domingo, 8 de mayo de 2016

"LÁPIZ Y PAPEL" O EL CONCURSO DEL QUE CONOCÍ A UNO DE SUS GANADORES

Últimamente me dedico a repasar series o programas de la tele de cuando era niño o joven, esos espacios que me traen buenos recuerdos, que rememoran agradables ratos enfrente de la pequeña pantalla, y ya sé que sólo había una televisión pero como era la que había, pues pasa como con la familia, la de cada cual es la mejor del mundo, y los programas de aquella tele pues también.

No obstante, he de decir que este programa concurso que hoy traigo a colación tiene un especialísimo recuerdo para mí, porque me pasó en mi vida algo muy curioso y es que conocí a un protagonista y no precisamente anónimo, del mismo.

Vamos por partes, el programa que yo recuerdo se hacía los sábados por la tarde entre los años 1981 y 1982, y estaba destinado a jóvenes, yo por aquel entonces tenía catorce años, así que nos movíamos en esa franja de edad; no obstante, quiero pensar que al principio los concursantes no eran jóvenes sino adultos, a tenor de la hora y el día en que se emitía inicialmente, a las 10 de la noche de los lunes, información recabada de las hemerotecas digitales de algunos diarios de tirada nacional.

Empiezo por ese dato anecdótico, y es que si hoy salir en la tele no te garantiza ningún estrellato dada la hemorragia de canales que se acumulan en nuestros receptores de televisión, a cual peor, antes ocurría todo lo contrario, siendo una única televisión podías dar por seguro de que si salías en algún programa fueras adonde fueras te iban a reconocer.

Y eso le ocurrió a un joven de Beas de Segura, Paco, que tuvo la fortuna de salir en varios programas de «Lápiz y papel» y encadenar victorias; estuvo en el lugar deseado en el momento justo, y es que creo que en el primer programa se le dio bien y superados los nervios iniciales le cogió el tranquillo a la dinámica del mismo y se convirtió en casi invencible.

El programa culminó en enero de 1982, y yo en el curso 1981/82 terminaba 8º de la antigua EGB, por lo que de cara a mi ingreso en el también antiguo BUP, entre mis padres, mi tío Pedro y yo, decidimos que hiciera un curso de iniciación al BUP que se llamaba literalmente CIBUP, y que tenía como fin precisamente el de preparar a sus debutantes en técnicas de estudio, asignaturas, preparación de exámenes... El curso lo hice en Úbeda y he de decir que estaba organizado por el Opus Dei, institución religiosa con la que he tratado en bastantes ocasiones y en mi bagaje vital manifiesto públicamente que mi experiencia con sus miembros y con el propio ente ha sido buena.

El caso es que en aquel curso del verano del 82, que para más señas empezó el día de la final del Mundial 82 entre Italia y Alemania, allí estaba Paco de Beas de Segura, que de momento se convirtió en la auténtica atracción del curso al menos a priori. A la hora de la verdad no hice demasiadas migas con él y sí con otros chicos de su pueblo; daba la impresión de que se lo tenía un poco creído, pero a lo mejor también me hubiera pasado a mí en su circunstancia.

Hace unos años hubiera sido imposible saber de la vida de este tal Paco, hoy con Internet todo es más fácil, se llama Francisco Juan Torres Higueras, sigue viviendo en la Sierra de Segura y se dedica al periodismo (prensa y radio) y toca en la banda de música de su pueblo, casado y tiene dos vástagos.

El programa, del que ahora leo críticas sobre lo cutrecilla que era su mecánica, realmente lo era, se fundamentaba en pruebas que tenían que hacer los participantes con dos elementos tan simples como un lápiz y un papel.

Dentro de esas pruebas se encontraba por ejemplo la del célebre juego de las palabras encadenadas, donde los niños se esmeraban, los muy ladinos, en decir palabras que terminaban en «-ción», para fastidiar al siguiente (en español ninguna palabra empieza en «cion») lo que recuerdo que obligó al programa a prohibirlas para no machacar la prueba casi desde la segunda palabra.

No obstante, hay que señalar que el programa comenzaba con seis o siete concursantes, y tantas pruebas como ellos, de tal forma que en cada una se eliminaba a un aspirante, hasta que quedaba uno que era el ganador del programa y que recibía el premio más suculento, nada del otro mundo visto por un habitante actual del siglo XXI.

A todo esto cabe destacar que en cada prueba había que acumular tres errores para ser eliminado definitivamente, para el primero se le daba un adjunto (ahora explicaré qué era esto) al que había fallado, en el segundo fallo una sirena y en el tercero se le daba puerta, sin más ambages.

El programa lo presentaba un tal Ángel Quesada con un fuerte acento sevillano que era el que llevaba la voz cantante, personaje no muy conocido y que dedicó parte de su vida al teatro y al doblaje; más conocido y de mayor actualidad era su ayudante, el «adjunto» que le llamaban y que no era otro que el inefable e insustituible Pepe Carabias, ese pequeñito actor, ya veterano, que es historia viva de la televisión de este país. De ahí lo de adjunto, cuando alguien fallaba por primera vez, se le entregaba el «adjunto» que era un muñeco clon del tal Pepe Carabias.

En las pruebas había que tener sobre todo inteligencia y cultura general, aderezadas estas con buenas dosis de fortuna, puesto que también había una carrera de caracoles donde el factor libre albedrío estaba muy presente. Precisamente en las pruebas de cultura general es donde yo, de algún modo, me veía reflejado, aunque he de decir que nunca escribí para participar en el programa, mi temor al ridículo estaba presente y me temo que continúa.

Por último, hay que subrayar que en cada eliminación se generaba un dato de fecha y año de nacimiento, lugar de residencia, sexo, estado civil, etc., de tal manera que al final se buscaba un perfil de persona que cumpliera esos seis o siete datos, que imagino que terminarían siendo bastante excluyentes, de tal guisa que sólo unos pocos españoles cumplirían el perfil, y a uno de ellos, imagino que por sorteo, se le daba un premio económico, básicamente por su cara bonita.

En fin, he tenido oportunidad de revisar el programa estos días y sí que resulta un poco cutrecillo, aunque como digo la dinámica no estaba mal, sí que se observan muy añejos los estudios, el decorado, las ropas ochenteras que hoy nos parecen muy catetas y esa manera de producir con falso directo, donde incluso los pequeños errores se asumían y no se cortaba la grabación por ello. En fin, un «Lápiz y papel» para mi recuerdo por su temática y por aquel chaval que fue fugazmente famoso y al que yo conocí.

1 comentario:

Ramón dijo...

Qué tiempos, Pedro. :)) Me ha dado un ataque de nostalgia...
Buenísimo artículo, como todos los que he podido leer hasta ahora. Fantástica web, enhorabuena.
(Te envié un mail hace un par de días, remitente Ramonleon)