sábado, 7 de noviembre de 2015

EL CONSULTORIO DE ELENA FRANCIS, UN PROGRAMA VISIONARIO

¿Quién no recuerda el Consultorio de Elena Francis? Al menos para la gente de mi generación aún quedará algún reducto en su cerebro en el que ocupe un espacio este programa de radio, quizá no tanto por escucharlo y sí más por saber cuál era su contenido, la especial sintonía que lo albergaba o fundamentalmente por los temas que trataba.

A estas alturas del partido es más que evidente que aquel programa que fue mítico, ha perdido el halo de protagonismo y de desbordante éxito que tenía. Fue un espacio que desde la posguerra hasta 1984, último año de emisión, llenó los hogares de muchos españoles, más mujeres que hombres. Y cuando digo que ha perdido ese protagonismo por razones evidentes, pues ya no existe, lo subrayo también en el sentido de que han pasado tres décadas desde su óbito y ha quedado relegado al olvido más absoluto.

Lo que no se le puede quitar a este espacio radiofónico es que fue un auténtico visionario en su tiempo, un precursor de muchos otros programas que existen hoy tanto en radio como en televisión, incluso en prensa escrita, que reflejan muchos de los ámbitos de acción en los que se movía este peculiar Consultorio.

Curiosamente a finales de los años 40 del siglo pasado, con el impulso de una familia de empresarios dedicados al sector de la cosmética, el programa se llenaba con consejos domésticos, de belleza y, en lo que venía siendo su nudo gordiano, con asuntos sentimentales y psicológicos. A nadie le extrañará, pues, que fueran unos visionarios, pues muchos espacios actuales en la radio o en la pequeña pantalla mantienen esta temática, es más, yo diría que con el tiempo está temática se ha reforzado, ocupando más y más horas.

Y es que no nos engañemos, el Consultorio de Elena Francis metía el dedo en la llaga, preveía lo que interesaba al gran público, o sea, concluyamos, meterse en la vida de los demás. Más allá de las cuestiones domésticas (cocina, limpieza, incluso belleza), la salsa estaba en aquellas consultas en las que se ponía de relieve una infidelidad, una pérdida del amor, una confusión de sentimientos... No es difícil realizar una traslación de estos aspectos a nuestro presente, para comprobar, centrándome en la televisión, que muchos programas del corazón y/o de telerrealidad beben de las mismas fuentes que bebía Elena Francis: morbo por conocer los problemas de los demás, búsqueda de soluciones expertas, identificación de espejos de la realidad social en los famosos, etc.

Con algunas diferencias, el encastrarse en la vida de los demás no es ni más ni menos que lo que veladamente se promueve en el exitoso espacio de Canal Sur «El programa de Juan y Medio», programa que yo no veo salvo cuando visito a mis padres alguna tarde en días laborables. Mis padres, como la mayoría de la gente mayor en Andalucía y comunidades aledañas, siguen con devoción eclesial las aventuras y desventuras de personas que, con un fin loable, buscan abandonar su estado de soledad y acuden al programa para encontrar su media naranja. No obstante, más allá de ese fin último, el espacio es un auténtico y cotidiano experimento sociológico, pues en realidad se habla de la vida de otra persona y eso es lo que mueve a la gente a ver dicho espacio, en muchos casos porque se ven reflejados ahí. Y en este sentido, saliéndome un poco del tema principal, es evidente que en Andalucía existe en la gente mayor un nivel cultural muy bajo, pero que no ha sido voluntario en muchos casos, ha sido consecuencia de unas condiciones de vida muy penosas a las que han estado sometidas nuestras generaciones precedentes, y lo dejo ahí.

Me trae buenos recuerdos este programa, no porque yo lo escuchara con habitualidad, sino precisamente por todo lo contrario, porque las únicas veces que lo escuchaba, era porque mi abuela lo hacía. Mi abuela era una señora, adelantada a su tiempo en muchas cosas, pero que apenas salía de su casa de Begíjar más que para ir a misa y a unas pocas obligaciones ineludibles; yo siempre la conocí vestida de negro a causa de una hija suya (mi tía) que murió en la posguerra. Esa afección por el Consultorio de Elena Francis pudiera ser muy bien uno de sus grandes puntos de conexión con el mundo real, del que quizás hubiera añorado formar parte si su vida no hubiera estado sometida a condiciones duras y dolorosos reveses. Aún revivo en mi cabeza esas tardes en las que la acompañaba en el patio, si hacía buen tiempo, o en el pasillo de su casa, expectante ella cuando comenzaba a sonar la sintonía mítica de este programa.

Por cierto, la sintonía es uno de esos grandes misterios que tal vez nunca tengan desenlace. No ya sólo por la razón por la que se eligió esa y no otra, sino porque inopinadamente esa sintonía literalmente se comió al programa, en el buen sentido de la expresión. Sin duda, su autor, Victor Herbert, compositor estadounidense de origen irlandés, jamás habría imaginado que su tema de jazz «Indian Summer» que data de 1919, saliera del anonimato muchos años de haber fallecido él, para convertirse en una de las melodías más conocidas y recordadas en España, amén de haber sido una de las sintonías más repetidas en la radiodifusión española a lo largo de su historia. Y sí, era una composición de jazz, que incluso tenía su propia letra, aunque en la sintonía del programa aparecía sólo música, y cuyo misterio reside en su elección y en el acierto de casi haber hecho una conexión estrecha entre la Sra. Francis y la canción, de tal manera que pareciera que la propia locutora dirigía una orquesta plácida y serena que parecía estar tocando, sin molestar, en el salón de tu propia casa. En fin, el bueno de Herbert no vivió para saber de este rotundo éxito, murió en 1924, y dudo si sus descendientes cobraron los correspondientes derechos de autor, pues antes no estaba tan cerrado como ahora este asunto.

Ahora bien, de lo que no hemos hablado hasta ahora y, tal vez, sea el punto de inflexión del programa, es de la propia Elena Francis, una señora con una voz penetrante y que sentenciaba con sus consejos y reflexiones, haciendo prácticamente cátedra de lo que decía. Es posible que el declive del programa, según se dice, fuera debido a la pérdida de audiencia, como consecuencia del impulso de muchas más emisoras, de la ampliación de horarios en la televisión pública o incluso la presencia de los primeros ordenadores; pero la velada razón que yo creo que imperó para que muriera definitivamente el programa es que en 1982, dos años antes de su definitiva desaparición, a la dirección del programa no se le ocurrió otra cosa que permitir que se editara el libro «Elena Francis, un consultorio para la transición», de Gérard Imbert, en el que se desvelaba que la tal Elena no existía, y sí que existía un grupo de expertos multidisciplinar, y además en su mayoría hombres (aunque se dice que en las dos últimas décadas ese papel le correspondió en exclusiva al periodista Juan Soto Viñolo, yo tengo mis reservas) que, de algún modo, se reunían en cónclave para dar respuesta a los problemas de los oyentes. De hecho, se confirmó que la voz de la tal Elena Francis pertenecía a la locutora Maruja Fernández que básicamente se dedicaba a poner la voz, una voz potente y radiofónica. Es más, desde el comienzo de sus emisiones, en 1947, hasta tres locutoras diferentes encarnaron el papel de Elena Francis. Los oyentes se enfadaron sobremanera, entendiendo que aunque pudieran barruntar en su subconsciente que Elena Francis no podía ser tan experta en diversos ámbitos, preferían estar engañados con esta ficción, o sea, no querían saber que los Reyes Magos eran los padres; de tal modo, que imaginarse a varias personas sentadas en una mesa mientras escuchabas la voz de la locutora creo que no encajó bien en la fiel y veterana audiencia del programa.

Finalmente hay que señalar que el programa se emitió desde Radio Intercontinental en Barcelona, hasta hace unas décadas una emisora muy implantada a nivel nacional, y hoy bajo el nombre de Radio Inter y que es difícil de localizar en el dial. En este sentido, el Consultorio de Elena Francis tuvo el gran privilegio de superar a la cadena que la alojaba, de hecho, mucha gente conoce el programa y mucha menos sabe dónde se emitía.

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