sábado, 27 de junio de 2015

"LA PROMESA DE GERTRUDA", DE RAM OREN

Ya lo he comentado en alguna ocasión cuando he traído a este blog algún libro, de los que asiduamente devoro, relativo al exterminio que ejerció la Alemania nazi contra la población judía durante la 2ª Guerra Mundial, que salvarse, escapar de aquella barbarie fue una cuestión de suerte, de picardía o de oportunidad, además, ni por este orden ni necesariamente todas juntas. Podemos decir que la maquinaria de devastación no controlaba en su totalidad esto, porque los avatares del ser humano son inescrutables y simplemente hay gente que sobrevivió por una serie de circunstancias y gracias a Dios nos ofreció su testimonio para que no olvidáramos jamás lo que ocurrió.

Un poco de suerte, oportunidad e incluso de picardía, sí que se unieron para que los protagonistas de esta bella historia, la historia de Gertruda Babilinska y Michael Stolowitzky, pudieran salir de aquel infierno.

Varias notas muy particulares separan esta historia de otras que he leído sobre la misma temática en los últimos tiempos. Para empezar hay que decir Michael era el hijo de una potentada familia judía polaca, su padre Jacob Stolowitzky tenía fábricas por toda Europa y cientos de trabajadores a su cargo, sus negocios florecían y eso le permitía llevar un gran nivel de vida, residiendo en una mansión en el centro de Varsovia donde se daban cita de vez en vez lo más granado de la aristocracia, política y empresariado de aquel país antes del conflicto bélico. Gertruda, por otro lado, era una joven católica, culta y de procedencia humilde y de una zona rural, que será la cuidadora del pequeño Michael.

Por otro lado, paralelamente a la historia de Gertruda y Michael, se cuenta también la de un oficial nazi, Karl Rink, un hombre bueno, casado con una judía, a la que sus propios compañeros liquidan, y con una hija a la que en el inicio de la guerra, manda a un campo de refugiados en Palestina. Rink comete un terrible error en su vida que es el de adherirse al partido nazi en un momento en el que estaba parado; lo hace como una salida laboral y porque en los primeros momentos del nazismo, este partido proclamaba una serie de mejoras en Alemania en un momento de crisis económica (¿nos suena?). La deriva posterior fue la que todos conocemos, y Rink convertido en oficial de las SS, busca poder vengar a su mujer, volver a ver alguna vez a su hija, y a la par intentar desde su privilegiada situación el trato honesto, cuando no la salvación, de un buen número de judíos.

Se tiene como el principal detonante del inicio de la 2ª Guerra Mundial la invasión de Polonia por el ejército nazi, y aun cuando ya se vivía cierto tufo en Europa de odio a los judíos, el punto de mira hacia este pueblo se ajustó. A esta familia la obligada huida le llega en el peor momento, pues el Sr. Stolowitzky está cerrando un negocio en París y se ve impedido de volver a su país y no sólo eso, sino que es imposible establecer comunicación con los suyos.

Con las lógicas prisas y la locura imperando en las calles de Varsovia, la familia Stolowitzky, Michael y su madre (Lydia Stolowitzky), Gertruda y el chófer de la familia (Emil), cogen unas pocas pertenencias, dinero en metálico y joyas. Su destino la capital lituana, Vilna, donde al poco de llegar conocerán la crudeza de la condición humana, pues el chófer se revela como un traidor e incluso confirma que ya lo era antes, y deja a la familia prácticamente tirada en la calle.

Las dos mujeres y el niño se ven abocadas a la miseria y Lydia Stolowitzky fallecerá al poco tiempo, aparte de enfermar, víctima también de una pena irremediable. En su lecho de muerte Gertruda le prometerá llevar a su hijo a la tierra prometida de los judíos, a Palestina, y no separarse de él.

Mientras, la vida del padre, Jacob Stolowitzky, caminará por otros derroteros, desolado, casi sin esperanza de volver a ver a los suyos, llegará a contraer matrimonio con una joven italiana, trasladándose a un pueblo recóndito de ese país, donde se enclaustrará, aunque finalmente será encontrado por los nazis y asesinado por estos.

Los esfuerzos y malabarismos de Gertruda para mantener al pequeño Michael se redoblarán, no sólo para conseguir su sustento y cuidar de su salud, sino para preservar el secreto de su origen, lo cual que se desvelaría con algo tan simple como desnudar al niño, pues por su condición de judío estaba circuncidado; precisamente un buen día paseando por las calles de Vilna se tropezarán con un grupo de las SS, comandado por Karl Rink, el cual termina por conminar a sus huestes para que no los incordien y muy seguramente salvaría la vida del pequeño.

Gertruda se convertirá en la madre adoptiva, sin papeles, de Michael Stolowitzky y después de muchas vicisitudes, y la feliz noticia del fin de la guerra y de su supervivencia, es cuando Gertruda debe dar cumplimiento a su promesa. Sus penurias no acabarán, pues formarán parte del contingente de emigrantes ilegales que a bordo del Exodus en 1947 tratan de entrar en el que muy pronto se convertiría en el nuevo estado de Israel. Otro testimonio histórico digno de repasar, de hecho, hay una película sobre esta odisea que vi una vez a trozos y tengo intención de visionar en breve.

Tras no pocas peripecias finalmente se instalarán en Israel, donde Gertruda y Michael llevarán una vida humilde y tranquila, aunque quedaban dos asuntos pendientes, uno era el recuperar la inmensa fortuna de la familia Stolowitzky que estaría en tres bancos suizos, y el otro, el de rendir tributo a aquel oficial de las SS que tuvo un gesto de humanidad y que los salvó de una muerte prácticamente segura.

Un joven Michael Stolowitzky acudiría a Suiza para reclamar su fortuna, pero la mucha ilusión sin papeles que le avalaran, puso freno a sus expectativas; se enfrascó en todo un laberinto burocrático, en el que finalmente llegaría a conocer a la segunda mujer de su padre, y con su ayuda llegarían a conseguir una mínima cantidad de aquella fortuna; los bancos suizos le pusieron infinidad de trabas (Suiza, ese país tan idílico en el que sus bancos acogen hoy las fortunas de medio mundo procedentes de la corrupción, qué curioso).

Por otro lado, Karl Rink se le reconocería su valor y humanidad, tristemente falleció poco antes de reencontrarse con su hija, pero Michael y Gertruda sí la llegarían a conocer. Gertruda que siempre fue católica pero que ya vivió para siempre en Israel, fue nombrada Justa entre las Naciones en 1963, por Yad Vashem, institución creada en memoria de las víctimas del holocausto.

Aquella terrible guerra sepultó las almas de aquella acaudalada familia polaca, de hecho, la grandiosidad de la mansión en la que vivían se denota en que la misma fue utilizada como sede de un ministerio tras el fin del conflicto.

En definitiva, una bella historia del corazón, dura también, que para los que somos padres adoptivos nos llega muy adentro, y un testimonio que, como siempre intento que así sea, nos tiene que seguir dejando poso para entender todavía mejor la realidad actual en determinados aspectos.

Por cierto, Gertruda Babilinska fallecería en 1995 y Michael Stolowitzky, instalado actualmente en Estados Unidos, ha sido profesional del turismo, y hay muchas entrevistas suyas en Internet que recalcan aquella aventura de muerte, terror y esperanza.

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