sábado, 29 de abril de 2017

MORDILLO, AGUIJONAZOS DE INGENIOSO HUMOR

Estábamos a finales de los 80 y principios de los 90, y yo era un incipiente cultureta, que pretendía sentirse moderno, por eso, como veinteañero en aquella época, acostumbraba a comprar el periódico los domingos con su semanario correspondiente (no pocos coleccionables reuní en aquellos años). Lo cierto es que lo compraba para sentirme moderno, sí, pero también para aprender. El ansia por saber más no obtenía respuesta con la instantánea facilidad con la que hoy nos movemos por Internet. Y yo leía El País.

Sería por convicciones o sería por modernidad, pero también es verdad que entre el formato revistero del ABC y la aparente frescura de un diario que nació con la democracia, yo siempre me he sentido más atraído por El País. Era aquella época en la que, en su semanario, una página de su inicio se dedicaba a una viñeta, y en esta caso única, porque la protagonizaba el dibujante argentino Mordillo.

Creo que desde siempre me he sentido un fan incondicional y anónimo de los dibujos de Mordillo, si moderno era lo que pretendía transmitir El País, la elección de este dibujante para ilustrar una página semanal era también moderna. Por aquella época Mordillo estaba en el momento cumbre de creación de su carrera artística y encajaba bastante bien con esa imagen que este diario representaba.

Algo más tarde, alimenté esa atracción por los dibujos de Mordillo cuando, con la que hoy es mi mujer, visitábamos a principios de los 90 un pub que es mítico en Bailén, Cambalache, pero en su sede primitiva, y allí había una máquina en la que como uno de sus juegos estrella, o al menos el que más nos gustaba a nosotros, se sucedían los dibujos del argentino, en el clásico juego de las diferencias; así que mientras nos devanábamos los sesos, también teníamos oportunidad de reírnos de sus ocurrencias.

Pero es que viendo los dibujos, él no les llama cómics, es difícil no sentirse incondicional de Mordillo, porque su estilo es tan característico y peculiar, tan vistoso y rotundo, que es un aguijonazo de humor que te deja pensativo. En sus dibujos se vislumbra el culmen de las aspiraciones de todo creador gráfico: Un dibujo con mucho colorido, sin palabras (las mínimas veces sí las utiliza pero pocas, las justas), y un mensaje directo, humorístico e impactante.

Lo que creo que más me llama la atención de Mordillo es que pese al picotazo que es su dibujo, incluso en elaboraciones muy simples, te deja pensando, básicamente porque tú tienes que darle contenido, tienes que añadir las palabras, el inicio, la explicación y el desenlace; y eso a veces no es tan evidente, su dibujo provoca tu reflexión y, desde luego, tu sonrisa. Sí, porque no le busquemos tres pies al gato, Mordillo nos alegra la vida, no pretende críticas, ni apologías subliminales, es lo que es, un mensaje gracioso, un brochazo simpático para endulzar el día.

También llama la atención por su colorido, aunque en sus primeras creaciones lo hacía en blanco y negro, es decir, solo con plumilla, poco a poco abandonó este estilo y sus dibujos son una explosión cromática, son bellas láminas que podrían decorar la habitación de cualquier joven o niño, son muy estilosas, modernas si se quiere, en realidad, nunca dejarán de ser modernas porque son atemporales.

Centrándonos en la temática de sus dibujos, y partiendo de ese mensaje sin dobles lecturas, Mordillo tiene sus iconos, no son pocos: el amor y los corazones, un poquito de sexo pero muy ligerillo, la naturaleza, islas desiertas y playas, la nieve, los animales (y en especial las jirafas), el golf, el fútbol, el planeta, los rascacielos, los laberintos…, y todo esto bañado con una buena pátina de absurdidad.

Sus personajes, el hombre, siempre el mismo, o el conjunto de ellos, siempre los mismos, y sus mujeres, también todas son clones unas de otras, son anónimos y con las mismas características, regordetes, desproporcionados y con una nariz enorme, muy cómicos.

He referido que sus cómics son un dibujo que impacta, aunque también es verdad que a veces la idea de dejar un mensaje casi críptico podría constreñir al dibujante, y Mordillo no pierde la posibilidad de expresarse con más amplitud si su inspiración así lo rige; por eso alguna vez nos encontramos con alguna sucesión de viñetas, en este sentido, la historia tiene algo más de recorrido. Y precisamente esta especie de historietas han dado pie a que este dibujante bonaerense haya dado el salto también a la pequeña pantalla, y esas viñetas se convierten en cuentecillos de apenas medio minuto, pero eso sí, manteniendo el espíritu, es decir, sin palabras o con mínimos sonidos onomatopéyicos.

El recorrido de sus temas icónicos nos acerca a sus querencias, el fútbol o el golf, deportes a los que uno imagina aficionado, son la expresión de una atracción por la naturaleza, el tapete verde de ambos deportes es un magnífico recurso para dotar de colorido a sus creaciones, además de una recurrente fuente de inspiración.

Pero sobre todo por la naturaleza, porque cuando sus personajes se encuentra en la selva o en un bosque, no falta detalle, sus laberínticos conglomerados de ramas y flores sitúan a su hombre y su mujer en un lugar calmado y apacible, pero donde quizá no pueden encontrarse.

Guillermo Mordillo Menéndez, hijo de españoles, ha sido un viajero a lo largo de su vida, estuvo algunos años afincado en Mallorca, también en Estados Unidos y Perú, pero donde más tiempo ha vivido ha sido en Francia, y desde allí lanzó al mundo su humor, humor que por su ausencia de palabras es totalmente universal. Es ya veterano, nació en 1932, y es coetáneo del célebre Quino (el de Mafalda), y ambos resisten los avatares de una vejez que por su propia trayectoria vital ha de ser muy satisfactoria.

Me ha sido difícil ilustrar esta entrada con una selección de dibujos que seleccionen sus temas principales, son tantos y tan buenos; en fin, espero que esta vez tenga tanto valor lo que yo expreso humildemente aquí, como las imágenes de apoyo, seguro que nos sacan una sonrisa.

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