sábado, 22 de agosto de 2015

¿POR QUÉ SE BATEN CON MÁS FACILIDAD LOS RÉCORDS MUNDIALES EN NATACIÓN QUE EN ATLETISMO?

Estamos en año preolímpico, un hito clave y sobre todo un verano en letras mayúsculas para un montón de deportes y deportistas que pretenden asistir al gran acontecimiento deportivo mundial que tiene lugar cada cuatros años, los Juegos Olímpicos, que en 2016 tendrán como sede Río de Janeiro, la primera vez que unos Juegos se celebran en Sudamérica.

Desde siempre se ha dado por hecho que los dos grandes deportes en unos Juegos son la natación y el atletismo; hay otros muchos y muy atractivos, pero estos dos son los que más medallas ponen en juego, los que congregan más deportistas, los que más horas de retransmisiones televisivas producen y los que más noticias generan. De hecho, nunca se solapan, la primera semana es para la natación, la segunda para el atletismo.

Fieles a esta cita, estos dos grandes deportes celebran sus campeonatos mundiales en este año preolímpico, aunque los campeonatos son con una periodicidad bienal, lo cierto es que el mundial bueno es el que se celebra en el año previo a la cita olímpica, donde los deportistas de ambos deportes buscan sus mejores prestaciones para colarse en el deseado sueño para todos, que es asistir a unos Juegos; luego las aspiraciones serán distintas, para unos el hecho de llegar a Río ya es la meta, para otros superar sus marcas, otros buscarán la plaza de finalista y para un selecto grupo su mente estará puesta en la gloria de las medallas.

Ambos deportes como si estuvieran perfectamente coordinados, que de hecho creo que lo están, también celebran sus competiciones este verano sin solaparse, y con la misma cronología, primero la natación y después el atletismo. Ahora mismo estamos en el intervalo, ya ha concluido la cita natatoria, y justo el día que publico esta entradilla recién habrá comenzado el Mundial de atletismo en Pekín.

Una gran duda le acechará al aficionado al deporte en general y es que amén de las superficies donde se practican ambos deportes, en un campeonato se baten muchos récords del mundo y en el otro no. Siete nuevos topes mundiales han quedado impuestos en el último Campeonato Mundial de natación celebrado en Kazán (Rusia). Sin embargo, en los catorce campeonatos mundiales de atletismo al aire libre se han establecido únicamente veinte récords mundiales. La diferencia entre un deporte y otro a nivel de superación de marcas mundiales es abismal.

No soy un experto en la materia pero como buen aficionado seguro que mucha gente como yo se ha preguntado esta razón tan singular que diferencia ambos deportes, considerados como las grandes vedettes de los Juegos Olímpicos. Por eso, como persona amante del deporte, mucho del atletismo y menos de la natación, he querido dar luz en este articulillo a la pregunta que aquí se formula.

La respuesta obviamente no está basada en una única razón, sino que es multifactorial, y que yo he ido recabando de lo que he leído y escuchado, y también de mi propia cosecha. Porque es cierto que la sensación y la realidad es que los récords mundiales en el atletismo son difíciles de batir, de hecho la media de edad en la persistencia de los récords mundiales de natación está en torno a los 3 – 4 años, mientras que en atletismo yo diría que aproximadamente la media data de los 15 años. Es decir, una razón de uno a cinco, que no resulta baladí y que deja mucho margen al análisis.

No siendo pues una única razón, hasta a los profanos en la materia se les podrían ocurrir algunas y seguro que acertarían. Lamentablemente voy a empezar por la más insoportable de las razones y es el dopaje. Muchos récords y marcas de atletismo están teñidos con la sombra de la duda. Tal vez no los actuales donde cada vez los controles son más férreos, y quiero creer que el atleta tramposo tiene las horas contadas (aunque como he dicho en alguna ocasión en este blog los malos siguen yendo por delante de los buenos). Hay una serie de récords atléticos de la década de los 80 y 90 del siglo pasado que algunos expertos dudan en que puedan ser superados como poco en los próximos cincuenta años. En esa década de los 80, atletas de la extinta Alemania Oriental realizaron unos registros asombrosos en diversas disciplinas que todo el mundo da por hecho que fueron conseguidos con ayudas externas, la política deportiva que se llevaba a cabo en ese país y que provocó incluso la muerte de deportistas en este y en otros deportes era muy férrea y brutal, con selección temprana de deportistas y entrenamientos sobrehumanos (se habla de que en China está ocurriendo ahora lo mismo con la mayoría de los deportes). Aunque no fuera alemana, queda aún en la retina de los aficionados aquella checoslovaca llamada Jarmila Kratochvilova con un cuerpo muy masculinizado que ostenta un récord de 800 m. con una marca que a muchos atletas masculinos de nivel medio les costaría hacer hoy. En la década de los 90 la explosión vino de la mano de un batallón de atletas chinas que en fondo y medio fondo destrozaron récords que se pensaba que serían eternos y aún hoy sobrevive el de 10.000 m.

Junto con estos récords sospechosos otros tantos salpican la tabla de topes mundiales actual, especialmente llamativo es el de salto de altura del cubano Javier Sotomayor, atleta este que en el ocaso de su carrera fue suspendido por dopaje.

Todo esto nos pone de relieve que los récords en atletismo pudieran ser difíciles de batir porque están alterados a causa de ayudas externas.

En natación no está tan asentado como en el atletismo, aparentemente, el consumo de sustancias dopantes, o tal vez los controles son más exhaustivos, desde luego en los medios de comunicación salen pocos casos. De hecho, igual que en atletismo hay una triste generalización de uso de sustancias extradeportivas que afecta a muchos atletas y muy conocidos, como si fuera una corriente de éxito, en natación los dopados son la excepción.

Tal es la posibilidad real de que haya récords en natación que constantemente nos muestran en las retransmisiones televisivas unas rayas virtuales con el tope mundial para que el telespectador se guíe acerca de si puede haber ruptura de récord o no; en atletismo sería impensable, aparte de que la posibilidad de récord (en carreras) es lejana, hay que considerar que en natación se nada a tope y en las carreras de medio fondo y fondo, salvo en mítines internacionales donde hay liebres y objetivos de batir récords, en torneos oficiales se corre con estrategia.

Tal vez exista una razón física e histórica en esta evolución de ambos deportes. El atletismo se practica desde siempre y es fácil de practicar, la natación es un deporte moderno donde la evolución no ha terminado, no se practica en todos los países, no hay piscinas en todos sitios y eso hace que sea un deporte muy especializado.

Un atleta puede ser cualquiera que pase corriendo por delante de mi casa en un pueblo del interior de España, para poder nadar y entrenar tengo que desplazarme varios kilómetros y no hablemos de países del tercer mundo. Esto quiere decir que hay muchos talentos naturales válidos para la natación que no están explotados y la mayor implantación de este deporte a nivel mundial y el incremento del número de practicantes ha de provocar en el futuro que los topes natatorios puedan seguir siendo batidos. En atletismo la globalización es mayor aunque bien es cierto que no llega a todo el mundo, los lanzamientos por ejemplo son una rareza en África y el primer atleta negro en África que se ha puesto en serio a practicar (la jabalina), el keniano Julius Yego, es actualmente un superserie.

A todo esto hay que añadir que el atletismo parece andar un poco a la zaga de la natación en cuestiones tecnológicas. El uso de ordenadores es algo básico en la natación, al atletismo le hace falta una vuelta de tuerca en mi opinión. La natación busca la máxima eficiencia en cada brazada, en cada extensión abdominal, giro de cabeza, posición de los pies, patada o respiración. El agua es un medio constante y permite robotizar los movimientos para obtener el máximo rendimiento. En atletismo puedes intentar buscar esa eficiencia pero no sólo tienes que luchar contra tu propio cuerpo sino que las condiciones ambientales son variables (temperatura, viento, humedad...) y a veces decisivas para la obtención de récords, amén de la lucha cuerpo a cuerpo, en las carreras, contra otros atletas. Digamos que en un ordenador puedes recrear los movimientos de un nadador en unas condiciones siempre inalterables y en atletismo aunque puedas hacer una simulación las condiciones siempre son relativas.

Y, por supuesto, cuando hablamos de tecnología también nos referimos al equipamiento deportivo. En natación el agua es la que es, además con las mismas condiciones físicas, sanitarias y de temperatura en cualquier lugar del mundo, la ganancia se consigue, entre otros elementos, con entrenamiento específico y con lo que te acompaña en la piscina, los gorros y bañadores. No creo que importe mucho el gorro, ya que nadadores masculinos se rapan el pelo para suplirlo. Sin embargo, con los bañadores cualquier avance supone una mejora ostensible. En atletismo esas ganancias son ínfimas tanto por el calzado deportivo utilizado como por el material de la pista en la que se compite.

Curiosamente hace apenas algo menos de una década hubo una revolución en la natación con los bañadores de paneles de poliuretano, cuyas características eran la ausencia de costuras y uniones soldadas con ultrasonido, mayor resistencia al agua y mayor flotabilidad, núcleo estabilizador que sostenía a los nadadores e incremento de la impulsión de estos. En los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 fue el boom y se batieron veintitrés de las veinticinco marcas mundiales. La Federación Internacional de Natación (FINA) tomó cartas en el asunto, no homologó esas marcas y prohibió el uso de estos bañadores. De hecho a las marcas conseguidas en esos años con dichos bañadores se les llama «récords textiles».

Que se prohibieran esos bañadores de última generación no quiere decir que se hayan frenado las innovaciones en los bañadores clásicos, de hecho, cualquier nuevo perfeccionamiento (legal) sigue produciendo sustanciales mejoras y esto va a seguir siendo la tónica habitual en el futuro.

En otro orden de cosas, aparte de que los récords mundiales en atletismo se puedan haber conseguido, en algunos casos, con ayudas externas, y en otros, en condiciones ambientales óptimas, también es cierto que se observa que ha habido en las últimas dos décadas una cierta decadencia de este deporte, en los 80 y 90 los mítines ofrecían mucho dinero a los atletas, se organizaban carreras muy competidas, en el fondo y medio fondo con grandes «liebres»; y ahora las bolsas que ofrecen los organizadores no son tan atractivas.

Es cierto que en la natación los mítines no son tan habituales y los récords se suelen producir en competiciones oficiales, además, no hay tanta presión de organizadores sobre la superación de récords, por lo que la cantidad que se ofrece en unos mundiales es más apetecible que lo que te da un organizador privado, de ahí también que los registros se rompan con una regularidad extraordinaria.

En este Mundial de atletismo de Pekín la federación internacional, la IAAF, premiará con 100.000 dólares a quien bata algún récord mundial, aun así y pese a que la cuantía es apetecible, los atletas en disposición de asaltar alguna de las carísimas plusmarcas mundiales se limita a un grupo muy reducido, y en principio, habrá que fijarse en aquellos que ya han batido esas marcas en 2015 y que, en consecuencia, son los vigentes y recientes plusmarquistas mundiales: El japonés Yusuke Suzuki en 20 km. marcha, la etíope Genzebe Dibaba en 1.500 m. (será difícil porque obtuvo el récord en un mitin hace apenas un mes, corriendo con liebres), la polaca Anita Wlodarczyk en lanzamiento de martillo y la china Liu Hong en 20 km. marcha.

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