domingo, 27 de noviembre de 2016

FLËUR, O EL ECO DE VOCES ENSOÑADORAS QUE LLEGAN DESDE UCRANIA

Si la música es belleza, que lo es sin lugar a dudas, Flëur representa ese estado, esa cualidad que nos acerca a la perfección, esa que en términos musicales nos llega al oído y nos produce un placer indescriptible.

Este grupo es ucraniano aunque sus temas son cantados en ruso, pero nos tiene que dar igual, ya lo he resaltado varias veces, que pese a que nos hemos acostumbrado a escuchar la música en inglés (y lógicamente en español), ni siquiera atendemos a las letras, las chapurreamos, tarareamos, pero no sabemos muchas veces qué dicen; por tanto, a los mismos efectos nos tendría que dar lo mismo que la letra sea de un idioma del que no tenemos ni idea. Sí, ciertamente se puede perder mucha poesía y muchas evocaciones en la música cantada si no conocemos el idioma, pero tampoco podemos rizar el rizo, yo no lo hago, escucho música y si la letra está bien integrada y me gusta, la escucho con gusto y no dudo que se dirán cosas muy bonitas, es que de lo contrario tendría que estar aprendiendo varios idiomas a la vez y esa sería una tarea inabordable.

Y eso es lo que tiene Flëur, que sus canciones son muy bonitas, una belleza muy poco accesible para el gran público por su procedencia, o sea, no esperen oír nada de este grupo en una cadena de radio comercial en España, simplemente porque son de Ucrania, no es justo, pero ya se sabe, esto está así marcado. Y yo soy un firme defensor de lo no convencional, basta que te salgas un poco de los circuitos masivos que no son garantes de calidad precisamente, para que puedas hallar la excelencia.

Flëur hace una música sencilla, sin gran exceso de instrumentos, intenta crear un correcto equilibrio entre voces y sonido ambiental, pero también es cierto que las voces no son más preponderantes que la música y viceversa. Es decir, desean que la música se oiga, que envuelva, que capte de principio para engancharnos con lo que se cuenta.

Tengo el gusto de traer aquí este grupo que se trata de un proyecto femenino y es cierto que en este blog en cuanto a música y al resto de etiquetas es mayoritariamente masculino, pero no lo hago adrede, busco lo que me gusta y comento lo que me gusta, el sexo para mí es secundario; si se trata de mujeres, pues me alegro, porque es cierto que porcentualmente saco más temas masculinos que femeninos, sin que tenga una tendencia voluntaria, sale y ya está, y así seguiré porque no deseo estar sujeto a cuotas irreales.

Y es que la historia de este grupo encierra también ciertos tintes emotivos, pues se formó cuando Olga Pulátova y Elena Voynaróvskaya se conocieron en Odessa en 1999, una de las grandes urbes de Ucrania; ambas tenían formación musical y, de hecho, ya habían hecho sus pinitos en alguna que otra banda, pero algo las unía, la poesía. Así gracias a ese nexo, idearon unir sus dos vocaciones y una especie de fraternidad de almas para dar rienda suelta a sus pasiones con una música especial, y lo consiguieron.

Poco a poco, Olga con el piano, Elena con su guitarra, y ambas con sus voces, entretejen su tela y pronto se unirá la flautista Julia Zemlianaya y un poco más tarde la violonchelista Ekaterina Serbina y los baterías Alexei Tachevski y Vladislav Mitsovski; empezarán a tocar composiciones de Olga a nivel un tanto aficionado, pero en lugares de lustre, así que en cada gran actuación que tuvieron en el 2000 consiguieron grabar dos álbumes en directo, y ya empezaban a ser muy reconocidos en Ucrania.

Claro, la propuesta era muy rompedora, por un lado, música New Age, o sea, el resultado que quedaría si elimináramos las voces, pero a la par se fusiona con música étnica ucraniana y rusa, algo de estilo neogótico y un poquito de rock, y unas voces angelicales.

El bombazo fue de tal impacto que el eco llegó a una discográfica francesa llamada Prikosnovenie, una modesta discográfica especializada en World music, músicas ambientales y sonidos de relajación, que encontró oro puro en una batea, la del panorama musical, rellena de mediocridad. Así que en 2001 empieza un idilio musical con este sello y en 2002 ve la luz el disco Прикосновение, la transcripción literal del nombre de la discográfica en caracteres cirílicos.

A partir de esa fecha fueron incorporando a otros músicos e instrumentos musicales, incluso sintetizadores; músicos que han ido entrando y saliendo en el proyecto con sucesivas sustituciones. Sus primeros discos son los que tienen más esencia, y es que por su mayor implantación en Rusia y Ucrania, con cierto éxito, han ido adaptando ligeramente sus melodías hacia el pop, pero sin perder sus rasgos propios.

El porqué del nombre Flëur no está muy claro, no significa flor (la traducción desde el francés si quitáramos la diéresis), pero ya sabemos que son ucranianos y parece ser que es un juego de palabras que se podría traducir como «halo de misterio».

Después de prácticamente una década de producciones diversas con el sello francés, últimamente han vuelto a sus orígenes y ahora se graban ellos mismos en Odessa. Siguen teniendo mucho éxito allí, pero ahora su aventura es más personal, son como los guías de su destino, aparte de producirse sus discos, no se someten a aspectos comerciales y sus conciertos están meditados, sin giras asfixiantes. Se dice que el precio de sus actuaciones varía según el número de asistentes, no sé cómo irá el sistema pero suena bien eso de que pagues en función de la demanda existente.

No le demos más vueltas, Flëur es un grupo muy bueno, pero muy desconocido, tentemos un poco la suerte y perdámonos en sus melodías.

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