sábado, 3 de febrero de 2018

ALGUNAS CURIOSIDADES DE LA PARTICIPACIÓN HISTÓRICA DE ESPAÑA EN LOS JUEGOS OLÍMPICOS DE INVIERNO

No es una noticia para el que accede a mi blog con cierta habitualidad que me gustan mucho los deportes, pero a medida que avanza mi vida mi interés por los grandes deportes decrece y me intereso más por los deportes minoritarios.

Ahora que van a comenzar en breve los Juegos Olímpicos de invierno en el condado surcoreano de Pyeongchang, me abre el apetito consumir toda una serie de deportes, minoritarios en España, que no en muchas partes de este planeta.

Lo cierto es que en este blog le dedico anualmente una entrada al hockey sobre hielo en España, y lo seguiré haciendo, porque mantengo mi afición de estar informado de lo que acaece sobre este apasionante deporte en nuestro país, deporte que despierta pasiones en muchos países y que aquí no deja de ser un deporte muy minoritario, el que permiten las poco más de diez pistas de hielo estables con las que contamos en nuestra piel de toro. De vez en cuando, he dedicado alguna reseña a otros deportes de invierno, y es que el magnetismo que tiene la nieve o el hielo siempre hacen que me pare a ver la retransmisión que haya en la tele, porque te transporta aunque solo sea con la mente a otras latitudes que en rara ocasión voy a poder experimentar en la realidad.

Y leyendo por aquí y por allá, escuchando algún programa de radio, me ha parecido tal vez interesante extraer algunas curiosidades acerca de los deportes de invierno en nuestro país, en relación con la historia de los Juegos. No escondo nada, la información que voy a exponer circula por la red y yo me he permitido aglomerar lo que me ha parecido más relevante.

Antes de nada, cabe señalar que la historia de España en los Juegos Olímpicos de invierno en cuanto a medallas se refiere se puede resumir en apenas un renglón y se centra en una sola familia, los Fernández Ochoa. Paquito obtuvo el oro en Sapporo 1972 y su hermana Blanca un bronce en Albertville 1992. Desde ahí y antes de ahí, nada de nada, o casi nada. Eso sí, curiosamente en estos Juegos de 2018 se podría pronosticar que muy mal nos tendrían que ir las cosas si no tocamos metal; el patinador Javier Fernández es un valor seguro, si no para el oro sí por lo menos para alzarse con alguna de las otras dos medallas; los snowboarders Lucas Eguíbar y Regino Hernández, pueden darnos alguna alegría si tienen un buen día, tanto en la prueba individual como en parejas; igualmente la snowboarder Queralt Castellet, era más favorita en los últimos Juegos, aunque ha declarado recientemente que está mejor que nunca, por lo que también tendrá sus opciones.

Dicho esto y entrando en materia, hay que señalar que España fugazmente incrementó su volumen de medallas de una manera desproporcionada en los Juegos de 2002 de Salt Lake City, y es que Johan Muehlegg logró tres oros y cuando se preparaba para su cuarta prueba y un teórico póker de dorados metales se descubrió que estaba dopado hasta las cejas. El mito de «Juanito» que incluso fue felicitado personalmente por el rey Juan Carlos, sucumbió tan rápido como veloz fue su encumbramiento en el esquí de fondo español; y esto sí forma parte de la curiosidad: esquiador alemán peleado con su Federación y nacionalizado con calzador para hacer historia, y encima con ficha de la invernal Federación murciana; apenas decía cuatro frases hechas en español, aunque le dotábamos de los medios que requería, ya fuera simplemente el no molestarlo y que hiciera lo que quisiera; y para rematar esta historia, Muehlegg, que hasta donde yo sé de leyes, no ha perdido su nacionalidad española por muy rocambolesca y rauda que fuera su concesión, desapareció del mapa y lo último que yo he leído al respecto, es que «rehízo» su vida fuera de la nieve y se estableció en Brasil llevando una pequeña inmobiliaria, se casó allí, tiene una hija pequeña y su enterrada pasión deportiva la alimenta con una nueva afición como es el surf, pero a nivel aficionado.

Si pistas de esquí (alpino o de fondo) contamos con unas cuantas a lo largo de todo el país, pero nada comparado con las que tienen países nórdicos o centroeuropeos, más complicado se hace practicar y competir en otras disciplinas deportivas invernales donde directamente no disponemos de instalaciones naturales o artificiales, llámese pistas de bobs, luge y skeleton, u ovales para patinaje de velocidad.

Y, sin embargo, la historia nos ha ofrecido testimonios de esforzados españoles que, aun con la intrínseca dificultad de tener que practicar fuera de nuestro país esa disciplina inédita, haberlos haylos y con resultados insospechadamente exitosos.

Sin duda, el caso más sonoro aunque escasamente divulgado fue el proyecto del aristócrata Alfonso de Portago, Marqués de Portago para más señas, que para los Juegos de 1956 en la estación italiana de Cortina d'Ampezzo, soñó con competir por España en bobsleigh; una España en la que no residía, vivía en Suiza, costeando todo de su bolsillo e incluso con ciertas tensiones por el tal «Fon», era manifiestamente monárquico y antifranquista, pero como desde aquí no se ponía ni un duro, pues... El caso es que esa afición que él mantenía en tierras helvéticas, se fue madurando, adquiriendo un trineo de dos plazas y otro de cuatro.

Claro que su buena vida de exilio gracias a que su familia era de posibles, le obligó no obstante, a «fichar» a españoles que vivieran en España para no dar la nota excesivamente; de tal guisa que contactó con jóvenes familiares suyos para ir conformando el equipo. Con toda probabilidad aunque la información sobre esta historia es muy escasa, se llevaría a los componentes un tiempo antes a Suiza para familiarizarlos con el deporte, seguro que con todos o casi todos los gastos pagados. El proyecto casi le salió bien porque obtuvo un increíble cuarto puesto en bobs a dos junto con su copiloto Luis Muñoz (señalan las crónicas que penalizados por salir a competir de los últimos cuando la pista ya estaba bastante sucia y derretida por el sol, por lo que era ligeramente menos deslizante) a catorce centésimas del bronce, y un nada despreciable noveno puesto en el bobs a cuatro.

Curiosamente en la temporada invernal de 1957, Portago junto con el propio Luis Muñoz, conseguiría en Saint Moritz en el Mundial una meritoria medalla de bronce, única en nuestra historia, e injustamente olvidada por no decir perdida.

Portago que viviría a lo ancho y no a lo largo, fallecería ese mismo año, fiel a su afición por deportes con gran consumo de adrenalina, lo haría en una prueba automovilística en Italia, y su romántica historia de éxitos fugaces casi se iría a la tumba con él.

Unos años después en 1968, y esta es otra curiosidad, el primer español de raza negra que compitió en unos Juegos Olímpicos de verano o de invierno, fue el ecuatoguineano Maximiliano Jones (Guinea Ecuatorial era una provincia española en esa fecha) lo hizo en estos últimos, en concreto en los de Grenoble. Aparentemente no parecía encajar un negro, de un país de clima casi tropical entre la fría nieve, pero todo tiene su explicación, y esta nos la da también el bobsleigh, puesto que como es consabido en esta disciplina el empuje inicial es fundamental, no sé en qué porcentaje, y la raza negra se revela como la idónea antropométricamente en las pruebas atléticas de velocidad explosiva, por lo que el rol de Maximiliano es evidente que sería el de lanzador del trineo.

Hubo intentos posteriores en bobs, también en luge, y el proyecto más serio y profesionalizado es el del actual Ander Mirambell en skeleton, que está situado permanentemente en el top 20, sus posibilidades de medalla en Pyeongchang son muy remotas. Él ha reclamado más medios, una pista adaptada, no necesariamente de hielo, para poder lanzar el trineo y desplazarse, y ocupar así las jornadas estivales y hacer un entrenamiento más específico que el que actualmente desarrolla; también requiere de mayores juegos de cuchillas, en definitiva, inversión, dinero; Ander ha declarado que con esos avances podría situarse en el top 10, y ahí ya sí podría llamar a la puerta de las medallas. Las condiciones las tiene y hace falta que le demos un empujón.

Por último, me gustaría hacer una mención a los saltadores de trampolín, porque esa es otra, no tenemos ninguno en España, 48 millones de españoles y nadie salta trampolín, o por lo menos, hasta donde yo conozco, nadie lo hace de manera competitiva. Y es que en la década de los 80 tuvimos una especie de idilio con esta disciplina, puesto que contamos con hasta tres deportistas que competían con bastante regularidad y cierto nivel, como fueron Bernat Sola, Joaniquet y De Rivera, probablemente el más conocido fuera el primero, al que yo recuerdo en mi juventud verlo competir en el famoso Torneo de los 4 trampolines, y en Garmisch Partenkirchen cada 1 de enero durante varias temporadas, resaca mediante.

Lo curioso del asunto, es que aun siendo una disciplina muy exigente y que requiere muchos medios, igual que no tenemos pistas (tubos) ni naturales ni artificiales para la práctica de bobsleigh y las demás variantes de trineos, sí que tenemos y hemos tenido trampolines, que son menos costosos de construir, aunque tienen ciertos gastos de mantenimiento. Probablemente el trampolín que tiene más posibilidades de ser recuperado, aunque está abandonado, es el de La Molina, allí entrenaba la base española en la década de los 80. Pero también ha habido (existen restos o fueron completamente desmantelados) trampolines de diversos tamaños, algunos grandes otros de iniciación, en Sierra Nevada, Vall de Nuria, Alto Campoo, Jaca - Astún, Candanchú o Navacerrada. A día de hoy no parece existir interés alguno por recuperar estas estructuras o ejecutar alguna de nuevo cuño para reverdecer los laureles de este deporte tan espectacular.

Finalmente y terminando con este panfleto de curiosidades, voy a apuntar una que no trata estrictamente sobre los deportes de invierno en España, aunque sí incidentalmente que apunta además al deporte de invierno que más sigo, el hockey sobre hielo; y es que España cuenta con un jugador de élite, nacido en España aunque de pequeño emigró con sus padres a Suiza, se trata de Rafael Díaz, que es oriundo de Alfoz (Lugo), juega de defensa y es fijo en la selección de ese país, aparte de que ha jugado varias temporadas en la NHL (como la NBA pero del hockey hielo); en estos Juegos de Pyeongchang lo veremos codearse (literalmente) con lo más granado de este deporte. Quiero imaginar que en algún momento del pasado recibiría alguna llamada de la Federación para competir con España, pero declinaría la oferta, desde luego no hubiera llegado a disputar Olimpiada alguna, pero le hubiera dado un indiscutible salto de calidad a nuestra selección.

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