sábado, 13 de agosto de 2016

¿CÓMO CONSERVAR MI COLECCIÓN DE SELLOS?

Si este blog que nació como un entretenimiento de fin de semana, y que yo califico como ecléctico o cajón de sastre, tuviera que definirse por la percepción que tienen de él los que lo visitan, hay que decir que no se revelaría tan anárquico, básicamente porque de las diez entradas más visitadas cinco corresponden a la etiqueta de coleccionismo.

Ya lo he referido en más de una ocasión que para mí el coleccionismo, y concretamente el de sellos, es una afición más, y en el blog no representa, bajo mi criterio, mi punto fuerte; a mí lo que más me gusta son los deportes, probablemente mi pasión frustrada, porque me imagino no sólo haber sido más deportista que lo que la vida me ha permitido, sino haberme metido más en la gestión deportiva y, por supuesto, haber podido estudiar periodismo y haberme podido dedicar profesionalmente a ser comentarista deportivo, pero esto es hacer castillos en el aire, y tal vez esto me ocurre cada vez que vivimos unos Juegos Olímpicos.

Comoquiera que la realidad nos pone a cada uno en su sitio, y al final uno es el que es e intenta no creerse más que nadie, pues aquí vivo con mi circunstancia y a falta de ser periodista deportivo frustrado, al menos de vez en cuando alimento esa frustración trazando unas líneas en esta bitácora.

Pues bien, no siendo una frustración sino ocupación constructiva de mi tiempo libre, el coleccionismo es una de esas esferas agradables y relajantes de mi vida, cuando tengo tiempo para él, y de las pocas cosillas que sé, voy también trasladándolas a este blog, despertando un interés más que superior en mis anónimos lectores que el que yo auguraba cuando me puse a elaborar los artículos relacionados con esta temática.

No sólo me han reportado sorpresas insospechadas las referidas entradas, como la entrevista de hace unos meses con Euskadi Radio, sino que rara es la semana que no recibo un correo solicitándome tasación de la colección de sellos que alguien ha heredado de un tío o de un familiar suyo fallecido. De hecho, a raíz de los innumerables comentarios en la entrada correspondiente, que son públicos y donde la gente pone hasta su número del móvil, he tenido que resaltar que para este tipo de consultas pueden dirigirse a mi correo electrónico personal para preservar la privacidad de ese dato telefónico, porque en estos tiempos que corren ya se sabe.

He de decir que en algo están fallando los coleccionistas mayores y que van falleciendo y es que no lo dejan todo atado y bien atado, una colección de sellos, me reitero en lo comentado hasta la saciedad en este blog, salvo casos muy excepcionales, no sólo tiene más valor sentimental que económico, sino que en el caso de que se optara por venderla, sería complicado encontrar un comprador que ofreciera una cantidad justa. Pero es que esa gente aficionada deja este mundo y los herederos se encuentran con el marrón de qué hacer con esa colección que, sin comerlo ni beberlo, ha llegado a sus manos, y que hasta puede ocupar un espacio imprescindible en sus domicilios.

Como no suelen tener salida dichas colecciones y este blog trata de dar respuesta a esos profanos en la materia, a mucha gente le recomiendo que no se desembarace de esas colecciones, que a la vista de la escasa demanda no es malo dejar la colección tal cual está, tal cual la recibió de su difunto, porque en términos muy generales, la misma «no come pan».

Pero claro, entramos en la segunda disyuntiva, ya que he decidido que me quedo con ella, para esperar momentos mejores en los que la filatelia renazca (dudoso en España), o para que en un futuro alguien de mi familia se pueda interesar, y que parto de la base de que no tengo ni idea de filatelia, pues nos planteamos la cuestión de cómo conservar una colección de sellos. Dicho de otro modo, en una comparación probablemente poco acertada, es como si heredara un animal doméstico y jamás he tenido uno, es el momento en que tengo que mirar páginas de Internet, preguntar a gente. La única diferencia es que de perros sabe mucha gente y sobre filatelia la información está bastante dispersa.

Dicho esto y por acotar el ámbito en el que nos movemos, yo no aspiro a ser un gurú del coleccionismo y la filatelia; está claro que el que llega a esta bitácora no busca una opinión experta sino una ayuda. El que busque una opinión cualificada es muy probable que no tenga una colección de andar por casa, con la que se entretiene y disfruta, tendrá una colección de gran valor, con sellos o series únicas, y eso ocurre en el 0,001 % de los casos o más, entonces busca la opinión de gente muy experta, profesionales que se ganan la vida con esto. Para ese más del 99 % restante aquí tiene su respuesta, humilde bien es cierto, y eso sí bastante resumida.

Para empezar hemos de manifestar una obviedad, los sellos son papel en su mayor parte (más tintas y goma), es decir, se trata de un material vegetal, construido en términos concluyentes con la misma base con la que se hacen los libros. Por la fecha de su nacimiento, 1840 en Gran Bretaña y diez años más tarde en España, estamos ante un invento relativamente contemporáneo; si tenemos incunables de hace varios siglos conservados en magníficas condiciones hoy en día, con los sellos habría que operar sustancialmente igual para que prevalezcan durante siglos.

Ahora bien, nuestra efímera existencia juega a nuestro favor, aunque en cierta forma, también en nuestra contra. Y me explico, yo diría que ni aun teniendo una colección en unas condiciones no cercanas a lo óptimo, vas a poder vivir para verla sin que aprecies problema alguno de conservación, esa es la parte buena; la mala es obviamente que la colección, como si de una longeva tortuga se tratase, sobrevivirá a ti y tú no podrás disfrutarla más que el recorrido de tu existencia, trasladando el fruto de tu afición a otros que muy probablemente, tal y como la realidad nos está revelando, si tú no te has encargado de aleccionarlos, como tampoco ocurre, se convertirá en un problema para ellos.

No obstante y visto que un aspirante a ser coleccionista o un coleccionista consumado ya, que tiene un conjunto de sellos más o menos ordenado, que cuida, que quiere y que le entretiene, casi está obligado a mantener la colección en unas mínimas condiciones de conservación.

Podemos entender desde el punto de vista académico que hay unos riesgos intrínsecos y otros extrínsecos. Los intrínsecos son los puros condicionantes ambientales: humedad, temperatura, luz, plagas..., digamos que sobre estos tenemos capacidad para combatirlos con medios a nuestro alcance. Los extrínsecos supondrían aquellos que gravitan sobre las condiciones de seguridad: robo, fuego, inundación, extravío...; estos no están tan a nuestro alcance combatirlos, forman parte del riesgo de la vida, y vamos a imaginar que vivimos en un mundo ideal donde no pasa nada, o no nos va a tocar la lotería desagradable a nosotros.

Por tanto, centrándonos en esos riesgos intrínsecos, hay que subrayar que los enemigos de los sellos y del papel son la luz, la humedad y los cambios drásticos de temperatura; para un supercoleccionista que se ha gastado millones en sellos, no le costará mucho disponer de una habitación con una temperatura constante, casi acorazada y los sellos guardados en álbumes, y si ya se tiene algún dispositivo para eliminar la humedad pues tanto mejor. Para coleccionistas aficionados como yo, bastará con tener los sellos en sus clasificadores y sus cajas (de puros), mejor en estanterías o, en todo caso, en un lugar no cercano al suelo, para evitar la humedad, y en una habitación que no sea de paso.

Lo de la caja de puros es una especie de máxima para los coleccionistas de sellos, en realidad cualquier caja podría valer, incluso la de zapatos, pero como es sabido, las cajas de puros son de madera, son sólidas y suelen tener un cierre para mantenerlas bastante herméticas.

En realidad la conservación de papel en condiciones ideales aconseja disponer de sistemas de ventilación que mantengan la temperatura en torno a los 22 grados centígrados, pero eso es imposible para todos los que me leéis, por eso, todo bien cerradito y archivado para que los cambios de temperatura se minimicen.

Para combatir las plagas, básicamente hay que estar atentos a tu entorno y ver si han atacado antes alguna otra parte de tu casa, fundamentalmente las polillas que atacan la madera, y que potencialmente también querrían pegarse un festín con tus sellos. En todo caso, yo suelo limpiar la habitación donde tengo los sellos de vez en cuando, utilizo una aspiradora para el suelo y después la suelo dejar encendida un rato boca arriba al aire, apoyada en un silla para que aspire el polvo del ambiente. Y al final le pego una buena pasada con un insecticida común y cierro la puerta, y ya tengo mi propia cámara acorazada en condiciones óptimas.

¿Se pueden tocar? Pues sí, mis sellos son vulgares, pero tienen un valor incalculable para mí. Si tuviera algún sello muy valioso, no es el caso, lo tocaría con pinzas, que las tengo, o con guantes. Como esto es muy engorroso, yo siempre me lavo las manos con jabón antes de empezar a manosearlos, con objeto de minimizar la impresión de la grasa de los dedos en los sellos.

En cuanto a la luz, el concepto propio de nuestra existencia antes aludido, va a preservar el papel de un sello durante toda nuestra vida; en principio porque por mucho que disfrutemos de los sellos, nuestra colección difícilmente va a estar expuesta de una manera constante a la luz; es obvio que si un sello lo colocáramos al sol de Andalucía durante un verano entero, el sello ya no sería el mismo, se abarquillaría y a buen seguro que tomaría un color amarillento, es decir, favoreceríamos un envejecimiento acelerado, pero no vamos a hacer esto.

Ya digo que podemos estar tranquilos y disfrutar de nuestra colección las veces que queramos, para ver ese sello que nos interesa recordar, para enseñarle los sellos que tienes de Moldavia a tu vecino, o para hacer tus pinitos y montar una lámina para participar en una exposición. De hecho, grandes coleccionistas y no tan grandes suelen participar en exposiciones filatélicas, bajo mi punto de vista algo decimonónicas y ajadas, sus colecciones viajan de un punto a otro de España o del planeta y no se inquietan ni por la luz, ni la temperatura, ni por nada. Confían en que los comisarios de las exposiciones cuiden sus tesoritos y estos a su vez son muy fiables, tratan las colecciones como si fueran suyas y los lugares de exposición suelen ser lugares con una temperatura media cercana a lo ideal, con luz artificial y con unas aceptables condiciones de seguridad.

Pues nada, disfrutemos de nuestra pasión, con unos mínimos y casi obvios cuidados de conservación y vamos a disfrutar de los sellos hasta el final de nuestros días prácticamente en las mismas condiciones en que llegaron a nosotros.

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