sábado, 26 de agosto de 2017

HIJOKAIDAN, UNA ESCALERA DE INCENDIOS HACIA EL INFINITO MUSICAL

Si alguien piensa que en el mundo de la música está todo inventado o que lo ha visto todo, pongo mi brazo en el fuego a que en la mayoría de los casos, aquel que sea tan osado de afirmar esto, se equivoca de cabo a rabo.

El mundo de la música proporciona constantemente nuevos horizontes de creatividad y consuela conocer que aunque hay unos circuitos comerciales muy consolidados, en los submundos de la música sigue habiendo vida, y más histriónica y sorprendente que la que nos podemos imaginar.

Resumamos la historia de la humanidad de forma muy somera, Dios creó el mundo, nació la música y los japoneses Hijokaidan emergieron de las entrañas de la Tierra.

A todo esto, también se equivoca quien piensa que los japoneses son un pueblo muy educado, con una moral absolutamente recta y que son incapaces de sacar los pies del plato en ningún momento. Sin duda que mi afición friki al deporte del sumo me ha ayudado a conocer más de la cultura japonesa, su idiosincrasia y sus modos de vida, básicamente porque consumo información en la medida de mis posibilidades que proviene del país del sol naciente.

En alguna ocasión he comentado en esta bitácora que hay espacios musicales bastante residuales a los que solo se accede por convicción, por pasión o por una mezcla de ambas. La noise music (música ruido o música ruidosa) es uno de esos géneros estrambóticos que circula por los sustratos de la música y, sin embargo, se mueve, tiene un público, existen grupos, se hacen conciertos y vive.

La noise music es básicamente ruido por acotar términos, le podremos dar las vueltas que queramos pero es improvisación libre de música a toda pastilla, guitarras, voces, batería y algún instrumento más, comienzan a sonar a máximo volumen sin aparente guion.

Pero la música de Hijokaidan no se caracteriza solo por ser ruidosa, Hijokaidan es mucho más y es lo que, desde que los conocí, me ha llamado la atención de este grupo; y es que generar ruido sin más puede resultar un tanto plano, monótono, pero si a esa música le proporcionamos un espectáculo (casi teatral), entonces el asunto ya va tomando otro cariz.

Hijokaidan ha presumido de tener una de las performance más brutales del mundo entero, actuaciones sobrecogedoras que difícilmente no estremecen a una persona en su sano juicio: destrozan instrumentos, se embadurnan en basura y se revuelcan en la misma, vomitan e incluso se orinan y hacen partícipe al público. Se puede pinchar sobre este enlace, aunque evidentemente no es apto para personas escrupulosas.

Y sí, con estos mínimos argumentos el espectáculo está montado, porque su grupo de adeptos, y no estamos hablando de cuatro locos, son más que incondicionales, deliran a la par que los integrantes del grupo con una puesta en escena caótica donde todo vale y no hay límites para la moral o para lo impuesto.

Claro que Hijokaidan no es un invento calenturiento de una noche de verano, nacieron en Kioto a principios de los 80 y siguen vivos, o sea, que llevan casi cuarenta años reinventándose y haciendo un peculiar espectáculo con su música; y desde luego, su onda gravitacional se ha extendido allende sus fronteras y han actuado en locales de un montón de países, de hecho, me consta que en Nueva York tienen una legión de seguidores.

En honor a la verdad y corroborando que la juventud es siempre muy atrevida, bien es cierto que eran más habituales sus espectaculares performance en sus inicios, y que ahora son algo más modositos, pero aun así, el que tuvo retuvo y solo la amenaza de que la pueden liar, mezclada con esa música que conmociona los sentidos y que es fronteriza con el delirio, supone una inquietante exposición a una experiencia a la que no nos acostumbramos las personas normales, si es que yo o los que me leen realmente lo somos.

Ciertamente aunque Hijokaidan tiene discografía (quince álbumes), los conciertos dan mucho juego a la improvisación, sin embargo, los discos tienen una cierta planificación, se supone que hay algo de música ordenada, se supone que hay alguna letra entendible; pero solo se supone, ante todo es ruido y eso le «pone» a sus apasionados.

No es de extrañar que eligieran el nombre del grupo para que evocara cierta intolerancia, cierta desvergüenza, se traduce como «Escalera de incendios», que bien podríamos interpretar como esa a la que el grupo accede para meterse de lleno en la boca del lobo, o aquella otra a la que el público se quiere aferrar para huir del horror, que todo es posible. Hijokaidan es provocación y ellos lo saben, el que acuda a un concierto y espere otra cosa ya sabe lo que tiene que hacer, que se ponga Los 40 principales.

Para completar esta entrada bastante friki, cabría preguntarse si Hijokaidan y la filatelia tienen alguna relación, y sí, y es que en el año 2013 España y Japón sacaron una serie de sellos conjunta en ocasión de la celebración del «Año Dual», en el que se conmemoraban no sé cuántos años de relaciones fructíferas entre ambos países. En el programa de actos rezaba la actuación en una sala de conciertos de Osaka y promovida por la Embajada española del grupo también español de música alternativa (bastante desconocidos en nuestro país) «Esplendor geométrico», en la que actuó al alimón con Hijokaidan; debió de ser un espectáculo inenarrable.

Pues nada, a las órdenes de Yoshiyuki Hiroshige «Jojo», este grupo japonés sigue cultivando sobre terrenos musicales que jamás imaginaríamos que se pueden explorar, y es que la música y el espectáculo a que va unida parece no tener límites, por suerte para la creatividad de nuestras mentes.

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