sábado, 16 de septiembre de 2017

"MISTERIOSO ASESINATO EN CASA DE CERVANTES", DE JUAN ESLAVA GALÁN

Confieso que nunca había leído nada de mi paisano comprovinciano Juan Eslava Galán, y después comentaré por qué, aunque siempre lo he tenido como un divulgador de la historia ameno y sagaz, al que he escuchado en la tele, pero especialmente en la radio, porque yo sigo siendo muy afín a este medio de comunicación.

Eslava Galán nos propone un viaje a los inicios del siglo XVII, a Valladolid que se había convertido con los albores del inicio de la nueva centuria en la capital de España y, por ende, en la de todo un inmenso imperio, comandado por Felipe III y que comenzaba a hacer aguas por todos sus costados.

El popular escritor urgavonense aprovecha unos hechos reales para construir una novela que tiene un poco de todo, humor, tensión, historia, costumbrismo..., y que cuenta como foco gravitatorio con D. Miguel de Cervantes, aunque el mito de nuestras letras sirve como excusa para construir una trama detectivesca con múltiples variables que hacen muy amena su lectura.

Lo primero que me sorprendió de la novela es que la trama no se presenta enrevesada, es clara y directa, en apenas veinte páginas, las primeras, sin mayores preámbulos y vericuetos que muchos autores suelen utilizar para engordar sus obras y dilatar pesadamente el meollo, ya se nos ha presentado el intríngulis de la misma. Miguel de Cervantes y «las cervantas» (familiares directas del célebre escritor del Quijote que conviven con él) son enviados a prisión acusados de la muerte de un caballero, Gaspar de Ezpeleta, por la cercanía a la vivienda donde ocurre el óbito y por las habladurías y sospechas de una vecina cotilla y malcarada.

El bueno de Eslava, que es un erudito de la historia, y en la divulgación de la misma, ratón de biblioteca que siempre me ha llamado la atención por descubrirnos curiosidades de la vida de nuestros ancestros hace siglos; se pone en la piel de un morador del siglo XVII, y este es el segundo dato que sorprende agradablemente ya que adapta con ciertos matices su lenguaje que tiene innumerables giros de la época y palabras en cierto desuso. Pero no es una adaptación radical y eso permite que no desconectemos de la lectura, a veces ciertamente profusa en adjetivos y sinónimos. Yo siempre he sido de la opinión de que la lectura debe instruir y ha de ser rica, ¿de qué sirve un texto plano con un vocabulario simplón y casi infantil?, y el caso es que los hay; a mí me llena más un texto de cierto nivel y que te obligue de vez en cuando a mirar el diccionario. Además, hace una especie de guiño al Quijote de Cervantes cuando cada capítulo lo titula con un nombre largo e historiado.

En este sentido, en la novela el escritor ha tenido el acierto de proporcionar un justo equilibrio entre los giros de la época, lenguaje llano y palabras cultas, estas últimas se sacan con el contexto o se acude sin ningún problema a la RAE, que yo intento utilizar casi a diario, ahora con mayor inmediatez gracias a las posibilidades que las herramientas digitales nos proporcionan.

Don Teodoro llega a Valladolid con el encargo de la Duquesa de Arjona de intentar esclarecer el asesinato cometido y muy particularmente tratar de que Cervantes y su parentela abandonen la cárcel y se limpie su nombre. Don Teodoro, todo un detective de la antigüedad, es en realidad Doña Dorotea, una mujer culta y adelantada a su tiempo, que urde esa doble identidad para manejarse mejor en según qué lugares, donde una mujer en esa época sería imposible que pudiera acceder.

Con esa dualidad de personalidades, su educación y las monedas que lleva en su bolsa Doña Dorotea y Don Teodoro, curioso el juego de palabras, irán abriendo puertas y desmadejando la maraña. La liberación de Miguel de Cervantes y sus hermanas y sobrinas se logrará pronto, dada la endeblez de las pruebas en su contra, más fruto de la maledicencia que de otra cosa; y la búsqueda del autor o autores del asesinato ocupará la mayor parte de la trama.

La astucia de nuestro doble protagonista irá poco a poco descubriendo chanchullos, líos de faltas y hasta conspiraciones al más alto nivel, que obviamente no voy a desvelar para no destripar el desenlace, confiriendo a la trama una riqueza mayor, pero siempre de forma entretenida, en la que Eslava juega con habilidad con el tono cómico a veces, que permite tomar la obra con cierta simpatía. Tal vez el final me decepcionó un pelín, aunque seguro que es porque yo esperaba otro desenlace.

Se retrata muy bien la época y se pone de relieve por qué se venía nuestra nación abajo; los ricos y la aristocracia acostumbrados a vivir de las rentas y preocupados en mantener ese estatus contra viento y marea, los de abajo con el ansia de no dar un palo al agua y vivir de los de arriba; y finalmente una estrecha clase media de obreros, artesanos y agricultores que a duras penas tiraban del carro nacional, cuando no aspiraban a llenar la talega para vivir como los ricos.

Me voy a parar a título de curiosidad en una alusión que hace el autor hacia nuestra tierra jiennense, pues habla de la natura de Poyagorda el hornero, la natura se refiere a un sustantivo en desuso (obsérvese la tercera acepción en el diccionario de la RAE), que hace referencia a los atributos masculinos. En Bailén, donde resido, había escuchado la comparación, y hasta pensé sin mayores indagaciones que era algún personaje local, dado que en esta localidad hay y han habido muchos hornos (de cerámica). No obstante, rastreando un poco más, el tal Poyagorda no era otro que un personaje de la capital del Santo Reino, titular de un horno cercano al Pilar del Arrabalejo, que realizaba masas de pan muy generosas (atiéndase de igual modo al significado de «poya» en el diccionario y del «pan de poya»), luego en nada tenía que ver el nombre del tal Poyagorda con su miembro viril sino que era una característica propia de su oficio de panadero. Eso es lo que yo, en principio, he visto en Internet, por lo que Eslava Galán pudiera estar confundido en este punto, banal por otra parte, aunque es posible que él tenga otras fuentes. En fin, una curiosidad sin más.

No tendré inconveniente en el futuro en leer más de Eslava Galán, y lo que comentaba al principio, una vez pertenecí a una asociación cultural, y quisimos darle un premio, pero el autor pidió ciertos emolumentos por su asistencia no sé si con mayor o menor razón y criterio, aunque bien es verdad que este escritor arjonero ya lleva años en la Liga de campeones de la literatura y no quiere perder dinero en minucias, no sé. La asociación la abandoné hace años, también es verdad, por personalista y algo corrupta.

En fin, esta es una buena novela, a la que yo otorgaría una calificación de notable, y no es de extrañar que haya merecido idénticas consideraciones por parte de la crítica, no en vano es el Premio Primavera de Novela en 2015 que concede la Editorial España junto con El Corte Inglés.

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