domingo, 9 de abril de 2017

LAS COLECCIONES DE SELLOS DE ESCUDOS Y TRAJES TÍPICOS DE ESPAÑA (1962-1971)

Como ya conocen los que me siguen en este blog y especialmente aquellos que leen con algún interés las entradas de coleccionismo en general y filatelia en particular, si hay un período de emisiones españolas que me encanta sobremanera es el de la década de los 60. Como también he indicado muchas veces, esto no tiene nada que ver con política, aquellas emisiones eran bastante pedagógicas y tenían bastante calidad, ahora bien, si cada cual quiere enmarcar esto en un contexto sociopolítico, se aceptan opiniones, yo no lo voy a hacer, yo voy a tratar de filatelia y sus componentes divulgativos.

Y es que entre 1962 y 1971 Correos sacó dos colecciones que tienen un carácter casi holístico, racionalizador. Si alguien tuviera que pensar en qué colecciones obligatorias debería contener la historia filatélica de un país, tendría que reproducir lo más relevante de su historia, arte, geografía, cultura, flora y fauna... Haciendo una reducción al absurdo no hay país que se precie en el que no aparezca su principal monumento o su personaje histórico más destacado. En definitiva, lo importante debe estar plasmado en un sello postal.

Pues a Correos al inicio de la década de los 60 se le ocurrió algo muy evidente y lógico, que era el de emitir todos los escudos de las provincias españolas a color. Cabe destacar que el acceso a documentos a todo color se reservaba para algunos libros y revistas muy especializadas, los periódicos han tardado varias décadas desde su creación para que sus rotativas pudieran imprimir en color; pero en la década que comentamos el color era un lujo. Precisamente la propia configuración del sello de Correos, un valor postal en formato pequeño y fabricado en imprentas especializadas donde el factor tiempo no primaba, o primaba menos que el efecto calidad, implicaba que fuera un tesoro en miniatura (lo sigue siendo) para todos los que quisieran tener un documento gráfico a color de algún elemento singular.

La idea de generar una colección de sellos a todo color con los escudos de todas las provincias españolas, no podía ser, pues, más adecuada; y además con ese afán pedagógico y, de algún modo, con una vertiente bastante inclinada a fomentar y proteger el coleccionismo, se hacía como hoy se hace con los coleccionables por fascículos con los que las televisiones nos martillean los septiembres de cada año, pues además llevaban su propia numeración.

Pues sí, porque desde 1962, se empezó por orden alfabético y con absoluta regularidad, un sello cada mes, emitiéndose durante cinco años los sellos de las provincias españolas o colonias existentes en ese momento. El nombre oficial de la serie era «Escudos de las capitales de provincia españolas y colonias». De tal manera que de 1962 a 1966 fueron doce «entregas» por año, y en 1966 nueve escudos más. Si hacemos la cuenta nos salen un total de cincuenta y siete escudos, con lo que la primera conclusión para un lector del siglo XXI avezado en la geografía política de España es que algo no cuadra. Hoy, en 2017 tenemos cincuenta provincias consolidadas desde, como poco, el inicio de la democracia y parece que eso no se va a mover a corto plazo, aunque todo se andará.

Para empezar hay que señalar que el último sello en emitirse era el de España (sí, el del águila), con lo que ya descontamos una provincia. Las otras seis eran Ceuta y Melilla, que hoy son oficialmente ciudades autónomas y no provincias, y las cuatro provincias-colonias africanas que por entonces pertenecían a nuestro país: Fernando Poo (isla de Bioko de la actual Guinea Ecuatorial y donde está también su capital Bamako), Río Muni (zona continental de la actual Guinea Ecuatorial, cuya ciudad más importante y más poblada del país es Bata), Ifni (pequeño territorio al suroeste de Marruecos, su capital era Sidi Ifni) y el Sáhara (más al sur aun que Ifni y zona que lamentablemente sigue siendo foco de controversia política y territorial). ¿Esto era una demostración de fuerza? Pues es opinable, pero es incuestionable que respondía a una realidad.

El colonialismo de España ha sido algo muy limitado y de escasa influencia en África y, además, no lo hemos nutrido adecuadamente con posterioridad. Los ecuatoguineanos hablan español y, sin embargo, desconocemos todo de ese país. Como elemento anecdótico, que además es un hecho que tuvo lugar en las fechas en las que nos movemos, cabe señalar que el famoso gorila albino Copito de Nieve que fue la enseña del Zoo de Barcelona durante muchos años, fue apresado en Río Muni y vino a España en torno a 1965; pudiéramos decir que en la década de los 60 la fauna de nuestro país y sus territorios era mucho más diversa que la actual.

Lo cierto es que con la colección en manos de muchos filatélicos, partiendo de la base de que antes se coleccionaba más que ahora, y que circulaba mucho más tráfico epistolar que ahora, era muy fácil que cada español pudiera contar con el sello de Correos del escudo de su capital de provincia. Esto me recuerda, por cierto, que no hay casa de campo o vivienda con decoración retro que se precie, que no disponga de un cuadro con el escudo de su provincia, pues esta era también una manera de reivindicar la tierra de cada cual.

Todos los sellos de esta colección tienen el valor facial de 5 pesetas (a excepción del escudo de España que costaba 10), bastante más que lo que valía una carta ordinaria en esa época, en torno a 1 peseta, pero nunca comparado con los valores desorbitados de la actualidad (considerando que el coleccionismo filatélico cada vez tiene menos adeptos), con lo que se erigía el evidente sentido holístico, pedagógico y divulgador que tenía, a la par que producía unas emisiones que tenían un destino para el mercado de los coleccionistas, también permitía que cualquier ciudadano pudiera contar con el sello de su tierra.

El escudo de Jaén fue el primero de la colección que iniciaba el año 1964. Como curiosidad también hay que destacar que salieron unas pocas partidas de sellos sin dentar, concretamente en tres de los efectos de esta colección, los correspondientes a Ávila, Ciudad Real y Sevilla; estos están bien cotizados y los dos primeros cuestan no menos de 1.000 euros y el de la capital hispalense algo más. Desconozco por qué se generaron estos atípicos sellos aunque me inclino que sería por un error de fábrica detectado tarde o deliberadamente puesto en circulación para darle vidilla al mundo filatélico, la que hoy no tiene.

Inmediatamente que concluyó esta serie en septiembre de 1966, la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre descansó brevemente, hasta que ideó la otra serie que es casi continuidad de la anterior, o por lo menos, así lo consideramos los filatélicos, pues seguía prácticamente todas las pautas de la anterior: todas las provincias, un sello al mes y una duración de casi cinco años. Me refiero a la colección de «Trajes típicos españoles», en concreto, todos son indumentarias que visten mujeres.

La primera curiosidad surge cuando comparamos el número de efectos de la serie predecesora y de esta, hubo cincuenta y siete escudos, y esta se completó con cincuenta y tres trajes. ¿Dónde está el desfase?, y ¿qué ha pasado en la historia para que a día de hoy tengamos cincuenta provincias? Pues tiene una fácil explicación, en esta serie de trajes típicos, desapareció Río Muni, que en realidad formaba parte de la Guinea española, hoy Guinea Ecuatorial y sí se mantenía la provincia de Fernando Poo, donde se entendían integrados los territorios continentales de dicha Guinea, o sea, Río Muni. Así que ya tenemos una baja con respecto a la colección de escudos, la otra baja fue la del escudo de España, pues obviamente no se representó ningún traje típico para todo el país, que no lo hay. Las dos bajas que faltan fueron para Ceuta y Melilla, algo incomprensible pues ambos trajes existen realmente, y con una estética totalmente española; algo diametralmente opuesto a los trajes típicos de Fernando Poo, Ifni y Sáhara.

La colección corrió entre 1967 y 1971 y como ya ocurriera con la anterior colección, el traje típico de Jaén, la pastira, inició el año 1969. Y aquí me voy a parar un poquito, porque dicho traje provincial es muy bonito y en muy pocas ocasiones lo he visto. Tristemente en buena parte de Andalucía nos hemos plegado al traje típico sevillano, y no, me niego a admitir que la sevillana es el baile típico y/o traje de cualquier provincia andaluza. No obstante, también es verdad que en Jaén esta batalla está bastante perdida, no se fomenta culturalmente la confección y el uso de la pastira, traje que además es precioso, y ni mucho menos los bailes típicos de esta provincia como pueden ser los melenchones o los boleros de Jaén; bien pudieran el montón de academias de baile de esta provincia, rescatar este traje para que podamos perpetuarlo de generación en generación, a la vez que reforzamos nuestros signos identitarios. Y sí, ni sé bailar sevillanas, ni me gustan.

El valor facial de esta colección de trajes regionales fue de 6 pesetas, hasta los cuatro últimos sellos que se correspondían con Valladolid, Vizcaya, Zamora y Zaragoza que ya costaron 8.

Esta colección de trajes es más bonita e instructiva que la anterior, eran unos sellos pequeñitos, pero con una lupa para los que ya andamos cortos de vista, se pueden apreciar los rasgos más singulares de los trajes de la geografía española, y aprender a buen seguro sobre algunas indumentarias que jamás hemos visto, primero por ignorancia y en segundo plano porque como nos pasa en Jaén, hemos ido enterrando sin piedad nuestras propias tradiciones.

Con posterioridad, con la democracia, Correos ha ido sacando otras emisiones con algunas similitudes a las referidas, pero no con el toque añejo y atractivo de estas. Con las autonomías y sus estatutos, ha habido sellos con la correspondiente bandera de cada comunidad autónoma, pero los diseños no me convencen, será porque los sellos de la década de los 60 siguen siendo de mis preferidos.

Y, por último, para aquellos que sin saber de sellos se inclinen a adquirir ambas colecciones de escudos y trajes, echando un vistazo a algunas web he podido comprobar que por algo menos de 30 euros se pueden tener las dos en nuevo, es decir, sin matasellar. Como siempre digo, la filatelia es barata, muy barata.

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