sábado, 9 de mayo de 2015

"EL MAESTRO DEL PRADO", DE JAVIER SIERRA

¿Novela, ensayo, documental escrito? Realmente algo sorprendente es la propuesta del mediático Javier Sierra para introducirnos en una colección de enigmas cuyo propósito creo que sinceramente está más allá del propio desenlace, pues en realidad lo que pretende es adiestrarnos acerca de cómo hemos de enfrentarnos al arte pictórico.

Es bien conocida la deriva del turolense Javier Sierra acerca de los misterios, episodios turbios de la historia, incógnitas de la humanidad y preguntas sin respuesta. Su participación en medios de comunicación de todo cariz, le han permitido hacerse un nombre y un hueco en el siempre comprometido candelero periodístico, en el que cada vez se arrincona más todo lo que tiene que ver con la cultura. De hecho, de actualidad está el libro que ha escrito (que le han escrito) Belén Esteban y que arrasa entre sus millones de adeptos, o sea, España de charanga y pandereta, o España sin más.

La fama de Sierra es tal que hubo un momento en su etapa periodística en que dio el salto a la literatura, con objeto de ampliar su abanico de segmentos. Es el primer libro que leo de él y no sé cuál es el modo de escribir que tiene, desconozco si la estrategia utilizada en este que traigo a colación tiene similitudes con otros libros anteriores; este como poco, reitero lo anteriormente citado, es como poco sorprendente.

Desde luego, se percibe y no es una crítica maldiciente, que Sierra no es novelista, porque lo que denota la lectura de este trabajo es que un experto en historia con una intención bien clara de trasladárnosla, de ser pedagógico y de construir una novela alrededor con muchísimos guiños a la historia.

Envuelta en vivencia del propio escritor, en su época universitaria en Madrid, un día de visita en el Museo del Prado, se encuentra con un hombre un tanto extraño que comienza a contarle detalles sobre cuadros muy conocidos de las salas de esta pinacoteca, los cuales encierran historias muy interesantes sobre sus autores y sus peripecias en las diferentes épocas en las que los pintaron.

Poco a poco el maestro y el «discípulo» comienzan a hacernos ver que hay mucho más que lo que vemos en algunos de los cuadros que seguramente hemos visto alguna vez en el propio Museo del Prado fundamentalmente (o en libros de texto y didácticos) y en menor medida en otros museos del mundo. Una serie de láminas van jalonando el libro y nos facilitan el seguimiento de las interesantes apreciaciones que se van sucediendo, detalles que se le pasarían por alto a la mayoría, pero que bien indicados, fundamentados y explicados, nos abren las puertas de nuevas dimensiones del conocimiento acerca de esas pinturas y sus autores.

Toda esa profusión de datos, apuntes, fechas y matices es el punto gravitatorio de este ensayo novelesco, no se puede negar, lo otro, la envoltura de personajes actuales y sus circunstancias queda en un segundo plano. De hecho, podríamos cifrar en un 95 % los análisis histórico-artísticos de los cuadros que se abordan en el libro, y apenas un 5 % para la línea argumental de la novela. ¿Es suficiente? Tal vez no, pero eso depende de cómo se quiera mirar el libro, el que lo considere una novela seguro que verá limitadas sus expectativas, el que lo afronte como yo, que humildemente he entendido que este es un ensayo, pues me quedo con una buena sensación.

Javier Sierra
En realidad, la novela propiamente, se centra en los encuentros envueltos en misterio de Javier Sierra y Luis Fovel (el maestro), apenas una amiga de Javier interviene de pasada, algún otro personaje real, y un tal Julián de Prada que se convierte en antagonista de Fovel, y el padre Juan Luis Castresana erigido en el artífice del desenlace final, si es que lo hay como tal.

Dos veces he estado en el Prado en mi vida, por una regla de tres simple, simple por lo errático de esta alusión, para una persona de poco menos de cincuenta años como yo es muy probable que lo visite una vez más, con mucha suerte incluso dos, y desde luego, este libro ha de ser un referente porque es verdad que detrás de cada pintura hay mucho más que lo que muestran las guías de arte. Introduciéndonos en la biografía de los artistas, en las vicisitudes de la época que les tocó vivir, así como las corrientes de pensamiento humanista y religioso, obtendremos una visión mucho más amplia de lo que estamos observando.

Y, por cierto, puestos a repasar un pelín las obras sobre las que Sierra pone el dedo en la llaga, la mayoría tienen un perfil religioso – místico, y se nos desvelan algunos hechos que están a la vista de todos, y que sin el necesario adiestramiento jamás percibiríamos: ¿un hermano del niño Jesús?, ¿una concepción diferente de la Creación?, ¿códigos secretos? Y todo ello realizado en épocas pretéritas donde la libertad de expresión estaba cercenadísima nos dice mucho del valor y la astucia de esos pintores.

Me quedo, pues, con el esfuerzo documental y bibliográfico de Sierra, a más de uno le podrá parecer excesivo e incluso pesado, por la profusión de datos, pero hay que reconocer que el autor quería que esta historia sobre pinturas históricas tuviera el imprescindible envoltorio de la erudición.

Para el que quiera quedarse con la novela, tal vez le decepcione, por su desarrollo y tal vez por su final, pero lo que no se podrá negar es que el autor intenta hacerlo ameno, lo que a veces puede resultar un tanto espeso, ello lo consigue con buenos recursos tales como la sucesión de diálogos, la misma incorporación de numerosos cuadros mediante láminas que permite no aburrirse en un solo análisis de un cuadro, lo que eventualmente pudiera haber resultado algo áspero.

Por ponerle algún tachoncillo, hay que decir que la conexión entre las historias de los diferentes pintores que son citados, a veces resulta un tanto difusa, el maestro y su alumno hacen saltos en el tiempo que hacen que se pierda el hilo por momentos, pero el fin justifica los medios.

Por tanto, si a alguien le interesa un libro que rasque en cada cuadro y que nos facilite ver detalles que hasta este momento desconocíamos, desde luego tiene una magnífica guía, por ejemplo, para visitar la próxima vez el Museo del Prado.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Buen libro.
Recomiendo "El Ángel Perdido", "La Cena Secreta" y "Las Puertas Templarias", del mismo autor.