sábado, 21 de mayo de 2016

¿ES LA FILATELIA UN VALOR REFUGIO?

Este modesto blog que empezó como un entretenimiento de fin de semana y al que yo autocalifico como bitácora escrita por un anónimo chico de provincias, pues me va dando de vez en cuando alguna que otra sorpresa agradable; así, algún famoso se da por aludido, alguien que te escribe diciéndote que le encanta el contenido y que le trae buenos recuerdos, o lo que me ocurrió la pasada semana que no tiene otro atributo que el de insólito.

Sí porque Euskadi Radio (la radio pública de esa comunidad autónoma) me invitó a participar en su programa de tarde «Graffitti» para entrevistarme sobre filatelia pues habían visto una entrada en mi blog que le ofrecía respuestas a una serie de preguntas que se habían planteado, de algún modo, como elemento de discusión en torno a la década que se cumplía del escándalo de Fórum Filatélico y Afinsa, por cierto, destapado por profesionales de la filatelia.

He de decir que el coleccionismo en general y la filatelia en particular es uno de los temas que trato en mi blog, aunque tampoco es que sea el que más pasión despierta en mí. Puedo manifestar que alimento mi afición por los sellos de vez en cuando y me mantengo más o menos actualizado en torno a lo que ocurre en este mundillo.

Dicho esto tuve que acudir a la entrada en el blog a que hacía referencia la periodista que entró en contacto conmigo para refrescar lo que yo había escrito y, aparte de ello, para explicarme cómo una emisora relevante de este país había conseguido llegar hasta mí, un bloguero aficionado y coleccionista de sellos no profesional. Ahí obtuve otra sorpresa, uno escribe porque le gusta, tengo escaso afán de protagonismo e intento compartir mis experiencias, sensaciones y, a veces, algo de modesto conocimiento con el que he ido enriqueciendo mi bagaje personal. Cuando hice unos cuantos test de búsqueda en Google tales como «valor de un sello», «cotización de un sello», «valor de una colección de sellos», «tasación de una colección»..., expresiones que pueden ser muy comunes y que se puede plantear mucha gente, pues resulta que ahí está al menos uno de los artículos de mi blog entre las páginas mejor posicionadas, en algunos casos la primera, por encima de prestigiosísimas tiendas de filatelia de España e Hispanoamérica.

Esto me llevó a la conclusión de que tristemente no es que mis artículos puedan ser buenos o interesantes, sino que lo que se escribe de filatelia en la Red es poco relevante, amén de que adolece de cierta falta de modernidad o actualidad. He creído deducir, en este sentido, que mis artículos son relativamente recientes y que doy una visión actual de la filatelia, por lo menos para los españoles y americanos de habla hispana. Desgraciadamente la media de edad de los coleccionistas de este país yo diría que sobrepasa los sesenta años, con lo que yo que tengo doce años menos me puedo considerar casi un querubín, o lo que es lo mismo, un joven hablando de filatelia.

La entrevista en Euskadi Radio de la que no salí a disgusto pese a mi lógica bisoñez en intervenciones radiofónicas, dejó algunas cuestiones en el tintero, cuestiones que yo interpreté como aquellas que demanda la ciudadanía de a pie que no tiene ni idea de filatelia y no obtiene respuesta en Internet. Dicho esto, y dado el progresivo declive de la filatelia en España y me consta que en muchos países del mundo, la filatelia supone para una amplísima mayoría de los ciudadanos algo desconocido, casi decimonónico.

Siempre me estoy preguntando cuántos coleccionistas de sellos hay en España, pero no simples acumuladores de sellos, sino aquellos que mínimamente mueven su colección, cambian, compran, renuevan... Es posible que en esta bitácora haya hecho un cálculo en alguna ocasión, pero la sensación que tengo es que seguramente aún hay menos de lo que imaginaba, probablemente haya un coleccionista de sellos por cada mil habitantes.

En otro momento habrá tiempo para refrescar las causas de este declive brutal, ahora toca otra cuestión que Euskadi Radio me planteó y que titula esta entrada, ¿es la filatelia un valor refugio?

Si acudimos a Internet, prácticamente todas las fuentes que he consultado, concretadas en diversos artículos que son los más relevantes en la búsqueda del motor de Google, todos se manifiestan abiertamente, yo diría que en algunos casos de forma contundente, con mayores o menores razones o argumentos a señalar que sí que es un valor refugio. Es lógico pensar que la filatelia que pese a su decadencia es un negocio del que siguen viviendo familias, tenga en esos profesionales a unos defensores a ultranza de este coleccionismo, al fin y al cabo son sus habichuelas.

A mí me parece una postura loable porque sinceramente no está exenta de razón, el problema es que en economía de mercado donde funciona la oferta y la demanda, el descenso en el número de coleccionistas (a la vista está que recibo correos con mucha frecuencia de personas que han heredado colecciones de familiares fallecidos y no saben qué hacer con las colecciones) hace que la demanda sea tan escasa que pensar que mi colección de hoy puede ser un tesoro dentro unas cuantas décadas es muy aventurado, básicamente porque no se dan las circunstancias en la actualidad para entender que la tendencia pueda invertirse.

A este respecto y cumplo con un deber moral, hace unos meses una familia de Mallorca se puso en contacto conmigo porque no sabía qué hacer con la colección que una tía suya recientemente fallecida les había dejado. Esta familia, seguidora puntual de mi blog, a la que aconsejé el destino de la misma, decidió en un altruista gesto, dármela a mí, basándose en esos valores intangibles que ellos entendieron ver en mi persona a través de mis publicaciones. Desde aquí mi más sincero agradecimiento a Margalida Sastre y su familia, de Puerto de Pollensa en Mallorca.

No contribuyen tampoco a aclarar las cosas los encargados de elaborar año tras año los catálogos unificados, esos catálogos a los que acude el sector para saber las cotizaciones oficiosas de los sellos de España y del resto del mundo, de cara a eventuales tasaciones, ya que si bien es cierto que la oferta se restringe cada año (porque en teoría desaparecen colecciones por las pérdidas lógicas del paso del tiempo), no consiguen romper la dinámica del incremento moderado cada año, como si hubiera que aplicar por obligación el IPC, cuando ellos mismos saben que la demanda ha descendido de tal forma que los valores orientativos de los catálogos sirven como baremo para ser bajados de un tirón un 50 % en un montón de filatelias que conozco.

El decir abiertamente que el sello es un valor refugio es, permítaseme la expresión, pensar que todo el monte es orégano, es tanto como afirmar que todas las colecciones de sellos que hay en el mundo, por vulgares que sean (y como siempre digo vulgares no significa que sean interesantes desde el punto de vista sentimental) son un valor refugio.

Desde luego yo lo tengo bastante claro, mi colección completa, que es vulgar y donde prima la cantidad sobre la calidad, dudo que pudiera costar más de 3.000 €, y eso pensando que alguien me la quisiera comprar, pero es que pueden pasar cincuenta años más, a los que aspiro a vivir, y seguirá valiendo lo mismo, incluso si pasaran dos siglos.

Una colección muy buena no es sinónimo de valor refugio, de hecho, las colecciones no son necesariamente buenas por su valor, lo son por su valor emocional, por su pulcritud y presentación, por la cultura que destila y por las horas de entretenimiento que proporciona. De hecho, yo no cambio mi colección buena pero vulgar por una colección de mucho valor destinada a estar encerrada en una cámara de seguridad.

Magenta de un penique de la Guayana Británica
Dicho esto, es cierto que existen determinadas colecciones que sí que pueden ser un valor refugio, al fin y al cabo existen sellos y colecciones que son únicas, muy escasas o especialmente singulares, en poder de grandes coleccionistas a nivel mundial, muchas de ellas en esas cámaras de seguridad. Sin ir más lejos, y como le refería a Euskadi Radio, el sello más caro vendido en la historia fue en una subasta de la casa Sotheby's en Nueva York y alcanzó algo más de seis millones y medio de euros, en concreto «el Magenta de un penique de la Guayana Británica», se trata de un sello único en el mundo con una curiosa y romántica historia detrás que se revalorizará por su exclusividad en el futuro.

No obstante, ¿cuántas de esas colecciones exclusivas o sellos únicos existen en el mundo o en España? Realmente muy pocas, si consideramos que en España hay un coleccionista de sellos por cada mil habitantes, me atrevería a pensar que colecciones muy buenas y elitistas para ser consideradas un valor refugio, dudo que haya más de doscientas en toda España, yo particularmente no conozco ninguna, por si sirve de algo el dato. En consecuencia, la trascendencia de esas doscientas colecciones que yo he calculado a mocho, sobre el conjunto de los filatélicos de este país y sobre el conjunto de la población española es tan exiguo que no se puede concluir tan alegre y tajantemente con que los sellos son un valor refugio. Para comprar o vender esas colecciones estamos hablando de palabras mayores, hay que tasarlas por profesionales, comprobar su calidad, su legitimidad (estamos hablando de que el sello es un papel sin ningún elemento de seguridad intrínseco, como el de un billete, y sería fácilmente falsificable)...

Ahora bien, que nadie piense que no tiene ningún sentido coleccionar sellos, de hecho, en los beneficios auténticos del coleccionismo es donde nos deberíamos centrar los enamorados de la filatelia, los profesionales de este mundo y particularmente aquellos que en la Red proclaman como argumento el valor refugio del sello como forma de atraer clientela potencial.

El sello es un fantástico vehículo cultural, nos habla de la economía de los países, de sus monedas, de sus mandatarios, de política, de historia y, sobre todo, de geografía; un buen coleccionista de sellos sabe dónde ubicar los países en un mapamundi con más acierto que la media de la población.

Pero entonces si quiero invertir, ¿qué valor refugio es seguro? Si repasamos la ingente literatura existente, apreciaremos que tal vez uno de los valores más seguros es el oro, lo es porque se ha mantenido estable a lo largo del tiempo y su valor se incrementa cada año, bastante ajeno a especulaciones y bastante ajeno curiosamente a los vaivenes de la oferta y la demanda. Y digo curiosamente, ya que en una economía de mercado el oro no es un bien escaso, es más se sigue extrayendo oro en minas de todo el mundo, pero la convención social de que el oro proporciona dinero inmediato y básicamente el hecho de que la demanda sigue ávida del metal precioso permite que el oro a día de hoy sea ese valor seguro.

No obstante, nadie, ni el más experto de los economistas mundiales puede garantizar que esto sea así toda la vida. Cualquier economista sensato recomendará siempre diversificar nuestras inversiones: inmuebles, acciones y todo tipo de productos financieros, oro, etc. ¿Y sellos? Los sellos son para entretenerse para la mayoría de los mortales, no mezclemos churras con merinas, que si no pasa lo de Fórum Filatélico y Afinsa, donde se jugó con la inocencia de la gente, sobre unos sellos que no existían en las cantidades y el valor que se decían, sobre unas valoraciones interesadas para engañar al personal (por encima del 1.300 % sobre el valor de tasación según catálogos internacionales de reconocida solvencia) y sobre una demanda imaginada de esas colecciones que en ningún caso existía, y que tal y como va la filatelia en este país jamás existirá.

Por cierto, de lo último que sé es que la mejor opción que había conseguido los administradores concursales de Fórum era el de la oferta de una empresa alemana de subastas para vender las colecciones a 3,2 millones de euros, llevándose una comisión del 25 %, esto da idea de la impresionante burbuja que existía al respecto. En consecuencia, de la venta de esos sellos se podrían repartir apenas 2 millones de euros; más sacarán desde luego con los inmuebles y otros activos que tenía esta sociedad y los mangarrianes de sus administradores, para saldar tristemente en un mínimo porcentaje los más de tres mil millones de euros que invirtieron tantas personas. Visto el volumen invertido no extraña que se gastaran cada año un millón de euros cada año en el equipo de baloncesto de Valladolid, era casi una limosna.

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