domingo, 18 de octubre de 2015

HACIENDO UNOS AVIONES DE PAPEL CHULÍSIMOS CON AYUDA DE YOUTUBE

Quiso Dios que hace unos días mi mujer, con buen criterio, castigara a mi hijo por haber hecho una trastada en el cole; por cierto que no me molestó tanto que su profesora nos llamara la atención, lo que de algún modo ponía de relieve una falla en nuestra educación hacia él, que también, como por el mismo hecho de la falta de personalidad de mi vástago al que le he repetido hasta la saciedad que no se deje influir por nadie, sobre todo cuando son tropelías y bromas de mal gusto, y que decida todo en la vida por su cuenta, procurando que sea por el buen camino. El caso es que el castigo consistió en dejarlo sin ver la televisión u ordenador, o más exactamente, sin ver los canales infantiles durante unos días, ni dibujo animado alguno.

He de decir que fueron unos días magníficos, mi hijo sin su tele es otro (ciertamente estamos fallando en esto) y se nos abre un inmenso abanico de posibilidades por las tardes, una vez cubiertos los preceptivos deberes, que hemos de llenar con actividades de ocio. Como se suele decir que no hay mal que por bien no venga, en esos días que han sido demasiado pocos, pero también muy intensos, él ha tenido tiempo para indagar en otras tareas que no son habituales en su vida, así se ha interesado por mis cómics de la 13 Rue del Percebe y una noche se fue a la cama y se durmió con el libro a su lado.

Lamentablemente a mi hijo le puede más lo digital que lo analógico, o dicho de otro modo, en su propio ser ha ganado la partida una imagen más que lo tangible; la televisión, el ordenador o la tableta pueden más que una tarde de bici o de juegos de mesa. No obstante, alguna vez y no necesariamente forzado por las circunstancias punitivas, de vez en cuando, se sale de su aislamiento para respirar un poco de vida real. He de estar muy atento para ver lo que le gusta porque por ahí puedo tener un filón, esos gustos y aficiones bien encaminados pueden ser un buen torrente pedagógico y quizás hasta una orientación profesional.

Sin ser excesivamente presuntuoso por mi parte, he de decir que mi hijo siente una cierta atracción por la aeronáutica (cierta, no tiremos las campanas al vuelo), y en esa espita abierta es en la que yo trato de tirar de veta. Hace unos días por la tarde ocurrió así y él fue el que vino directamente a mí reclamando mi atención para ocupar esos ratos ociosos y anormalmente desconectados de ondas externas. Lo habíamos hecho antes y lo repetimos esa tarde, se trataba de hacer aviones de papel.

Alguna vez se lo he comentado a mi hijo que cuando yo iba a la escuela, el que sabía hacer aviones de papel era el rey, todo el mundo lo buscaba con una hoja para que le hiciera el suyo. Yo me limitaba a hacer unos burdos aviones con cuatro dobleces muy básicos. Hay que decir que los expertos en aviónica papirofléxica tenían un catálogo muy limitado, sabían hacer uno o dos a lo sumo. Por todo esto, supongo que si hoy regresara a mi escuela de antaño con las nociones que tengo sobre hacer aviones de papel no sería rey, sería emperador o jeque o lo que fuera, pero desde luego alguien muy importante en el cole.

Dicho esto, yo soy un manazas, y mi hijo que el que me conoce sabe que no es de sangre, se parece en mí curiosamente en algunas facetas de mi vida, ¿o me está copiando? A mí nunca se me ha dado bien aquella asignatura con el rimbombante nombre de pretecnología, e intentaba que mis padres me echaran una mano con esos dichosos trabajos que te mandaban hacer en casa; no obstante, con esto de los aviones he encontrado el cielo abierto y, de algún modo, entierro esa frustración que uno tiene de carecer de la más mínima vis artística.

El negocio con mi hijo es fantástico puesto que evidentemente contamos con una herramienta que por obligación casi le engancha a realizar esta tarea, nos valemos de Internet para hacer los aviones. En la Red hay infinidad de vídeos en los que el personal te muestra cómo hacer aviones de todo tipo y, además, tratan de mostrar cómo vuelan, o con más precisión lo mucho que vuelan.

Más concretamente la web YouTube nos permite a golpe de clic el acceso a esos vídeos. He de decir en este punto que hay que ser algo selectivos, por mi experiencia sé que cuanto más dure el vídeo más complicado será el avión y más difícil de seguir, ni precisamente un avión muy elaborado (y con muchos dobleces) te garantiza un mejor vuelo y, por otro lado, tampoco hay que hacer demasiado caso a las demostraciones de vuelo de los «ingenieros» del papel, porque hay aviones que se presentan como los que más vuelan, que tienen el récord de no sé qué, y luego son un puro fiasco.

También hay que señalar que es muy probable que mi hijo y yo, como cualquier ciudadano de a pie, no contemos con el mejor papel para hacer los aviones. Aprecio en los vídeos que el gramaje es diferente, noto que los autores de los aviones usan papel muy sólido pero de un gramaje inferior al que yo tengo, es decir, que es un papel fino pero firme a la vez, incluso he observado que algunos están hechos con papel vegetal. El mejor papel, desde luego, sería aquel que sin ser muy liviano, te permita hacer dobleces perfectos sin que los vértices sufran, lo cual es en mi opinión una de las claves fundamentales para realizar un buen avión de papel.

Metidos en materia, la mayoría de los vídeos te permiten seguir con cierta claridad dónde cortar o cuándo doblar; también hay que indicar que aunque el vídeo dure cinco minutos, esto se suelen convertir en quince o veinte, mientras paras, doblas, o incluso a veces tienes que echar hacia atrás el vídeo, porque no has visto bien lo que el actor ha realizado, o simplemente porque mi hijo se desespera y tengo que hacer mi avión y el suyo.

Y como decía antes, hay vídeos de cinco minutos y otros que pueden durar hasta veinte, pues cuanto más dure, más complejidad y más posibilidades de tirar la toalla, porque como te pierdas en algún doblez o no logres escrutar cómo lo ha hecho estás perdido. Y es que a veces son movimientos compuestos en los que se comprometen varios dobleces a la vez y puedo asegurar que por muchas veces que repitas el vídeo no llegas a acertar cómo ha hecho esa última fase. Por cierto que los vídeos están en español o en inglés, y también los hay sin voz, en general todos se pueden seguir bien, porque salvando las instrucciones, lo esencial son los movimientos de las manos interactuando con el papel.

Por último, llega el momento cumbre, es decir, cuando ya está hecho y toca echarlo a volar, sin duda, tengo que decir que es más espectacular el resultado físico que las propiedades del avión para suspenderse el aire, dicho de otra manera, que tampoco vuelan tanto; aunque a mí me vuelan más que a mi hijo, creo que porque los lanzo más horizontales y ni demasiado fuerte ni demasiado despacio.

Y cuando hablo de la espectacularidad de los aviones, creo que es eso lo más apasionante de esta afición, el haber terminado un avión que estéticamente es muy chulo. En los vídeos se anuncian incluso como réplicas de aviones reales, el F no sé qué o el Boeing no sé cuánto, de tal forma que no descarto, por la compleja elaboración que algunos tienen que esté presente por ahí la mano de algún ingeniero aeronáutico de verdad, que en sus ratos libres se puede dedicar a volar su imaginación y plasmar en papel de forma más o menos sencilla lo que unos sofisticados planos le marcan.

Para terminar, he de significar que mi hijo y yo disfrutamos más con los dobleces y el resultado final, porque además es muy entretenido, que con el vuelo. Y para ilustrar con algunos diseños que hicimos en la tarde de marras, a mi hijo ya le vino la vena artística, decorándolos un poco y se puso a fotografiar nuestros aviones en un entorno jurásico y, entre otras creaciones, con el tiranosaurio rex zampándose un avión, ¿o era el avión el que en un atentado terrorista se había metido en las fauces de esta bestia?

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