sábado, 17 de marzo de 2018

WOLFENSTEIN 3D, UN PASEO NOSTÁLGICO POR EL PRIMER GRAN VIDEOJUEGO DE ACCIÓN EN PRIMERA PERSONA

Si no lo he confesado en este blog alguna vez lo confieso ahora, me gustan mucho los videojuegos, me gustaban cuando era niño y joven, pasándome largas horas en los hoy inexistentes recreativos, jugando o viendo jugar, y me siguen gustando ahora. Tanto me apasionan que jamás me he comprado una consola nueva porque sé a ciencia cierta que me perdería. Esto no obsta para que siga jugando, estoy en la brecha.

De hecho, mi vida gira siempre alrededor de algún juego, o sea, uno al que me aficiono cada cierto tiempo, durante una temporada. En estos últimos años con las buenísimas aplicaciones de juegos en móviles y tabletas, casi es más fácil todavía, porque todo lo tienes a la mano. Pero hay un problema, que yo mismo trato de controlar, y que todo el mundo imagina, y es que los juegos son tremendamente adictivos; por eso intento dedicar un tiempo razonable antes de que el juego absorba mi vida. También he de sincerarme y es que últimamente, los juegos del móvil me sirven para no quedarme frito por la noche si quiero ver alguna serie interesante en la tele, y es que empiezan a unas horas indecentes en este país, en este sentido el juego me ayuda a no dormirme, aunque ciertamente a veces no me entero de lo que estoy viendo en la tele.

En estas últimas décadas he podido asistir de forma más o menos cercana a la evolución de los videojuegos, ahora ya más desvinculado por aquello de que no tengo consola, pero aun así, puedo percibir más o menos lo que se cuece.

Me siento, de algún modo, protagonista de la explosión de un género de videojuegos denominados técnicamente «acción en primera persona», o lo que es lo mismo, el juego te disponía a ti como el protagonista de la acción, de tal forma que la pantalla era lo que tus ojos veían dentro del desarrollo del juego.

El juego del que voy a hablar hoy, probablemente sea la primera vez que trato de un videojuego como tal en este blog, tiene para mí una historia particular un tanto curiosa. Corría el año 1994 y yo pasaba un verano en Estados Unidos, sí porque con ocasión del Mundial de fútbol que allí se celebró yo viví una experiencia casi iniciática en aquel país, me siento privilegiado por haber viajado allí y haber vivido como joven lo que se cocía en aquel momento en esa sociedad tan avanzada. Por cierto, de aquel viaje ya he hablado en alguna ocasión en esta bitácora.

Yo me encontraba en la capital de Wisconsin, en Madison, ahí pulsé durante un fin de semana la vida universitaria junto con mi amigo Andy (que hoy lo sigue siendo), bastante parecida a la que nos muestran las películas, y aquel sábado de junio antes de salir a comprobar qué tal estaba la marcha madisoniana, en el piso del amigo de Andy adonde íbamos a dormir, había un ordenador; por aquel entonces se comenzaba a vislumbrar en España lo que era un ordenador personal, pero su extensión en casas particulares era aún una quimera. Pero este chaval tenía el último grito en cuanto a computadora personal, y asistí a cómo preparaba un trabajo con su procesador de texto, algo que me parecía todo un adelanto.

Acabada la faena profesional por este chaval, nos dispusimos a jugar al Wolfenstein 3D, un juego que en su momento me pareció apasionante. Es cierto que yo podría haber visto algún juego parecido en los populares recreativos, pero la posibilidad de estar en tu casa, en tu ordenador, con vidas ilimitadas, suponía una auténtica revolución, eran toneladas de entretenimiento sin salir de tu habitación y sin necesidad de meterle monedas a la máquina.

Aquel juego, como ya he referido, tenía la particularidad de que se jugaba en primera persona, tú manejabas el teclado y te desplazabas por el juego como si fueras el protagonista. Para ser más precisos en el juego tú controlabas a un espía estadounidense llamado William Blazkowicz “B.J.”, que estaba retenido en un castillo nazi (en la 2ª Guerra Mundial) y al que tenías que ayudar a huir; era por supuesto el prototipo de supersoldado guaperas y musculoso. Ese era el primero de los tres episodios, los otros dos tenían una estética similar, es decir, el objetivo era huir del edificio.

Tú veías por los ojos de B.J. del que apreciabas en la pantalla apenas sus manos manejando un arma, y en una pantallita adicional su cara y un porcentaje que te decía cuánta salud tenía, cuánta menos salud su cara estaba más demacrada. Había otras pantallitas al pie con otras informaciones interesantes.

En esta aventura que tenía varios niveles (pisos), tenías que ir abriendo puertas y recorrer pasadizos, todo muy laberíntico, y a la par tenías que sortear a enemigos que asediaban, golpeaban y disparaban a B.J., y él se defendía inicialmente con una pistola, si se te acababa la munición con un puñal, para luego ir encontrando armas cada vez más efectivas, un fusil, una metralleta…, incluso había perros que le atacaban. Su objetivo era ir liquidando enemigos y si su salud se resentía debía encontrar botiquines para restablecer su integridad. También encontraba tesoros que te daban puntos, pero eso era menos interesante cuando el juego lo tenías en tu casa y no querías un récord sino sacar al protagonista del laberinto.

Al final de cada piso o nivel siempre tenía que deshacerse de un enemigo especial que, por supuesto, era más poderoso y duro que todo cuanto habías visto hasta ese momento. Por ejemplo, si a un soldado de un disparo te lo cargabas y a un oficial de dos, a ese enemigo especial tenías que acertarle veinte disparos o más. Por cierto, en el último piso del final de juego el enemigo especial no era otro que el propio Hitler, una experiencia un poco «acongojante» aunque fuera un simple juego.

El juego tenía la particularidad de tener cuatro niveles de dificultad que era proporcional al número de enemigos que se escondían en cada habitación a explorar, si en el nivel principiante tenías un soldado al que enfrentarte, tal vez en el nivel experto tenías que lidiar con ocho o diez.

Una de las características que a mí me gustaban mucho de este juego es que, te permitía guardar en cada momento tus avances, así que sin entrabas en una habitación y te daban para el pelo, es decir, caías muerto, no pasaba nada, recuperabas tu posición e intentabas afrontar ese hito con una estrategia diferente.

He tenido varias veces a lo largo de mi vida, después de aquel año 1994, instalado el juego en mis diferentes ordenadores personales, ahora no, pero me parecía un juego muy entretenido, a veces un poco comecocos, por aquello de que los escenarios eran tan laberínticos que te costaba trabajo llegar hasta el final de cada nivel y dabas vueltas y vueltas sin encontrar la salida (yo no utilizaba mapas que, desde luego, los había).

Con el tiempo yo me acostumbré a jugar en el nivel experto, aunque tuviera que estar guardando y cargando partidas a cada instante, pero me parecía mucho más intenso. En todo caso, fuera en el nivel que fuera, era tan complicado sortear enemigos como encontrar la ruta de salida, con lo que para completar el juego debías estar muchas horas, días.

Desde luego, me parecía muy entretenido y desestresante; yo siempre he defendido que una cosa es los juegos violentos, podríamos aceptar que este lo es, y otra que el que juega a esto es un asesino en serie en potencia. Yo ni lo soy ni me gustan las armas, aunque virtualmente pudiera ser todo un depredador, jeje.

El juego se llamaba Wolfenstein 3D, Wolfenstein era el nombre del castillo donde estaba preso B.J. y lo del 3D, no eran obviamente unas tres dimensiones reales, pero los diseños gráficos estaban muy bien, aunque estábamos en la época del pixelado, y hoy serían un poco cutres para lo que existe en la actualidad, lo cierto es que le daban una sensación muy agradable. A propósito, lo de las tres dimensiones es una batalla por ganar en los juegos, no se ha conseguido por el momento ninguna plataforma que realmente convenza. Los niños que juegan con videoconsolas portátiles y que tienen juegos con esa opción dicen que les duele la cabeza y prefieren las dos dimensiones, al menos por lo que yo he podido constatar.

Fue creado en Estados Unidos por programadores y diseñadores de la empresa Id Software y fue distribuido por Apogee Software; y aunque se puede decir que no fue el primer intento de diseño de juegos en primera persona, sí fue el más famoso por la calidad y entretenimiento que ofrecía.

Con este cierto talante pionero, Wolfenstein 3D abrió las puertas de par en par a este género de acción en primera persona, títulos posteriores como Doom o Quake fueron muy dignos sucesores. De Doom me acuerdo perfectamente, era también muy chulo, solo que la acción era de ciencia ficción en escenarios irreales y con enemigos extraterrestres.

El juego tuvo numerosas secuelas y yo ni las he probado, me quedé en la primera, probablemente las siguientes fueran más chulas, pero seguro que no tan genuinas.

Wolfenstein 3D era un poco inquietante en cuanto al sonido, el silencio como banda sonora, el cual se rompía, con disparos, jadeos, ladridos, sonidos de puertas que se abrían y se cerraban, y voces en alemán que siempre daba una sensación de congoja «virtual». Como curiosidad el juego estuvo prohibido en Alemania en sus inicios, ya que la aparición de símbolos nazis en el castillo supone legalmente una ofensa, por lo que se hicieron nuevos diseños suprimiendo dichos símbolos.

Para el veinte aniversario los poseedores de sus derechos dispusieron una opción en línea para que los nostálgicos como yo pudiéramos recrearnos, y hoy se puede visitar (y jugar) sin problemas en este enlace.

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