sábado, 17 de febrero de 2018

"EL LABERINTO DE LOS ESPÍRITUS", DE CARLOS RUIZ ZAFÓN

En algún momento de mi viaje indefinido por este blog llegará un momento en que expresaré con pelos y señales cuáles fueron mis motivaciones para crearlo, tampoco será nada que los que me sigan desconozcan; pero bueno, en alguna fecha redonda haré una entrada especial y realizaré una especie de retrospectiva con esos orígenes, todavía queda mucho.

No obstante, no falto a la verdad si manifiesto que he descubierto en el blog, una vez empezada mi andadura, una razón vital para perpetuarlo, y es la de tener memoria, y muy particularmente la de recordar libros. Sí, mi mente no llega para tanto y de las decenas de libros que habré leído en mi vida, de la mayoría no me acuerdo de nada. Por eso cada vez que escribo una reseña, siendo algo presuntuoso mi crítica sobre algo que he leído, me reconforta saber que estoy haciendo una extensión de mi disco duro cerebral en un artefacto externo que me permitirá en el futuro, cuando yo quiera, acudir a él para recuperar lo que mi memoria debiera haber atrapado, pero la naturaleza finita de nuestros recuerdos lo impide.

Y claro, cuando mi hermana me regaló hace unos meses esta novela «El laberinto de los espíritus», del reputado escritor Carlos Ruiz Zafón, rememoré que ya había leído antes y me habían gustado mucho otras dos de las tres obras anteriores de esta tetralogía como eran «La sombra del viento» y «El juego del ángel», pero lástima que cuando los leí no existía este blog y apenas puedo decir cuatro cosas de ellas y absolutamente nada de su argumento. Esto no volverá a ocurrir, al menos con esta.

Apenas recuerdo aquel «Cementerio de los libros olvidados», una suerte de edificio oculto en el corazón de Barcelona que alberga todo tipo de joyas de la literatura, un santuario para la lectura, un club selecto donde hay muy pocos elegidos.

Antes de nada, y es de agradecer por parte del escritor, este nos asegura al principio que la historia que cuenta es independiente, no es necesario haber leído las entregas previas.

El libro comienza, al parecer, con una especie de preámbulo en el que hay un recordatorio de una serie de personajes comunes a los libros anteriores, Fermín Romero de Torres y Daniel Sempere (creo sospechar que salen en las novelas anteriores) y en una serie de saltos en el tiempo, nos lleva a un teórico momento presente y también al pasado de la Guerra Civil, donde Fermín se encarga de salvar de casualidad la vida a una niña, pero no conseguirá localizarla tras el bombardeo que sufren.

Tras esta introducción del preámbulo, nos remontamos a la España franquista consolidada en 1959 y no precisamente en Barcelona sino en Madrid, conocemos la desaparición en extrañas circunstancias del ministro y hombre fuerte del régimen Mauricio Valls. El autor nos lo presenta como un ser todopoderoso, omnisciente, potentado, pero con algún trapo sucio del pasado que le impide avanzar en el presente.

En esto conocemos a Alicia Gris, una joven enigmática que sufre unos terribles dolores en uno de sus costados a causa de una herida cuando era pequeña, sí, efectivamente es aquella niña que se le perdió a Fermín. Ahora trabaja para Leandro, un tipo correctísimo, todo un caballero, que rescató a esta chica y que le dio un trabajo en una especie de servicio secreto encargado de llegar con fórmulas pseudolegales adonde los servicios policiales del Estado no alcanzan. Alicia se nos presenta con una tigresa con piel de cordero.

Con la encomienda de buscar al desaparecido ministro y acompañada por el veterano policía Vargas, decisión esta que asume a regañadientes la protagonista Alicia, se dirigen a Barcelona, donde esta tiene un piso y muchos recuerdos.

Ahí comienza la peripecia de esta singular pareja para intentar hilar cabos sueltos, en una trama con múltiples variables, y que va desvelando el oscuro pasado del ministro, y de otros personajes que se entrelazan en la novela, gravitando la existencia de una trama de bebés y niños robados y donde, como no podía ser de otro modo, la literatura está presente y también el Cementerio de los libros olvidados.

La novela, también con algunos saltos temporales puntuales, nos va mostrando dónde se encuentra el ministro a lo largo de la trama, no bien precisamente.

Amén de esto, las pesquisas de Alicia y Vargas avanzan, convirtiéndose en una pareja bien avenida que se respeta y se protege, ambos generan en el lector cierta simpatía y ternura.

Y en esas pesquisas es donde Alicia, el personaje que se erige en «el bueno» de la novela, comienza a interactuar con los otros buenos, personas de su barrio, los habitantes de la librería Sempere, que se convierten en su pequeña familia, y vive aunque sea momentáneamente una paz y una normalidad que jamás ha tenido, dado su carácter y condición que la obligan a su pesar a no mezclarse con la gente normal, por los efectos colaterales perniciosos que puede generar.

Lo que pasa es que los buenos son demasiado buenos, demasiado virtuosos y cuando Alicia está en un callejón sin salida, ahí estarán para echarle una mano. Y sí, los malos ejercen aquí de supermalos.

La vida de Alicia, representada en esos días de finales de la década de los 50, tendrá un principio y un final, al menos su historia relevante, noticiosa. Una historia donde encontrará finalmente su verdadero significado y su devenir, la gente en la que debe confiar, con muertos en el camino, con terribles traiciones y con un destino anónimo.

La historia, policíaca en buena parte de su extensión, es trepidante, aunque tiene algunos parones, una especie de justificaciones histórico-temporales que a veces pueden resultar algo tediosas, pero en general no desmerecen el resultado final.

Eso sí, terminada la historia de Alicia Gris y la trama principal de la novela, Ruiz Zafón se enfrasca en las últimas setenta páginas del libro a continuar con las aventuras de Fermín, Daniel Sempere y su descendencia; páginas que yo diría que sobran, o al menos se podrían haber aligerado.

Y es que estas páginas y parte de este libro son autorreferentes, es decir, trata de justificar, de completar la tetralogía de las novelas de este escritor que están asociadas con el sello de «El Cementerio de los libros olvidados», y para cerrar el círculo, y la que se supone que es la última entrega de esta serie, va cuadrando las historias de sus personajes. Aunque yo creo que este novelista siempre se guarda una bala en la recámara.

Novela, en definitiva, para deleitarse con ella aunque tenga un pelín de sobrepeso, algo más de 900 páginas, pero la esmerada y envolvente redacción de Ruiz Zafón, le proporciona una nota más que positiva.

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