sábado, 24 de junio de 2017

"YO FUI LA ESPÍA QUE AMÓ AL COMANDANTE", DE MARITA LORENZ

Cuando empecé la andadura de este blog, hace ya más de siete años, las ideas sobre las cosas de las que quería escribir se agolpaban en mi cabeza, y mi producción era a la par bastante copiosa, aunque eso sí, para no ahogarme a mí mismo decidí desde el principio que solo publicaría con una periodicidad semanal. Era pues, esa época balbuciente de esta personal bitácora, todo un torrente de inspiración que me permitía tener una carpeta con un arsenal de artículos en el banquillo de los reservas a la espera de ser publicados. Con el tiempo la carpeta fue adelgazando y hubo un momento en que desapareció porque me acostumbré a ir al día, ¿menor inspiración?, seguramente menos tiempo para pensar.

Lo cierto es que físicamente la carpeta en mi ordenador no desapareció como tal y se enquistaron un par de artículos, uno esperando unas fotos que alguien me tenía que mandar y que creo que jamás recibiré y, en consecuencia, nunca verá la luz; y el otro era uno muy concreto, era un artículo de opinión que se habría titulado algo así como «La noticia de la historia contemporánea más esperada» y en él expresaba la que para mí sería una de las grandes noticias contemporáneas que, más por emblemática que por otro detalle, contribuiría a darle un giro al mundo que conocemos, la misma no era otra que la venidera muerte de Fidel Castro y sus consecuencias. Se tiró tanto tiempo este artículo en la carpeta, años evidentemente, que cuando los acontecimientos fueron deshojando la margarita del futuro cubano, ya me di cuenta de que el artículo no tenía ningún sentido publicarlo, porque estaba claro que con Fidel o sin Fidel, con su hermano y el que venga después, Cuba iba a seguir y seguirá siendo un país comunista, un país no democrático, un país donde sus habitantes mayoritariamente viven con muchas necesidades.

La reciente muerte de Fidel no hizo que yo rescatara aquel artículo, no tenía sentido, pero sí que me animó a buscar información sobre el dictador, su biografía, sus andanzas, y cómo lo que fue una idea buena la de la Revolución, para limpiar un país que estaba lleno de basura, se convirtió en un cáncer con peores efectos que los que hubo antes de su eclosión. En mitad de esa búsqueda llegó la posibilidad de adquirir este libro, animado quizá por la posibilidad de que se hablara de Fidel desde un punto de vista tal vez menos explorado.

Y el título era sugerente, con «Yo fui la espía que amó al Comandante» pensé que iba a indagar en la vida de Fidel a través de la que se suponía era una de sus amantes. Lamentablemente, aunque el libro no digo que no tenga su interés, puesto que el episodio de la vida de Fidel es una mínima parte de lo que contienen sus páginas, en realidad es la autobiografía de Marita Lorenz, todo un personaje difícilmente clasificable, con una vida azarosa y miles de vivencias que contar, porque estuvo presente en algunos de los acontecimientos más relevantes de la segunda mitad del siglo XX.

La propia Marita Lorenz reconoce en esta verdadera autobiografía que hay quien puede pensar que su historia es bastante increíble y, de hecho, deja en manos del lector, textualmente, su credibilidad. Ciertamente la historia que cuenta es tan fantástica a veces, que parece un milagro que aún siga viva, cuando se ha estado codeando con lo más granado de los bajos fondos de Estados Unidos, y ha conocido las cloacas incluso institucionales del país que la adoptó, granjeándose no pocos enemigos.

Nacida en Alemania poco antes de la 2ª Guerra Mundial en el seno de una familia acomodada, su madre estadounidense y su padre alemán capitán de un barco de pasajeros, le dieron una vida relativamente tranquila, aunque con la injusticia de la gran conflagración bélica, la ausencia de su padre y la sospecha de que su madre conspiraba contra los nazis, da con sus huesos en el campo de concentración de Bergen-Belsen con apenas seis años, sufriendo en primera persona el terror de aquellos monumentos a la ignominia humana. El hecho de que no fuera judía y el fin de la guerra la salvaron de un final trágico y prematuro. También cuenta que sufrió la violación de un militar estadounidense al poco tiempo, es evidente que todo esto marcó su vida, y probablemente la hizo más coriácea.

Tal vez el hilo conductor de su vida es el desenfreno, el no poder estar asentada en un lugar, no tener nunca un oficio concreto, la necesidad de huir hacia adelante, de meterse en líos y en asuntos poco limpios.

Enrolada en un buque turístico que su padre capitaneaba llegan a La Habana en 1959, casi con el movimiento revolucionario aterrizando en la isla, y tardará nada en conocer a Fidel, del que se enamora perdidamente, tenía veinte años. Se convertiría en su novia o en su amante, en su «alemanita», pero en realidad se deduce que es un juguete para el joven Comandante. Con apenas veinte años Marita se quedará embarazada de Fidel, y con la misma ilusión con que cuida en su interior al hijo del dictador esta se desvanece cuando entre drogas y medicamentos estupefacientes la hacen abortar, o eso es lo que ella piensa. Con el convencimiento de que ha perdido a su hijo por una cuestión de Estado, abandona la isla definitivamente. Al tiempo irá conociendo que ese hijo no murió físicamente, pero el futuro no fue justo con ella y creo que llega a conocerlo en una ocasión.

Recuperada de uno de sus muchos contratiempos vitales volverá a Estados Unidos, donde siempre estuvo asentada, y se cruzará en su camino otro dictador, en este caso el derrocado presidente venezolano (veinticinco años mayor que ella) Marcos Pérez Jiménez, y como le gustaba caminar por la cuerda floja, tendrá una hija de él; esta si nacerá pero al momento en que Pérez es extraditado a Venezuela. Cuenta una historia casi irreal en la que va a Venezuela con la niña casi recién nacida y le impiden ver a Marcos, hasta el punto de que es recluida durante meses en un poblado perdido de la selva. Pérez Jiménez, que acumuló una gran fortuna, terminó sus últimos años en España, residiendo paradójicamente en la exclusiva urbanización madrileña de La Moraleja, incluso Marita viajó una vez con su hija a Madrid, pero apenas aterrizó fue mandada de vuelta por el servicio secreto estadounidense.

Su vida continuó siempre relacionándose con gente del hampa, mafiosos y ayudando sin rumbo definido a cubanos y anticastristas, de hecho, relata el episodio en el que la enviaron a Cuba con pastillas para envenenar a Fidel pero ella se arrepintió. Tal vez lo prematuro de su bagaje hizo que también las autoridades estadounidenses se fijaran en ella para asuntos de espionaje y contraespionaje que estuvo desarrollando de forma intermitente.

Cuenta Marita Lorenz que estuvo en la misión para matar a John F. Kennedy y que conoció a todos los actores implicados, es más, estuvo con Lee Harvey Oswald y en Dallas unas horas antes del magnicidio. Marita declaró muchas veces al respecto, de lo que conocía de Oswald, con quién se tenía contactos, qué entrenamientos conjuntos hicieron o quién era el hombre que asesino a Oswald, Jack Ruby, al que también conocía.

En esa vida de locura, Marita siempre se movió entre la oficialidad y la penumbra, en esa penumbra cabía de todo como ya he referido, pero había más, fiestas, hombres y todo ello a promiscuos niveles. Muchos hombres, un hijo más Mark, pero ante todo la necesidad de permanecer en un sitio que nunca llegó a consumar.

Con tantas aventuras y conspiraciones en su haber, ya digo que es milagroso que sobreviviera hasta su actual vejez; pero esa vida en el alambre también devino en errática para su situación económica, lo mismo vivía períodos de lujo que apenas tenía para comer y vivía casi de la caridad.

De ella hay un libro más y hasta una película de su vida, que ella reconoce que es bastante pésima, y no debe ser muy buena porque no encuentro referencias en Internet y eso ya es difícil.

En cuanto al libro, su título es más oportunista que otra cosa, pero una vida con tanto trasiego (excesiva en cuanto a datos de personas y lugares) no deja de ser entretenida, de auténtica película, aunque la que le hicieron fuera un pestiño.

Me deja una sensación de irrealidad, pero también es posible que calle mucho más de lo que cuenta, todo un personaje desconocido para mí, que estuvo metido en el meollo de muchos de los momentos que templaron la segunda mitad del siglo XX.

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