, que se deja leer, hay algo muy importante más allá del valor literario y es que, siendo una novela un tanto gamberra, pues te ríes bastante mientras la lees, se destila mucho humor inteligente, no hay chiste fácil ni trillado, y eso es mucho de agradecer.

Que nadie espere que sea un novelón con un inmaculado tratamiento del castellano, y es que sus personajes se expresan como tú y como yo cada día. Aunque se cuida la narrativa y el vocabulario, la predominancia de los diálogos con muchos giros actuales ya nos dice qué es lo que vamos a leer, toda una comedia.

Pues eso, en esa ola buena que han cogido Cobeaga y San José, son capaces de configurar esta comedia escrita que nace para alegrar la vida a cualquiera durante varios ratos. El libro se lee fácil, no querrás que pasen muchas jornadas sin meterle mano y nos permite no sólo unas risas, sino que te imagines, como pocos libros, en tu mente cómo serían físicamente los personajes principales.

La historia se sucede en Ámsterdam donde Miguel, un joven asturiano, que está de erasmus, comparte piso con Fernando, un onubense. Todo circula con aparente placidez, Fernando le da al pelo y a la pluma, y Miguel aspira a terminar de camelarse a una potente francesita, Marion. No obstante, entrará en escena Jesús, el padre de Miguel, un parado prematuro de la minería asturiana, al más puro estilo «Los lunes al sol», que decide rematar los pocos ahorros que le quedan para cambiar el ciclo de una vida aburrida y sin destino, divorciado y con el único aliciente de visitar cada día una sidrería de Mieres adonde se encuentra con una basca de iguales.

Pero Jesús no llega a Ámsterdam para servir de apoyo a su hijo, va un poco a la aventura, a saco, y su peculiar personalidad lo pondrá en un aprieto no pocas veces. En primer lugar, porque el idioma es un obstáculo, sólo se puede entender con españoles o con quienes hablan español (los erasmus se comunican en inglés), y por otro lado, porque lejos de ayudar a su hijo no hace más que ocasionarle problemas.

A partir de ahí comienza lo bueno, todo es un puro enredo. A Miguel no le terminan de salir bien sus planes, y ve cómo sus evoluciones con Marion son muy ambiguas; la quiere, se quieren, sí y no, no y sí, pues cada uno tiene sus parejas respectivas en sus países de origen, y romper no será tan fácil, al menos para la gabacha, y encima el novio de esta se presenta en Ámsterdam pidiéndole ayuda a Miguel para que le sustente la sorpresa, ahí es nada. Su padre, mientras tanto, tampoco colabora demasiado, lo que iba a ser una visita casi de fin de semana, y una salida forzada, se pospone sine díe.

Las intensas salidas del padre son antológicas, entre que no se entera y que todo lo ve con su exclusivo prisma, pues no para de liarla y estar en todos los fregados. Con su exmujer, con Fernando el compañero de piso, con el dueño de un restaurante español venido a menos, o con sus amigos de la sidrería de Mieres con los que se comunica a través de correo electrónico, haciendo sufrir al teclado del portátil de su hijo, todo hay que decirlo. Para Jesús no hay límites, no hay fortaleza que se le resista en ese extraño mundo centroeuropeo, ni tan siquiera un cuadro de Van Gogh, que por qué no cogerlo prestado de un museo para que decore la habitación de su hijo, al que por cierto, se empeña en llamarle Chusmi, pese a que el joven Miguel se opone y terminará por dejarlo por imposible.

Pues nada, que el protagonismo del padre no cesará, en una paranoia irrefrenable, intentando solucionar el mundo a su manera, por un lado, su destino sin su exmujer, capitulo este del que debe «pasar página», y por otro, debe tratar a la vez de congraciarse con su hijo, intentando que este cace definitivamente a Marion aunque sea lo último que haga en esta vida.

El final es apoteósico, pero esbozo solo unos detallitos: Cobro de la indemnización de la mina, Bruselas, Eurovisión, Melendi y pasamos página...

¿Final feliz o infeliz? Es la vida misma, y no creo que el objetivo del libro fuera buscar el mejor final para sus protagonistas, tal vez esto le podría ocurrir a cualquiera, sin la espectacularidad de lo novelesco, pero al final es una historia de encuentros y desencuentros, éxitos y decepciones, amores y desamores. Lo sustancial es el nudo de la historia y su desenlace por encima del después de sus personajes, todo ello verdaderamente para reírse y sonreírse relajadamente; por eso digo que esta obrita merece mucho la pena para desencajar un poquillo las mandíbulas.

La historia en sí sería un perfecto guión cinematográfico, se nota que los autores saben de qué va esto; aunque curiosamente he notado cierta similitud temática con la recién estrenada película «Perdiendo el norte» de Nacho G. Velilla, que también habla de la experiencia de estudiantes españoles en Alemania.

Más allá de eso, incluso tendría mucho más éxito y vidilla la historia posterior del exminero Jesús, en su venturosa nueva vida en la capital de Holanda, regentando una renovada sidrería en el centro de la bulliciosa ciudad de los canales, me la imagino como una taberna parecida a la de la mítica serie «Los Serrano», y el papel de Jesús bien podría ser el mismo Antonio Resines, o incluso Karra Elejalde, que realmente mientras iba leyendo el libro y en la particular imagen que me he formado en mi mente de sus personajes, siempre he imaginado a Karra Elejalde haciendo el ganso.

En definitiva, un libro para disfrutarlo, para echar varios ratos muy agradables, y para compartir la cantidad de pequeños chistes insertados en esta novelita con el perfil de humor inteligente propio de El club de la comedia y todas sus versiones monologuistas. Mi querida hermana me lo regaló esta Navidad, porque lo recomendaban como grajea de risoterapia, especialmente en un momento personal un tanto delicado por el que yo atravesaba.

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