sábado, 31 de diciembre de 2016

CURRO CÓRNER O UN TUERCEBOTAS AL PODER QUE NOS LEGÓ EL GRAN OZELUÍ

CURRO CÓRNER
Curiosamente cuando pasaba mis años universitarios en Granada y compraba de forma bastante habitual «El Jueves», me enteré de que uno de los historietistas más reconocibles de la revista, Ozeluí, era de Granada, y desde ahí, desde su retiro nazarí pergeñaba cómics que luego mandaba a Barcelona cada semana, entre ellos el que a mí me gustaba especialmente era el de Curro Córner.

Nunca lo llegué a conocer personalmente a Ozeluí, aunque es probable que me lo hubiera cruzado alguna vez por la calle, pero casi desde el principio sentí un especial cariño por este historietista, por aquello de que uno que vivía a mi lado diseñaba también para la revista satírica más reconocida de nuestro país. Signo inequívoco también, de que aunque con cierta dificultad, el talento no tenía y no tiene fronteras, y cuando este existe no era necesario estar en un punto neurálgico; de hecho, Ozeluí siempre vivió y vive en Granada, y como él mismo ha señalado en alguna ocasión, primero era Correos, Seur, y ahora todo con Internet es más fácil, ahora las distancias son solo geográficas y sus trabajos están en la editorial con tanta inmediatez como si trabajaras in situ en su misma sede.

Y Curro Córner era un personaje que pintaba perfectamente para «El Jueves», en una revista que tenía prácticamente de todo y que repasaba los temas más candentes del panorama patrio, encajaba un personaje futbolero, aunque fuera tan atípico y crápula como este, y percibiera el deporte rey desde una perspectiva muy desenfadada.

Tan desenfadada era la caricatura que Ozeluí hacía del fútbol que la cancha de juego es solo una excusa para construir un personaje que no destaca por sus valores deportivos sino que pulsa sobre otros aspectos latentes de este espectáculo como la corrupción, la triquiñuela o la marrullería; aunque esto sería, obviamente, ofrecer una imagen parcial de Curro Córner que, ante todo, es un personaje de historieta que no solo vive para el fútbol, de hecho, para Curro el fútbol es, en muchos casos, un plomo, porque lo que él quiere es vivir la vida. Curro Córner es un mujeriego impenitente que se beneficia a todas las vecinas de su bloque, a las mujeres de los directivos de su equipo, el Pollastre F.C., e incluso a las novias de los jugadores rivales; realmente es en la cama donde mete los goles. Y para estas argucias necesita tiempo y recuperación, por eso le cuesta llegar a los entrenamientos del día siguiente, entre otras cosas porque prefiere desquitarse en un bar o en casa viendo, por ejemplo, un apasionante Camboya-Bangladesh.

Ozelui lo ha reconocido muchas veces que a él no le gusta el fútbol, que no pierde minutos en ver partidos en la tele y que, en cierta forma, Curro Córner es una extensión de todo lo que huele mal en el fútbol, aunque de una forma muy simpática. Del mismo modo, no es que Curro Córner sea un antihéroe, porque desde luego sus historietas terminan muchas veces bien, y porque donde triunfa es en sus conquistas amorosas efímeras, sino que también representa por cercanía al típico futbolista de éxito que siempre anda metido en líos, dentro y/o fuera del terreno de juego. Y es que Curro Córner, con las lógicas distancias, tiene características de Pepe, Balotelli, Dani Parejo, o el mismo Sergio Ramos, del que recuerda Ozeluí, que con aquella caída de la copa desde el autobús le hubiera dado para mucho.

Pero Curro Córner no fue siempre jugador de campo, de hecho, en los primeros años Curro era un aficionado recalcitrante del Pollastre F.C., fiel seguidor de sus colores, pero también forofo de la selección española y del fútbol en general, capaz de sacrificar todo o casi todo (las mujeres no) por presenciar un apasionante Mongolia-Islas Feroe. En esa primera etapa, Curro ya iba ataviado con una bufanda y un gorro con los colores de su equipo (amarillo y verde) y en su segunda etapa, en la que Curro ya se convierte en jugador del Pollastre, sigue saltando a la cancha con la bufanda y el gorro, como confirmación de su origen en la grada, y eso sí, tocado con un prominente tupé sesentero, que le da un aire como de cuñado soltero siempre enrolado en la fiesta.

En su etapa de jugador, Curro no es una superestrella, es más, chupa bastante banquillo, y cuando le toca jugar intenta buscar mil y una artimañas para engañar a los contrarios y conseguir perforar la portería rival, muchas veces con éxito. Es todo un portento en el arte de sacar de quicio a sus contendientes, igualmente muestra tangible de que, en mayor o menor medida, muchas veces en el fútbol real, también se sueltan todo tipo de exquisiteces entre los mismos jugadores.

Curro Córner tengo entendido que ya se jubiló, desde 1992 se mantuvo unos veinte años en las páginas de «El Jueves», y Ozeluí podría haberlo reciclado en directivo o algo así, pero parece que el personaje ya estaba un poco saturado, aunque desde luego ha sido y será un icono de referencia dentro de la historieta actual.

En cuanto a las características técnicas del dibujo de Ozeluí en Curro Córner hay que señalar que es bastante minimalista, el dibujante no se detiene especialmente en detalles, economiza bastante, sus viñetas son muy visuales, quiere que la idea se capte con los menos elementos posibles, y lo consigue. Lo consigue porque a veces sus diálogos no existen, se trata de cómics sin palabras, el personaje lo dice todo. También lo logra porque su trazo a pesar de ser económico es contundente y porque, desde el principio, decidió que el color debía inundar sus creaciones; y es que Curro Córner es puro colorido, llama mucho la atención, eso y que no abundan generalmente los textos y que sus historietas no duren más de dos páginas, la mayoría de las veces solo una, hacen que invite a enamorarse de él.

Por otro lado, también hay para mí un cierto elemento afectivo y es que Ozeluí destila en Curro toda el habla granadina que, en cierta manera, es muy común o muy conocida en toda Andalucía Oriental; esos giros y esas frases hechas me lo conforman más si cabe, como un personaje mucho más cercano.

Y es que Ozeluí, que curiosamente hizo Ciencias Biológicas en su juventud y que trabajaba de guarda forestal, pero que lo dejó por el cómic, ha sido un dibujante relativamente conocido en Andalucía, y en muchas publicaciones institucionales he podido ver sus colaboraciones y sus trabajos, es todo un referente. Igualmente es un referente porque lleva más de tres décadas dibujando las carocas que se colocan cada año en las Fiestas del Corpus en la Plaza Bib-Rambla de la capital granadina.

Pues nada, larga vida a Ozeluí (José Luis Prats, hijo de catalán y granadina), un veterano dibujante andaluz nacido en 1953, del que dice que su inspiración principal ha sido la del grandísimo Vázquez. A buen seguro que Ozeluí seguirá deleitándonos con su arte mientras su viva inspiración le siga despertando cada mañana bien tempranito para ofrecernos un poquito de alegría fresca y desenvuelta.

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