sábado, 8 de agosto de 2015

"MI COLOR FAVORITO ES VERTE", DE PILAR EYRE

Creo que alguna vez lo he comentado, que el leer un libro con el oropel del éxito no es sinónimo de que este necesariamente sea bueno. Ya me ha pasado en alguna ocasión y me vuelve a pasar ahora, el que la novela en cuestión venga avalada por un premio, o finalista como es este caso del Planeta de 2014, me impulsó a adquirir el libro, convencido de que gente mucho más cualificada que uno, expertos en literatura actual y conocedores al detalle de los intríngulis de la profesión editorial, te garantizan que lo que vas a leer no es bueno sino mucho más.

Pero no, esta novela sinceramente no me ha convencido, a medida que iba leyendo pensaba que iba a pasar algo, algo más, y la autora se embarca en una historia un tanto anodina, difícil de creer (aunque a la postre descubrí que la historia es cierta, es autobiográfica, lo cual sorprende más), que no termina de enganchar, demasiado personalista, íntima, y finalmente aburrida a ratos y con ramalazos en otros tantos de algún interés.

Tampoco me voy a rasgar las vestiduras, era una lectura de verano, que yo también he leído a salto de mata, y como historia un tanto simplona pues ha sido un entretenimiento sin mayor trascendencia, una de esas novelas que con el tiempo terminaré olvidando porque el poso que me va a dejar va a ser escaso.

Y hay que agradecerle a Pilar Eyre precisamente eso, que haya sido capaz de plasmar en papel una historia que ella dice que es real, algo tan sorprendente de creer por cómo se sucede, y también como digo, por anodino, y que al menos no sea un pestiño de considerables proporciones. En este sentido, lo bueno es que la obra es fácil de leer, es perfectamente entendible, la puedes aparcar en la sombrilla de playa, en la mesita de noche, en el brazo del sofá mientras echas la siesta y no te pierdes.

La obra, sabiendo a posteriori que es autobiográfica, todavía me chirría en algunos aspectos. Probablemente me ha molestado inconscientemente el hecho de que muestra una sociedad y unos personajes de clase media alta, o alta, un tanto impostados y muy al margen de la realidad social actual. Pero no nos engañemos esta no es una novela social, ni mucho menos. Es una historia de amor muy endeble, o pretende ser una historia de amor apasionado, que quiere envolverse en una trama de misterio que bajo mi punto de vista no intriga ni un ápice.

Tal vez lo bueno de la obra esté al principio, justo lo contrario de lo que debería ser, en el desenlace, y es que sin destripar el final, no hace honor a lo que se espera de ella. La propia Pilar vive un idilio de tres días un tanto inesperado y salvaje. El hombre de sus sueños, un francés, se postula como el icono del idilio perfecto y deseado para una mujer madura. Pero con la pulcritud con que apareció el galán, su partida hacia un teórico viaje como periodista de guerra a Siria, comienza a despertar la angustia en la protagonista, sumida en su propia soberbia, hedonismo, y la búsqueda de la identidad real de su amante.

Y ya está, lo interesante está hasta ahí, hasta el momento en el que los dos personajes principales están presentes, en cuanto el galo Sébastien Pagés hace mutis por el foro, no sin antes haberse llevado de Pilar el reconocimiento, de que lo ocurrido había sido un rollo veraniego (chocante por otro lado, porque la escritora no parará de lamentarse en todo el relato), pues esperas algo más, más acción, viajes, una conspiración internacional, pero no, la autora se enfrasca en un camino lento de conmiseración e investigación que aburre a ratos, a muchos ratos.

Es curioso como se orquestan actualmente los premios literarios, algunos premios literarios, desde luego lo que acaece en el Planeta es bien visible, no pasa tanto con el Nadal. Al jurado del Planeta le encanta que sus premiados sean conocidos y si han salido en la tele mejor, el perfil de periodista es muy apreciado, incluso si tiene ramalazos con la prensa del corazón tampoco es desdeñable (Boris Izaguirre fue finalista en 2007), basta con que la historia sea actual, bien escrita (ortográfica y estilísticamente correcta) y que hable de la gente, es algo muy recurrente. No tienen cabida autores desconocidos, un anónimo por muy bueno que sea aun contando la misma historia no tendría cabida. Pero tampoco veo a Isabel Allende o Pérez-Reverte ganando este galardón literario básicamente porque no se presentarán a tan populista certamen, sobre todo en esta última década.

Casualmente la escritora Pilar Eyre no es una novata de la literatura, y aunque esto es lo primero que yo leo de ella, se había especializado en novelas históricas. No nos engañemos, lo que vende más en la literatura de nuestro país en la última década es este género, a mí sinceramente no me termina de convencer, porque inventar o suponer acerca de lo que pudiera haber sucedido en el pasado se me hace cuesta arriba, no me llena, no me resulta creíble, y por mucho que una novela sea eso, una invención, cuando se trata de novela histórica deseo que haya visos de realidad, y en este género hay mucha trola, y mucho historiador dotado de la verdad absoluta e irrebatible. En mi humilde opinión no debiera haberse apartado esta escritora de lo que le funciona, aunque haya obtenido este triunfo, a todas luces sobrevalorado.

Pero ya está, el libro se deja leer, es facilito y nada enrevesado, las fases de aburrimiento se suceden cual «Ojos del Guadiana», y si tienen la voluntad e interés de saber cuál es la auténtica personalidad de Sébastien Pagés, lleguen hasta el final, no es abultado el libro y se llega con no demasiado esfuerzo, si se enganchan pues lo pausan y miren el teletexto de la televisión. Eso sí, no busquen un desenlace de película de misterio, al final el personaje del francés hace que se desmorone un poco lo que se va construyendo en las páginas precedentes; lo mismo hay gente, seguro que mucha gente, que opina distinto que yo, en particular, el jurado del Planeta y sus mentores.

Y, por cierto, lo del título de la obra es el remate del tomate, porque no tiene sentido alguno, no hace alusión, salvo una sola vez, a lo que trata de expresar. Con un título diferente y habiendo inventado un final mejor, hubiera ganado muchos enteros, a lo mejor el premio no.

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