domingo, 22 de abril de 2018

ZOLA BUDD Y MARY DECKER, UN INCIDENTE EN LAS PISTAS DE ATLETISMO NUNCA RESUELTO

Cuando hace unas semanas visioné la película «I, Tonya» y después daba buena cuenta de ella con una entrada en este blog, recordé que el incidente entre dos deportistas que era el que inspiraba esta producción, no era el más famoso de la historia entre dos mujeres, o tal vez no el que yo más recordaba, y me vino a la memoria otro que yo sí conocí más de cerca porque lo vi en directo en la tele, no es otro que el incidente entre las atletas Zola Budd y Mary Decker.

En realidad, para mí es como una anécdota mediática y «rosa» dentro de una interesante historia deportiva. Para los que seguíamos el deporte con cierto interés allá por 1984 como era mi caso, me resultaba más relevante toda la previa deportiva y extradeportiva de la atleta Zola Budd que el accidente por el que luego fue más conocida y trascendió al ámbito de los no aficionados al deporte.

Y es que Zola Budd vino a representar un cúmulo de rarezas en el atletismo que la posicionaron como un foco de atención en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984. La joven Zola era sudafricana y con apenas 17 años, en enero de ese 84 conseguía batir el récord del mundo absoluto de 5.000 metros y, por supuesto, de paso también los de otras tantas categorías inferiores, pero además con una curiosa particularidad y es que corría descalza; en unas declaraciones posteriores a este hito decía que no corría con zapatillas porque le pesaban. Ni que decir tiene que tenía otras marcas increíbles en pruebas de medio fondo.

Lamentablemente tal récord no podía ser homologado porque Sudáfrica estaba vetada por el Comité Olímpico Internacional a causa del apartheid y ninguna de sus federaciones nacionales inscrita en las internacionales de sus deportes respectivos. Esta limitación que operó desde 1960 en Roma, últimos Juegos en los que participó esta nación, hasta su retorno en Barcelona 1992, ciertamente coartó enormemente el desarrollo del deporte en aquel país, lo cual no impidió que se siguieran practicando diversas disciplinas.

Así que este fenómeno no pasó desapercibido en la comunidad deportiva internacional y parecía que debía hacerse una excepción ante una estrella en ciernes, tan joven, es más decían que tenía cara de muy niña y que aparentaba no menos de 13 o 14 años, y con el juego que daría saber que corría descalza y que podía batir a las grandes figuras de la época. Por cierto, pesaba 38 kilos y medía 1.60, prácticamente una mariposa.

Zola Budd era blanca y sus parientes británicos fueron hábiles para conseguir una nacionalización exprés para ella, justificando que su abuelo había nacido allí y que sus padres tenían la doble nacionalidad, como muchos blancos en Sudáfrica que proceden de Gran Bretaña, de Holanda o de Alemania. Así que este fue para mí el primer dato de interés, ver participar en unos Juegos por primera vez en mi vida a un atleta sudafricano, algo que despertaba tanta expectación o morbo como ver hoy desempeñarse en cualquier deporte a los norcoreanos, por aquello de que no sabes si hay una espada de Damocles que pende de ellos en caso de que fracasen.

Y luego, por supuesto, el hecho de que corriera descalza, toda una rareza que emulaba a otro mito de la historia del deporte y de los Juegos Olímpicos, como era el etíope Abebe Bikila, que ganó de tal guisa el maratón de los Juegos de Tokio en 1960 (repetiría presea dorada cuatros años después en Roma pero ya lo hizo con zapatillas).

Por otro lado, Zola tenía una manera de correr un tanto rara, tal vez influyera la falta de estabilidad que le proporcionaba el correr descalza. Lo cierto es que la joven tenía tendencia a correr ligeramente con los pies hacia dentro (había sido operada de este defecto, al parecer por culpa de dos pequeños huesos, aunque esa no era la razón de que corriera descalza) y en la zancada la pierna que quedaba atrás se abría ligeramente.

Para mí los Juegos Olímpicos de Los Ángeles puedo afirmar que fueron los primeros que seguí en toda su integridad, aunque con el hándicap de que buena parte del programa se desarrollaba de madrugada, pero como era en verano y yo gozaba de unas larguísimas vacaciones, impensables hoy día para mí, pues no había problema para trasnochar; aún recuerdo cómo mi hermano y yo vimos a las 4 la final de baloncesto entre España y Estados Unidos, y después nos fuimos a hacer suelos (de las olivas) con mi padre a eso de las 6, sin haber dormido casi nada esa noche.

El caso es que aquel 11 de agosto Zola Budd comparecía en la cita de la final de 3.000 metros en el Memorial Coliseum de Los Ángeles como la amenaza para la gran favorita de los especialistas y del público, la estadounidense Mary Decker, mucho más experta y bregada que la joven sudafricana, titular de los oros en 1.500 y 3.000 metros del Mundial celebrado el año anterior.

La prueba comenzó con un ritmo muy lento, aunque con Decker a la cabeza, y a eso de la mitad del recorrido Zola Budd más acostumbrada tal vez a un ritmo sostenido y más alto tomó las riendas de la prueba para intentar castigar al resto de competidoras, lo hizo casi al final de la contrarrecta, sobrepasó a Decker, aunque esta seguía muy de cerca sus zancadas, apenas pasaron 100 o 120 metros, al principio de la recta y Zola Budd parecía que tenía un amago de tropezón, no pasó nada, pero unos metros después Zola volvió a desequilibrarse, su pierna izquierda de atrás se abrió más de lo debido y Decker que estaba tan cerca impactó con la pierna y cayó al césped dolorida y abandonando la prueba, con la consiguiente decepción de todo el público, Zola miró se rodeó un momento, tuvo un amago de pararse y continuó. Aquí el vídeo de la prueba completa, y en este otro centrándose en el incidente.

El resultado de la carrera pasó de repente a un segundo plano, la noticia había saltado, ¿había Zola Budd derribado deliberadamente a Mary Decker? La pobre fue diana de todas las críticas, pero es difícil de saber o tal vez nunca se sabrá salvo que la propia Zola admitiera alguna vez su voluntariedad, como no lo ha hecho, hay que pensar que fue un lance fortuito.

Desde luego, algunas razones me inducen a pensar que no fue un accidente provocado, y es que Zola iba delante, se imaginaba quién iba detrás aunque no podía tener la certeza de si estaba tan cerca su perseguidora como para tirarla con un imprevisto tropezón, y aparte de eso ¿había otra razón más poderosa?, ¿eliminar a su principal rival? Pues tampoco, porque Zola Budd ni siquiera tocó medalla en esa final, algunos dicen que ese incidente le provocó tal tensión que ya no pudo rendir adecuadamente y acabó 7ª; yo me inclino por sostener que se hundió por aspectos deportivos y no psíquicos. Y es que Budd era una inexperta en la máxima competición, probablemente estaba habituada a desarrollar ritmos altos y constantes, pero en esta prueba fueron lentas hasta la mitad, se subió el ritmo a partir de ahí y la última vuelta fue a un ritmo frenético, hasta esa última vuelta iban tres corredoras en cabeza, una de ellas Budd, pero esos últimos 400 metros fueron inaguantables y se desfondó, de tal manera que fue sobrepasada por otras competidoras que venían por detrás y acabó en el referido puesto. Por cierto, la medalla de oro se la colgó la rumana Maricica Puica.

Lo que no sé verdaderamente es si su inopinada emersión a los medios de comunicación más por el incidente que por sus méritos deportivos le pasó factura con posterioridad. Zola Budd no fue la superestrella que todos auguraban, obtuvo algunos logros, particularmente destacables los triunfos en los Mundiales de campo a través de 1985 y 1986 y sí, corriendo descalza, algo que es sumamente meritorio. Después vinieron récords del mundo absolutos de 5.000 al aire libre y de 3.000 en pista cubierta, otros tantos en categoría junior… Pero más allá de esos Mundiales y de sus marcas, nunca brilló en Mundiales, Europeos o Juegos Olímpicos.

Y, por cierto, al final sí que se acostumbró a usar zapatillas, y es que sin ser un experto en la materia, lo que está claro es que la estabilidad que te ofrecen y la amortiguación son ideales para conseguir mejorar marcas. Hoy sigue corriendo en su Sudáfrica natal, no es tan mayor, nació en 1966, pero apartada de todo fulgor mediático.

Por supuesto, Mary Decker parece ser que jamás la perdonó, pero viendo las imágenes y la trayectoria posterior de Zola Budd hay que darle un voto de confianza y ser moderadamente indulgente con aquella estrella que al final no lo fue.

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